Jul, 2019

25, Jul 2019

Pura nervadura

El MUAC ofrece en estos días una extraordinaria muestra de los viajes creativos de Jan Hendrix. Desde sus primeros registros de México, a mediados de los años setenta, hasta sus piezas más recientes. Caminos de un observador solitario y trayectos en compañía de poetas, novelistas, editores, científicos. Postales de viaje; boletos de tren; las polaroids de una libreta de apuntes; bitácoras de los encuentros azarosos con hierbas, palos, piedras, plumas; abanicos de paisajes descubiertos, trofeos de coleccionista, mosaicos de hallazgos al paso. Tiene razón Issa M. Benítez cuando encuentra en la obra de este holandés errante, un “enorme diario de viajes,” un “gran mapa fragmentado que acumula sus recorridos geográficos y vitales.”

“Tierra firme”, la exposición que estará abierta hasta el 22 de septiembre, es la mejor aproximación a la enciclopedia cartográfica y taxonómica de Hendrix. Los afanes del viajero registran, en efecto, la aureola de la naturaleza. Ubicación del paradero y contemplación de lo diverso. Como pedía Goethe, el poeta científico, Hendrix, al contemplar el mundo, no pierde de vista la vastedad del conjunto ni del detalle. La hierba y la palma; el cactus gigantesco y el delicado pistilo. La luz de las hojas, el título de un libro de Seamus Heaney que Hendrix acompañó con una serie de serigrafías inspiradas en la vegetación de Yagul, podría comprender también el sentido profundo de su trabajo. En la simetría y el capricho de las hojas se encuentra el fulgor esencial. La botánica concebida como el arte elemental. En las plantas, la sabiduría primera.

En sus paseos aparece de pronto lo litoral, lo lacustre y lo volcánico pero su mirada se fija una y otra vez en lo botánico. Sus mosaicos son altares de legumbres y agaves. En la fragilidad de una hoja se revela la más hermosa e intricada travesía vital. “Todos los enigmas, ha dicho el propio Hendrix, pueden estar en una rama.” Con precisión de miniaturista, Hendrix recorre minuciosamente la hoja de un árbol y nos ofrece, en sus canales, el mapa de una utopía.

Como la tomografía rebana nuestro cerebro en lonchas finísimas para retratar los esteros de la mente, así el ojo de Hendrix toca la esencia en la membrana. Sus esculturas se liberan del volumen. Son láminas de follajes majestuosos. Planchas de pura nervadura, como diría Ida Vitale en un poema:

Porque el otoño seca las hojas
de manera bellísima:
deja en el aire las puras nervaduras,
ésas, casi invisibles
en las que reparábamos apenas
y evapora esa verde sustancia que era,
para nosotros, hoja.

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22, Jul 2019

Popularidad, temeridad

A la opinión pública le tienen sin cuidado los artículos de opinión. No parece tampoco prestar mucha atención a las calificadoras. El presidente López Obrador sigue siendo extraordinariamente popular. Una mayoría muy amplia lo respalda. El presidente más popular de la historia reciente de México. De acuerdo a la medición de Reforma y el Washington Post publicada el 17 de julio, su apoyo ha descendido algunos puntos desde marzo, pero sigue siendo altísima. Siete de cada diez encuestados aprueban el trabajo del presidente. Pocos gobernantes en el mundo podrían presumir un respaldo de esa magnitud. Las cosas, sin embargo, no pintan tan bien cuando se desmenuza la percepción de las distintas áreas del gobierno. No hay tema de la agenda pública que esté a la altura de la popularidad presidencial. En educación recibe los mayores aplausos. El 50% de los encuestados piensa que la política educativa de esta administración es la correcta. En el resto de los temas el respaldo de los encuestados baja de la mitad. El 52% considera que está fracasando en el combate al crimen y el 55% cree que no ha logrado reducir la violencia. No se registra ninguna identificación con las insignias políticas del presidente. Se apoya al presidente, más que la política presidencial.

