09 Jun, 2020

09, Jun 2020

Hobbes y la peste

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El pensamiento es imposible sin imagen. Lo sostiene Aristóteles en su tratado sobre la memoria. Si un filósofo de la política entendió a cabalidad esta divisa fue su más radical enemigo: Thomas Hobbes. El pensador que quiso hacer del Estado una consecuencia del razonamiento geométrico sabía que el entendimiento y, sobre todo, la persuasión requerían de “estrategias visuales”. La cruda razón era inerte. Demostrar la verdad no bastaba. Era necesario cautivar a los ojos para hacerse oír. Hacer visible la razón.

Su primer biógrafo lo recuerda maravillado como estudiante en Oxford contemplando los grabados y mapas que coleccionaban los encuadernadores. En todos sus libros resalta la importancia del diseño del que fue, por lo menos, coautor. Su traducción de La guerra del Peloponeso, su primer libro, expone ya la miga del relato en la portada. Insatisfecho por los mapas disponibles, traza él mismo el dibujo de Grecia y lo firma para la edición. Hay correspondencia que advierte la importancia que daba a la presentación visual del texto y la intensidad con la que discutía sobre asuntos tipográficos: el tamaño y la fuente empleada le parecían cruciales en el trabajo de edición.

The Plague Doctors

El artículo completo puede leerse en nexos de este mes.

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