31, jul 2014

Proyecto familia

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Matías Costa, fotógrafo argentino ha rastreado los orígenes de su familia: personas, sitios, objetos, olvidos. A lo largo de los años ha recuperado archiuvos familiares y ha recorrido el peregrinar de sus antecesores. La foto de arriba la tomó en el parque de Buenos Aires donde jugaba de niño. “Son las copas de los árboles del parque, que trazan caminos y rutas que empiezan pero uno no sabe dónde acaban. Para las fotografías que realizo trato de buscar aquellos lugares que tengan una atmósfera de desarraigo y melancolía”. Aquí se puede ver el libro que los contiene sus hallazgos:

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30, jul 2014

Prólogo de Octavio Paz a Árbol de Diana, de Alejandra Pizarnik

Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik. (Quím.): cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas. El producto no contiene una sola partícula de mentira. (Bot.): el árbol de Diana es transparente y no da sombra. Tiene luz propia, centelleante y breve. Nace en las tierras resecas de América. La hostilidad del clima, la inclemencia de los discursos y la gritería, la opacidad general de las especies pensantes, sus vecinas, por un fenómeno de compensación bien conocido, estimulan las propiedades luminosas de esta planta. No tiene raíces; el tallo es un cono de luz ligeramente obsesiva; las hojas son pequeñas, cubiertas por cuatro o cinco líneas de escritura fosforescente, pecíolo elegante y agresivo, márgenes dentadas; las flores son diáfanas, separadas las femeninas de las masculinas, las primeras axilares, casi sonámbulas y solitarias, las segundas en espigas, espoletas y, más raras veces, púas. (Mit. y Etnogr.): los antiguos creían que el arco de la diosa era una rama desgajada del árbol de Diana. La cicatriz del tronco era considerada como el sexo (femenino) del cosmos. Quizá se trata de una higuera mítica (la savia de las ramas tiernas es lechosa, lunar). El mito alude posiblemente a un sacrificio por desmembración: un adolescente (¿hombre o mujer?) era descuartizado cada luna nueva, para estimular la reproducción de las imágenes en la boca de la profetisa (arquetipo de la unión de los mundos inferiores y superiores). El árbol de Diana es uno de los atributos masculinos de la deidad femenina. Algunos ven en esto una confirmación suplementaria del origen hermafrodita de la materia gris y, acaso, de todas las materias; otros deducen que es un caso de expropiación de la sustancia masculina solar: el rito sería sólo una ceremonia de mutilación mágica del rayo primordial. En el estado actual de nuestros conocimientos es imposible decidirse por cualquiera de estas dos hipótesis. Señalemos, sin embargo, que los participantes comían después carbones incandescentes, costumbre que perdura hasta nuestros días. (Blas.): escudo de armas parlantes. (Fís.): durante mucho tiempo se negó la realidad física del árbol de Diana. En efecto, debido a su extraordinaria transparencia, pocos pueden verlo. Soledad, concentración y un afinamiento general de la sensibilidad son requisitos indispensables para la visión. Algunas personas, con reputación de inteligencia, se quejan de que, a pesar de su preparación, no ven nada . Para disipar su error, basta recordar que el árbol de Diana no es un cuerpo que se pueda ver: es un objeto (animado) que nos deja ver más allá, un instrumento natural de visión. Por lo demás, una pequeña prueba de crítica experimental desvanecerá, efectiva y definitivamente , los prejuicios de la ilustración contemporánea: colocado frente al sol, el árbol de Diana refleja sus rayos y los reúne en un foco central llamado poema, que produce un calor luminoso capaz de quemar, fundir y hasta volatilizar a los incrédulos. Se recomienda esta prueba a los críticos literarios de nuestra lengua.

En Obras completas de Paz, Tomo 3

pizarnik_árbol de diana texto libro poemario completo

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30, jul 2014

Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik

En una carta a Cortázar, Alejandra Pizarnik escribió como posdata:

PD: Me excedí, supongo. Y he perdido, viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, ¡Oh, Julio!) de la locura y de la muerte. (Hace dos meses que estoy en el hospital. Excesos y luego intento de suicidio -que fracasó, hélas).

