10 Mar, 2020

10, Mar 2020

El estruendo de las ausentes

8 y 9 de marzo. Momentos para escuchar y para repensar nuestro papel en el país de la crueldad impune. Oportunidad o, más bien deber, de incomodar nuestra consciencia satisfecha. Hoy corresponde escuchar el estruendo de las ausentes.

Leo “Cálculos del feminicidio”, de Mayra Portillo en Confabulario, el suplemento cultural de El universal. Registra las previsiones que ha de tomar una mujer en México. Desde muy niña, se ve obligada hacer cálculos “injustos, dolorosos, encabronantes.” La barbarie machista obliga a anticipar la agresión “Cuando veas, en una calle solitaria, un grupo de hombres, calcularás qué opciones tienes para no pasar por ahí; cuando vayas sola en un taxi, calcularás la manera de salir si éste toma un rumbo diferente al que debería seguir; si alguien te sigue en una calle oscura, calcularás qué tan rápido puedes correr con los zapatos que llevas puestos; calcularás qué sitio tomar en el metro donde tu cuerpo esté menos expuesto a abusivos toqueteos; si te quedas tarde en el trabajo y notas que tu compañero te observa de manera insistente y sospechosa, calcularás su peso y estatura en relación a la tuya y si eres capaz de darle un golpe suficientemente fuerte para ganar unos minutos que te permitan dejarlo atrás; aprenderás a calcular cómo defenderte con lo que lleves encima, con las llaves de tu casa entre los dedos, con la esquina de tu bolsa o tu portafolios, con el tacón de tu bota, con tu spray del pelo, con lo que sea. Calcularás qué ropa ponerte dependiendo de lo que otros pudieran percibir, de si alguien podría creer que lo estás provocando por el simple hecho de sentirte bonita.”

Leo a Alma Delia Murillo preguntarse cómo serían las cosas si estuviéramos nosotros, del otro lado. “Que en México violan diario a 50 hombres. Que en México cada día 9 hombres son asesinados por sus parejas. Que en México los hombres ganan 30% menos de salario que las mujeres realizando el mismo trabajo. Que en México el 60% de las madres abandonan a sus hijos y los padres tienen que criarlos solos. Que en el mundo sólo 10 de 193 países son gobernados por hombres, el resto lo tienen tomado las mujeres.” Y leo ese relato a mil voces que en tuiter ha desarrollado esa misma línea. La etiqueta de @comohombres le da la vuelta a las conversaciones ordinarias, obligándonos a encarar lo que decimos, lo que escuchamos sin protesta, lo que desata nuestra risa cómplice, lo aberrante que hacemos normal.

Leo el extraordinario número que la Revista de la Universidad dedicó a los feminismos y encuentro ahí un poema de Jimena González.  Copio unas líneas

Pienso:
No tenemos noche,
sólo miedo.

No tenemos día,
sólo obligación.

Estamos aquí:
donde los puercos.
Entre Jesucristo
y el despeñadero
involuntariamente
endemoniadas,
fecundadas de mal.

Gestamos culpa,
saltamos.
Es una orden:
Abrir las piernas.
Cerrar la boca.
Ser almacén.
Aguantar.

Abrir las piernas.
Parir más hambre.
Aguantar.

Leo los hallazgos de Lorena Becerra en su encuesta más reciente para Reforma. Una mayoría clara apoya las protestas y el paro de las mujeres. La casa es vista (eso dice la gente) como espacio de colaboración entre hombres y mujeres, pero dos de cada 10 personas cree que la política es sólo asunto de ellos. Casi la mitad de los encuestados cree que la ropa que visten las mujeres es una provocación para que les falten el respeto y que la igualdad de género ya ha ido “demasiado lejos”.

Leo la denuncia de Sabina Berman al pacto de silencio de los hombres y la hipocresía de académicos liberales que se sienten héroes. “De su indiferencia, de su abstención de su dar un paso atrás ante el tema de las mujeres, de su adhesión verbal y completamente ignorante de la causa feminista, de su participar en las ceremonias de exclusión de las mujeres sin separar los labios; de su tomar los privilegios de haber nacido hombre sin parpadear: de ahí nace la prostituta esclavizada, la trata de blancas, la esposa golpeada. Las diez asesinadas diarias del país.”

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