Tengo la impresión de que esta estampa de la popularidad presidencial que nos ofrece Reforma presenta una opinión pública esperanzada y cautelosa. Hay confianza en el liderazgo de López Obrador, pero hay también una postura reservada, crítica, expectante frente a políticas cuyo impacto aún no podemos conocer. Se trata de una visión que parece mucho más ponderada que la de los estridentes de un lado y del otro. Un respaldo considerable que está muy lejos de ser una entrega ciega. Ya lo sabemos: las simpatías políticas son efímeras.

Por lo pronto, el dato inocultable es el respaldo. Dos factores pueden ayudar a explicar la popularidad presidencial. Por una parte, sigue obrando en su favor el orgullo del cambio. El nuevo estilo enfatiza la ruptura con la tradición. Los votantes no se han arrepentido de la decisión de hace un año. Por el contrario, en su inmensa mayoría se sienten satisfechos con la apuesta. Muchos que no votaron por Morena, respaldan hoy al presidente. Así lo pinta la encuesta. Apoyando ahora a López Obrador se sigue celebrando el castigo a la clase política tradicional. La memoria reciente es el mejor soporte de la popularidad presidencial. Nadie puede acusar continuismo. El quiebre histórico se representa todos los días. Esto no es como ayer. En eso no puede haber la menor duda: López Obrador representa una ruptura con el pasado reciente y la ciudadanía lo celebra. No tiene del todo claro cuáles serán las consecuencias del tijeretazo, pero, por lo pronto, festeja que hemos dejado atrás una era que no produce nostalgias. Lo sabe bien el presidente quien, con buen olfato, aprovecha cualquier ocasión para recordarnos el fin de los horrores recientes.

El segundo sostén de la popularidad es la cercanía. López Obrador se muestra como un presidente accesible. Se le escucha todos los días respondiendo a los periodistas, se le ve haciendo cola para treparse a un avión, se le reconoce austero. Ha rechazado todos los cacharros del aislamiento: casa, avión, escolta. No rehúye el contacto, no teme el apretujón. Es un presidente que se muestra próximo, que no se esconde ni se encierra. Ha sabido conjurar, por lo menos en términos visuales, ese peligro de la política contemporánea: el aislamiento palaciego. La constante exposición pública, sin embargo, no solamente representa riesgos de saturación. También y, sobre todo, significa un riesgo personal y de Estado. La desaparición del Estado Mayor Presidencial, la falta de un cuerpo profesional de protección exponen al presidente de la república a un peligro serio que debe atenderse cuanto antes. Hemos sido testigos ya de momentos tensos y riesgosos que muestran la vulnerabilidad del presidente. Más allá de las molestias, hay que detenerse en el peligro. El afán de cercanía no puede poner en riesgo al presidente de la república. Sería una gravísima imprudencia, una temeridad, desoír las advertencias. La seguridad personal del Jefe del Estado y de su familia no es un asunto personal.

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15, Jul 2019

La miga de la renuncia

Al exponer las razones de su renuncia, Carlos Urzúa ha exhibido las dos contradicciones esenciales del gobierno. Su proyecto social es ciego. Su discurso moral es hipócrita. Las dos columnas del gobierno son saliva.

No hay instrumentos que sirvan al deseo de remplazar al odiado neoliberalismo. Se le ha decretado muerto, pero no se ha cimentado ninguna alternativa. Las políticas que se han echado a andar no son, ni remotamente, un sustituto viable. Las advertencias vienen de todos lados. Ahora se suma, con un juicio demoledor, quien fuera el arquitecto de la política económica en el primer tramo del gobierno de López Obrador. Es importante leer con atención su mensaje La política lopezobradorista es expresión de un voluntarismo insostenible. La magia comunicativa del opositor no opera en el mundo económico. No se genera crecimiento deseándolo. No se reparte riqueza con discursos sobre la igualdad. La crítica de Urzúa es punzante: el gobierno toma decisiones en el aire, sin un examen responsable y riguroso. Imposible trabajar en un gobierno que decide cerrar los ojos a los hechos que le disgustan. Un gobierno que se imagina transformador no puede dar la espalda a las herramientas de la técnica, ni puede ignorar las mediciones que tenemos como confiables. Urzúa decide separarse del gobierno de los datos alternativos y sonar el timbre de alarma. Es improbable que se le escuche, aunque pide lo elemental. Asentar toda decisión pública en razones, medir el impacto de la intervención gubernamental, corregir cuando es debido.