Esta fue la respuesta de Cortázar:

París, 9 de septiembre de 1971

Mi querida: Tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo apunto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza -y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte.

Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria.

Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra. Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

Julio

Un año después, Alejandra Pizarnik se quitaría la vida.

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30, jul 2014

La aventura del Nueve

Tengo-que-morir-todas-las-noches

Europa es un lugar donde hay cafés, dijo George Steiner. Su idea de Europa, su idea de la cultura europea se resumía en ese lugar “para la cita y la conspiración, para el debate intelectual y para el chisme, para el flaneur y para el poeta o el metafísico con su cuaderno.” Un lugar que se abría a todo mundo pero que también, de cierta manera, alentaba la formación de clubes, peñas, tertulias. En el otro continente, en América, el café sigue siendo un negocio extraño, una importación que conserva sello italiano. El sitio mítico que en Europa ocupa el café, en Estados Unidos lo encarna el bar. Heredero de los pubs ingleses, el bar tiene, naturalmente, otra luz, otra atmósfera. “El bar americano, dice nuevamente Steiner, es un santuario de luz tenue, incluso de oscuridad. Retumba con la música, muchas veces ensordecedora. Su sociología, su tejido psicológico están impregnados de sexualidad.” Café y bar: dos nociones ideales de convivencia, de cultura, de libertad.

Guillermo Osorno ha escrito un libro valiosísimo sobre un bar legendario en la mitad de la Zona Rosa de la Ciudad de México. Editor ejemplar, Osorno encontró en el Nueve el personaje de un reportaje magistral. En la biografía del bar gay que marcó la vida de la ciudad en sus quince años de vida se asoman otras historias tan importantes como la de ese centro de cultura alternativa. En primer lugar, la que se cuenta en primera persona del singular. Un joven, después de descubrir su identidad en Los Ángeles, se busca en una ciudad árida e inhóspita; inmensa y pueblerina. La ciudad de México, atrapada aún por la moralina machista y el autoritarismo del PRI abre un pequeño paréntesis de libertad para la comunidad homosexual. El sitio de la fiesta ofrece permiso para la autenticidad. Quien había carecido de claves para entenderse, de pronto se reconoce entre otros. El Nueve formó comunidad y regaló espejo.

El bar no fue solo un bar. Un espacio de menos de 60 metros cuadrados en una ciudad monstruosa se convirtió en espacio subversivo de cultura. Además de lugar de encuentro, de diversión, de ligue sirvió de escena para expresiones que no recibían becas del Estado ni aparecían en el programa dominical de Televisa. Por ahí tocaron por primera vez grupos que después serían famosos. Café Tacuba, Caifanes, Maldita vecindad encontraron público ahí, en ese bar que no fue nunca de gueto, sino lo contrario: la germinación, para la ciudad, de una cultura más abierta, más franca y más viva. En el bar, también teatro, instalaciones, pintura fugaz. Henri Donnadieu, el fundador del Nueve, un aventurero misterioso no aparece aquí solamente como un empresario de la vida nocturna sino como un hombre que abrió la cultura mexicana a la noche, que la sintonizó con los tiempos del mundo.

El testimonio de Guillermo Osorno es también otra forma de contar el cambio mexicano de los últimas décadas. Se trata, como bien lo leyó Carlos Bravo, de una crónica de la transición democrática de México. El protagonista de este relato no es el Congreso ni los partidos; su símbolo no es la alternancia pero describe el mismo fenómeno y, tal vez, expresa de mejor manera su verdadero valor. Las batallas de un bar, las conquistas de la comunidad homosexual son parte ya de la cultura mexicana o, por lo menos, parte de la vida cotidiana de la Ciudad de México. Si en algo México ha mejorado de veras es en haberse vuelto un poquito más hospitalaria a la diversidad. Lo resume perfecta, íntimamente Guillermo Osorno al final de su relato: “El joven atribulado del principio de este libro ya es un hombre maduro y ha encontrado un lugar en su ciudad.”

