11 Sep, 2018

11, Sep 2018

Arte del tacto

A finales de enero de 1801 Charles Lamb le escribía una carta a William Wordsworth. Rechazaba una invitación a pasar una temporada en el campo con él. Lo mío es la ciudad sucia y ruidosa. Prefiero las calles polvorientas de Londres, las sorpresas y amenazas de la noche, la sordidez de algunos barrios a esa naturaleza repetitiva, silenciosa, muerta a la que dedicas tantos poemas. Mis únicos amantes son mi silla, la mesa en la que como y el librero que me sigue como un perro fiel (pero un poco más inteligente). También discrepa del tono que domina su literatura. En la carta le agradece el envío de sus baladas líricas y las elogia. Pero tras el piropo suelta las razones de una discrepancia esencial. En tus poemas encuentro una falla: hablan imperativamente. Tu voz instruye, como si estuviera dictando cátedra. Tus ideas no se resbalan en el oído, se imponen. “Un lector inteligente —dice Lamb— sentiría como un insulto que le digan qué pensar”. ¿Escribir con la ambición de que el lector piense como uno? ¡Qué indigno!

Lamb defendía la evasiva. Escondía su propia pluma. Los dos volúmenes que publicó en vida son atribuidos a un autor imaginario. En los Ensayos de Elia Lamb escribe de las brujas y de la galantería moderna; de las orejas y del préstamo de libros; del cerdo rostizado y de sus borracheras. Habrá cedido la autoría de sus divagaciones a Elia, pero como bien dijo con admiración Tito Monterroso, “es probable que después de Montaigne nadie se haya desnudado ante el público en otro libro de tan buena fe”. Lamb no se maquillaba. En el estreno de una obra suya se unió a la rechifla. Llegó a la conclusión de que era malísima. Así lo retrató Monterroso: “Charles Lamb era un hombre bajito, tímido y sarcástico, cosas que, si uno se fija, tienden siempre a juntarse; y es el autor de los Ensayos de Elia, a través de los cuales dejó un testimonio de cómo, pase lo que pase, después de todo el mundo puede ser visto con una sonrisa”.

El artículo completo puede leerse en nexos de este mes.

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