La fraseología—me niego a llamar “ideología” a los tics retóricos del lopezobradorismo—se impone sobre la evidencia, cierra los ojos a los datos, desprecia cualquier discrepancia, desatiende las advertencias y, sobre todo, es incapaz de viraje. A cada crítica, una lista corta de descalificaciones e insultos. Encerrado en sus oraciones, el presidente es incapaz de ver lo que tiene en frente. Y así dice, y seguramente cree, que las cosas van muy bien. Al cerrar los ojos a lo molesto deja de escuchar también la voz diversa y compleja de los críticos. Ninguno le merece el mínimo respeto porque cualquiera que discrepa se desplaza de inmediato al espacio maligno del neoliberalismo. Los discrepantes son enemigos y todos los enemigos son idénticos. Urzúa, su colaborador en el Distrito Federal, su aliado en muchas batallas, embajador suyo en ámbitos hostiles, integrante destacadísimo de su primer gabinete, termina siendo un neoliberal más.

La segunda crítica de Urzúa en su renuncia es tan grave como la primera. Tal vez sea más hiriente porque pincha la arrogancia moral del presidente. Esa autoridad que él dice encarnar y que nadie tiene siquiera el derecho de poner en duda, ha quedado tocada. No porque haya indicios de que emplee el poder para su beneficio económico, sino porque ha instalado en el primer círculo de su gobierno a un personaje que es una maraña de intereses privados en abierto y constante conflicto con la responsabilidad pública. Que lo diga el Secretario de Hacienda en su despedida agrega peso a la denuncia. Lo cierto es que este estridente conflicto de interés no puede sorprender a nadie. Fue el propio Alfonso Romo quien en tiempos de campaña advertía que sus negocios lo descalificaban para trabajar en el gobierno. Sería un escándalo que yo fuera jefe de gabinete, le dijo a Azucena Uresti. Al asumir la presidencia, López Obrador le dio ese cargo. Ya lo sabemos: él no es como los otros.

Las razones de la renuncia son inquietantes. De manera certera y escueta se detectan los dos motivos que descarrilarán el proyecto más ambicioso de las últimas décadas. Ineptitud técnica y arrogancia moral. Una tercera fuente de intranquilidad viene de la reacción del presidente ante la renuncia. Por supuesto, la descalificación por delante. Nadie podría sorprenderse del reflejo: quien se va es, en realidad, un sobrante del viejo régimen, un neoliberal que no entendió la magnitud del cambio histórico. Y al que llega lo convencerá fácilmente de que esa política basada en evidencia no es más que una fantochería de tecnócratas neoliberales. Lo peor de todo es que cree que es chistoso. Jajajá.

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11, Jul 2019

Saber melódico

Nos define la ignorancia de nuestro piso, escribe Roberto Calasso en la primera línea de su ensayo más reciente. El explorador de todas las mitologías, el editor exquisito recorre en este trabajo las telarañas de la ansiedad contemporánea. “La sensación más precisa y más aguda, para quien vive en este momento, es la de no saber dónde se pisa en cada momento. El terreno es poco firme, las líneas se desdoblan, los tejidos se deshacen, las perspectivas oscilan. Entonces se advierte con mayor evidencia que nos encontramos en la actualidad innombrable”. El ensayo de Calasso toca el presente, es decir, todo lo que, aun siendo remoto, vive. Para entender la peculiaridad de nuestro tiempo hay que escudriñar las ficciones del pasado. Este día seguimos escribiendo la inmensa novela humana. Todos los relatos de las civilizaciones son uno. Por ello este ensayo sobre el presente se vierte sobre el mismo recipiente de La ruina de KaschLas bodas de Cadmo y HarmoníaKaLa Folie Baudelaire o El ardor. Los ríos del mito, de la poesía, de la historia se vierten al mismo océano. El inabarcable relato que nos constituye.