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28, jul 2014

Salvaje filantropía

En la extraordinaria crónica de lo que León Krauze encontró al visitar La Gran Familia veo una estampa que dice mucho. Tras el operativo policiaco que puso al hospicio en el centro de la atención nacional, una mujer regresa al albergue buscando a su hija. Sola, sin capacidad para cuidarla, la entregó hace años al DIF del Estado de México. La institución del Estado mexicano tampoco tuvo capacidad para cuidarla y la cedió a un establecimiento privado, en Zamora, Michoacán. Los encargados del DIF incluso le sugirieron a la madre que cediera la tutela de su niña para que pudiera enderezar el camino y que no la buscara hasta que cumpliera 18 años. Lo hizo entonces, cuando su hija había alcanzado la mayoría de edad pero no le dieron ninguna información. No la pudo ver. No la ha vuelto a ver. Una madre en condición desesperada acude al Estado mexicano demandando ayuda en la crianza de su hija. El Estado mexicano se deshace de la niña de inmediato y se desentiende del cuidado solicitado.

La Gran Familia encierra una novela inverosímil. Un relato que tiene en el centro a un personaje complejo y fascinante; una historia que podría ser un fragmento representativo de nuestro tiempo. Tal vez, un descripción condensada de Michoacán en donde se cruzan la generosidad y la doblez moral, las transformaciones políticas y la corrupción social que ha generado una atmósfera criminal. Es también una reiteración del tema de México: el fracaso del Estado. Nuestra instancia común desatiende sus responsabilidades más elementales. Es incapaz de castigar delincuentes, de aplicar sus propias reglas, de cuidar a los más vulnerables y supervisar la gestión privada de la asistencia social. (más…)

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22, jul 2014

Chillida retratado por Alberto Schommer

Alberto-Schommer-Chillida

Otras imágenes del fotógrafo, aquí.

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21, jul 2014

Koudelka: La dudosa nacionalidad

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21, jul 2014

El miedo

Alejandra Pizarnik

En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labios muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.


Alejandra Pizarnik, Poesía Completa, Lumen. 2014

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21, jul 2014

Montaigne y Shakespeare

Se publicó recientemente El Montaigne de Shakespeare, un libro que ubica los ensayos del francés que más influyeron en la dramaturgia de inglés. Se trata de dos escritores y una sola mente, dice Jonathan Bate en una nota sobre el libro:

De modo absurdo, el crítico Harold Bloom propuso alguna vez que Shakespeare había inventado nuestra idea de lo que era ser humano. Mucho más sensato sería argumentar que entre Montaigne y Shakespeare provocaron un cambio telúrico en nuestro entendimiento de la autonomía del individuo, el sentido de uno mismo y la aceptación occidental de la diferencia de culturas y la relatividad de los valores.

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21, jul 2014

Sylvan Esso: Café

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21, jul 2014

Gray sobre los cuadernos de Oakeshott

John Gray comenta la publicación de los cuadernos de Michael Oakeshott, que el propio filósofo describió como un “caos escrito”. Gray describe la publicación como un tesoro de ideas recogidas a lo largo de una vida de vagabundeo intelectual.

Oakeshott rechazó los credos modernos del mejoramiento humano para abrazar lo que llamó una “política de mortalidad”, una perspectiva que encontró expresada en los escritos de Montaigne y Pascal.