Tendrán muchos nombres los dioses, pero repiten, con sutiles variaciones, los mismos gestos. En el obsesivo clic del turista y la ansiosa anticipación del terrorista, se percibe la reverberación de mil cuentos. El diálogo con las deidades y las pasiones continúa. La sensibilidad poética de Calasso sigue bordando lo celestial y lo subcutáneo: la gran aventura de nuestros enigmas. Como los griegos, el italiano está poseído por los enigmas. Pero… ¿qué es un enigma? Un misterio, se respondería de inmediato. Pero es un misterio, escribe en Las bodas de Cadmo y Harmonía, cuya solución es igualmente misteriosa. Resolver un enigma es apenas elevarse a un enigma superior. Esa es la naturaleza de esos ensayos eruditos y desafiantes: una depuración de la perplejidad.

El artículo completo puede leerse aquí.

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10, Jul 2019

Retener la belleza

En 2016 Anne Carson publicó un libro extraño. ¿Era un libro? En una caja transparente se ofrecían 22 folletines. Poemas, libretos, traducciones, monólogos, listas, juegos verbales y dibujos. Piezas en las que aparecen su tío Harry, Proust y un coro de Gertrude Steins. Composiciones para teatro de cámara, ensayos, memorias, voces de todos los siglos que pueden leerse o contemplarse en cualquier orden. En una entrevista publicada tras la publicación de esa cesta de textos, la crítica Kate Kellaway le comentó a la autora que su trabajo expandía nuestra noción de lo poético. Le pidió entonces una definición personal: “Si la prosa es una casa, respondió Carson, la poesía es un hombre corriendo en llamas a través de ella.”

La belleza del marido, el poema con el que ganó el premio TS Eliot, tiene ya dos versiones en español. Curiosamente, es la misma editorial la que las ha puesto en circulación. Hace quince años, Lumen publicó la versión de Ana Bercciu y ahora presenta la traducción de Andreu Jaume. El subtítulo del poema anuncia que el poema es, al mismo tiempo, un relato, una confesión y una meditación sobre la belleza y el desamor: “un ensayo narrativo en 29 tangos.” Un lamento que es también una lectura del poeta que entendió a la belleza como sinónimo de verdad: John Keats.

Cada tango es precedido por una clave de Keats que pone en duda la equivalencia. La belleza a la que canta Carson es la belleza del ausente, la belleza del alevoso. La belleza de un defraudador. El primer tango del poemario es, precisamente una dedicatoria a Keats, por su completa entrega a la belleza. Más que “dedicación,” como traduce Jaume, Carson se sobrecoge con esa renuncia que supone la devoción plena.

Leal a nada
mi marido. ¿Entonces por qué le amé desde la temprana adolescencia hasta entrada la madurez
y la sentencia de divorcio llegó por correo?
La belleza. No tiene mucho secreto. No me da vergüenza decir que le amé por su belleza.
Como volvería a hacerlo
si se acercara. La belleza convence. Ya sabes que la belleza hace posible el sexo.
La belleza hace al sexo sexo.

En  su ensayo sobre la antropología del agua Carson escribe dice que el líquido es algo que no puede ser sujetado. Como los hombres. Lo intentó con todos: padre, hermano, amante, amigo, fantasmas hambrientos y Dios. Cada uno de ellos se le escurrió de las manos. Tal vez así debe ser. Como en su ensayo clásico sobre el eros, Carson aborda en La belleza del marido el columpio del deseo: de la anticipación a la nostalgia; del ardor a la agonía. Ser el jugo que el amante bebe y llegar hasta la niebla de la guerra. La bestia dulce y amarga. El poema, escrito con la luz de la herida, es también una defensa de la osadía de vivir. “La vida implica riesgos. El amor es uno de ellos. Terribles riesgos.” Y un exhorto para empeñarse en lo imposible: “Este es mi consejo: retén. Retén la belleza.”