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21, jul 2014

Niños

El ensayista francés Pascal Bruckner publicó hace veinte años un ensayo al que puso por título La tentación de la inocencia. Anagrama lo tradujo pocos meses después. Se trataba de un argumento sobre la infantilización del mundo. El hombre corría hacia su infantilización. La cultura contemporánea de los países ricos en Occidente se empeñaba en proteger al individuo, en cubrir su cuerpo de colchones para que ninguna fricción lo lastimara. El niño era el nuevo Dios porque el capricho se había vuelto sagrado, porque la cultura se empeña en mimarnos y en evitarnos el fastidio de hacernos responsables. Al hablar de la infantilización del mundo, el escritor asumía que el resguardo afectivo era condición innegable de los primeros años de la vida. Guarecer con cariño, mantener al niño al margen de los peligros circundantes, librarlo de las cargas de la adultez son marcas irrenunciables de nuestra  civilización. Bruckner se oponía a la prolongación excesiva de ese estatuto protector. Que el adulto sea tratado como adulto.

Que el niño sea tratado como niño era el argumento implícito. Abro el periódico y veo el retrato opuesto: estampas de una niñez sin infancia. Bruckner hablaba de una adultez irresponsable y sobreprotegida. Lo que vemos es lo contrario: una niñez descobijada y agredida; una infancia abortada por una barbarie de insensibilidad. Niños expuestos en todas partes a la violencia y al abuso. Niños sin protección, niños lanzados a todas las crueldades del mundo, niños tratados como si no requirieran de un abrigo especial. Blancos del odio, víctimas de la guerra. Migrantes solitarios en busca de una salvación que no llega. Niños que viajan miles de kilómetros, atraviesan el peligro y tocan el infierno para encontrar una puerta cerrada. Niños sofocados en los albergues que debían cuidarlos. Niños que no juegan ni estudian porque trabajan sin haber alcanzado su estatura. Niños sicarios. Niños que matan para ganar unos pesos. (más…)

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21, jul 2014

La estridencia

¿Cómo puede abrirse camino la crítica cuando la discusión pública es combate de extremos? ¿De qué manera podríamos acercarnos a la comprensión en ausencia de asideros elementales de objetividad? En asuntos complejos—y todos los asuntos públicos son complejos—no hay forma de hacerse de una idea propia si no se logra escapar de las simplificaciones de los interesados. Damos por descontada la parcialidad de activistas y políticos, las inclinaciones naturales de los afectados por una decisión. El problema surge cuando a esa motivada intensidad no la acompañan perspectivas serenas e informadas que aporten equilibrio. Quienes piensen por los atajos de la identidad tendrán suficiente con la controversia de polos y estarán cómodos ubicando su tribuna. La simpatía o la repulsión bastarán para colgarse de una idea ajena. Si soy militante de un partido, esperaré la línea de mi dirigencia para adherirme a su juicio. Si sigo a un caudillo, no tengo más tarea que seguirlo. Tal vez la hostilidad es un recurso más frecuente para evadir el juicio político. Aborrezco a ese partido a tal punto que cualquier causa que abrace es, para mí, sospechosa y repulsiva. Todo lo que promueva el poderoso aquel será detestable para mí.

La discusión pública mexicana se ha habituado a esa forma de rehuir el examen de nuestros asuntos. En efecto, en la medida en que suelen exponerse públicamente sólo las versiones de los extremos y se nos invita a decidir entre el blanco y el negro, renunciamos a la báscula de la ponderación. Aplaudir o abuchear: esas parecen ser las únicas tareas posibles de la ciudadanía ante un debate como el de la reforma de las telecomunicaciones en México. A celebrar o a maldecir. Hay varios elementos que han hecho de esa controversia política un ejemplo de nuestra torpeza analítica. En ese debate se enredan las más intensas antipatías del país, las expectativas más desbordadas de refundación nacional y una materia técnicamente oscura. El deseo de someter a los villanos, la retórica de una modernidad liberada de sus obstáculos y un vocabulario que excluye a la mayoría. (más…)

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11, jul 2014

Salvador Elizondo entrevista a Gorostiza

Paulina Lavista relata en una nota publicada hoy en El universal la entrevista que Salvador Elizondo le hizo a José Gorostiza y muestra la fotografía que le tomó que después Elizondo pegaría a uno de sus cuadernos.

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11, jul 2014

Mercy Street

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