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08, Jul 2019

Apetito de oposición

México cumple un año sin uno de los dos motores de la democracia. Tras la elección del 18 nos quedamos sin turbina opositora. Todo lo que se mueve es por impulso del gobierno y sus aliados. Todo lo que avanza, lo que se detiene o lo que retrocede es por determinación de un grupo compacto. No hay resistencia ni argumento crítico en las máquinas que tienen a su cargo la responsabilidad del antagonismo. Más que disminuidas, las oposiciones siguen atarantadas por la paliza de hace un año. Siguen sin entender lo que sucedió, siguen sin comprender lo que está pasando.

Al parecer, el PAN cambió de dirigencia después de las elecciones, pero no se ha sabido nada de esa nueva directiva. Tal vez es un rumor y permanece la misma cúpula invisible. Si en efecto hubo nombramientos en esa organización, si hay un nuevo jefe de partido es algo que desconoce la opinión pública. De la existencia de esa jefatura no tenemos absolutamente ninguna evidencia. El PAN, al parecer, sigue de vacaciones. Es cierto que hay algunos legisladores panistas que aparecen de pronto para intervenir en el debate público, pero Acción Nacional, como partido, no existe. Del PRI tenemos noticias aún más escasas. Son penosas. Hace poco un priista veterano descubrió que en el PRI no había democracia. Quería presidir al PRI. Tal vez imaginaba que ahí había elegantes discusiones y que lograría el triunfo quien mejores argumentos expusiera a los militantes. De pronto se dio cuenta de que, en ese partido, la democracia ni siquiera es un árbol frutal. Sacudido por el triste descubrimiento, decidió renunciar a su partido. Las noticias que llegan de esa organización dejan en claro que camina con buen paso a la irrelevancia. Se acumulan los indicios de que se dispone a convertirse en subordinado de la nueva hegemonía.

Los brotes de oposición regional duraron un instante. Las discrepancias que se ventilaron hace unos meses en defensa del federalismo han desaparecido. El centro se impuso para someter a los críticos regionales que se atrevían a cuestionar la centralización. Si llegamos a hablar por un momento de las alternativas que se perfilaban en Jalisco o en Chihuahua, hoy no podemos más que registrar su aquiescencia y sus silencios. Esas semillas de oposición, esos bosquejos de antagonismo institucional se desvanecieron muy pronto.

El vacío de las oposiciones es el mayor problema democrático de México. Tanto o más que la política del avasallamiento, preocupa la fuga, la indolencia y la confusión de los opositores. Nada puede sustituir a esos órganos de la discrepancia. A los medios, a las organizaciones sociales, a los núcleos de interés no les corresponde suplir a los ausentes.

Lo cierto es que hay apetito de oposición. Algo nos dijeron las elecciones locales de hace un mes. La ola morenista sigue imponiéndose para obtener los triunfos más importantes. Pero un partido en fuga como el PAN logró una cantidad de votos que no puede ser menospreciada. El partido de López Obrador obtuvo en la elección de junio 1 millón 900 mil votos. Acción Nacional logró 1 millón 700 mil. Las alianzas de Morena, por supuesto, le agregan una carreta importante de votos y marcan una diferencia que puede ser determinante. Lo notable, como lo anotaba hace poco Héctor Aguilar Camín es que, en solitario, los dos partidos compiten al tú por tú. Si apenas tenemos partidos de oposición, hay una reserva de electores de oposición.

El presidente, popular como sigue siendo, ha multiplicado los frentes de inconformidad. Las torpezas de una administración que no se toma en serio, los efectos de las purgas irresponsables y precipitadas, ese estilo de mando que pende más de la inspiración que de la reflexión tendrán efectos en la vida cotidiana de millones de personas. Necesitarán alternativas. Hace falta un antagonismo lúcido, inteligente, fresco que se desprenda de su ostentosa carga reaccionaria. Debe partir, a mi juicio, de una crítica que asuma como propia la agenda igualitaria que el presidente ha puesto en el centro del debate público, pero que la entienda no como desahogo retórico, ni como prédica moral, sino como un complejo desafío de la responsabilidad política. Y si pretende defender las instituciones liberales, habrá de hacerlo partiendo de sus promesas incumplidas.

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02, Jul 2019

Aislacionismo

El discurso oficial abraza nuevamente el nacionalismo. Eso que Jorge Cuesta denunciara en su tiempo como una coartada de la mediocridad, ha vuelto a ocupar el centro del discurso público. Mexicanismo: la ilusión de que a México le basta lo propio. Pensar que lo nuestro es, por el hecho ser nuestro, lo mejor, lo más valioso. Ver lo extranjero como algo que, por el hecho de venir de fuera, es despreciable. Para nosotros, lo nuestro y sólo eso. Cerrar los ojos a lo que acontece afuera. Callar cualquier opinión sobre lo que sucede detrás de frontera. No necesitamos de los otros. No tenemos nada que aportarle a los demás. La ciencia de los otros es sospechosa. La cultura de los otros nos amenaza.

El viejo nacionalismo no era aislacionista. De hecho, el nacionalismo postrevolucionario era fundamento de una política internacional activa e intensa. El país tenía una posición en el mundo. Era un actor visible, defendía sus intereses y su visión en el ámbito global. Tuvo una posición frente al fascismo. Plantó cara a las dictaduras. Tuvo voz. Construyó alianzas, defendió causas. En coyunturas críticas asumió riesgos. El nacionalismo de hoy es otra cosa. Su curiosa lectura de la constitución lo lleva a renunciar a la política internacional. Una frívola distracción. La idea de que la mejor política exterior es la política interior significa que la mejor política exterior es aquella que no existe. Lo cierto es que la política internacional le tiene sin cuidado al presidente. Simplemente no le parece relevante. Cree que se trata de un brindis de aristócratas, una pérdida de tiempo. Estos seis meses de gobierno son elocuentes. Medio año de inactividad y de silencio. Frente a la crisis venezolana, México decidió no existir. La única política exterior que le interesa al presidente es la que no le quita el tiempo, la que no lo aleja de sus rutinas, la que no lo saca de su centro.

El hombre convencido de que estudiar fuera de México es contaminarse, aprender malas mañas, siente un profundo desprecio por la política exterior. ¿Para qué mantener una embajada si hay skpe? Fascinando con la comunicación en su pantalla, el presidente cree que ha superado el atavismo de las cumbres y del diálogo directo con sus pares. Una conexión de wifi es suficiente para superar el fastidio de comunicarse con extranjeros. Lo que resulta claro es que el presidente López Obrador no piensa distraerse con el mundo. O, por lo menos, eso ha pensado hasta ahora. El franciscano imagina que salir del país es una ofensa a los mexicanos. ¿Para qué usar traductores si es tan comprensible la indecencia de los cortesanos que lo abordan por las mañanas? ¿Para qué ir a un encuentro de mandatarios, si hay cosas más urgentes en México, como, por ejemplo, organizar un magnífico baile de  de autocelebración? Que sean los subalternos quienes malgasten de esa manera su tiempo. Menos México en el mundo y, por supuesto, menos mundo en México.

El nuevo nacionalismo es más provinciano que el previo. El otro tenía al exterior como referente. El victimismo nacionalista no se cansaba de decir que el origen de nuestro atraso era el imperio. El culpable de todos nuestros males estaba afuera. La codicia de los otros impedía el florecimiento de la nación. Esa denuncia ha desaparecido bajo el lopezobradorismo. Todos los males de México son endógenos, la mafia que nos oprime es de aquí. Por eso llama la atención que el populismo lopezobradorista carezca de dimensión internacional. No denuncia al norte, ni tiene el menor interés en construir alianzas con los países del sur. La penosa carta que el presidente envió al anfitrión de la cumbre de Osaka es la mejor prueba de su desinterés por la política internacional.

Este primer tramo del gobierno de López Obrador debería dejar claro el error del aislacionismo reinante. México no puede darse el lujo de callar en el mundo. El país no puede desentenderse de sus responsabilidades globales, no puede dejar de actuar políticamente fuera de las fronteras. A pesar de que en todos lados se respire nostalgia nacionalista, el mundo está integrado. Si nuestra suerte depende en buena medida de lo que se decida afuera, salir para cuidar el interés nacional no es ninguna frivolidad

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