29, Jul 2015

La dama dorada

Portrait-of-Adele-Bloch-Bauer-I

La dama dorada, el cuadro más famoso de Gustav Klimt encierra una historia extraordinaria o más bien, varias historias extraordinarias. Los misterios de la relación entre modelo y pintor, la exploracíón artística que conduce a la invención de una nueva femenidad, el despojo del arte que acompaña al holocausto y la hazaña de su recuperación. La cinta que dirigió Simon Curtis con las actuaciones de Helen Mirren y Ryan Reynolds se concentra en el cuento menos interesante y lo envuelve con los lugares comunes del cine de abogados. La trivialización de una historia maravillosa.

La cinta cuenta una historia que hemos visto mil veces en mil programas de televisión: un pobre abogado enfrenta y derrota a los poderes a base de tesón y astucia. Arriesga todo, familia, trabajo, comodidad económica por defender sus convicciones…y finalmente triunfa. Nadie daba un quinto por él y al final de la película logra su cometido. Un lugar común encima de otro. Ni la actuación señorial pero mecánica de Helen Mirren logra salvar una película empedrada con un penoso libreto.

La cinta, sin embargo, es una invitación a contemplar de nuevo ese retrato genial que algunos han llamado la Mona Lisa austriaca. La película de Curtis se basa en el estudio de Anne-Marie O’Connor que cuenta la historia del retrato de Adele Bloch-Bauer y que recientemente ha publicado Vaso Roto. El trabajo de O’Connor, reportera del Los Angeles Times y del Washington Post, captura la trascendencia de ese lienzo dorado. Si, como la obra de Leonardo, el retrato de Adele es representación de lo femenino, se trata de la representación de una femenidad deseante. El deseo, pensaba Klimt era la chispa que movía al universo. Esa es la energía que trasmite esa mujer que flota sobre hojas y ojos de oro: el brote del arte, el brote del amor. El crítico Metzger vio en ese cuadro el retrato de una nueva mujer vienesa: “deliciosamente disoluta, atrayentemente pecaminosa, exquisitamente perversa.” La sensualidad bruñida con el oro del arte religioso.

Enorme riesgo corría una mujer de sociedad al entrar a los dominios de ese artista maldito. El pintor que sería descrito como degenerado retrataba a una mujer que también rompía con la hipocresía de la época. Independiente, socialmente comprometida, era vista también como sospechosa. Pero el cuadro no solamente encierra los misterios de la seducción, los complejos vínculos entre la musa y el artista, también contiene en cápsula las controversias estéticas, las tensiones raciales, las amenazas políticas de la Viena de principios de siglo. El libro de Anne-Marie O’Connor logra captar esta atmósfera de experimentos y amenazas, de liberaciones y rencores que se inflaman.

Frente a esa historia, los millones que puede costar el cuadro en una subasta o los laberintos burocráticos de su recuperación resultan francamente intrascendentes. La dama dorada captura la fugaz aparición del deseo entre las celdas de la castidad y el fanatismo. Una obra espléndida, tan insoportable para la burguesía vienesa como lo fue para la dictadura fascista. “La verdad, dijo Klimt, es fuego y decir la verdad significa iluminar y arder.” La dama de oro, la dama ardiente.

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3 Comentarios

  1. Ricardo Torres dice:

    Tienes razón la pelicula por la actuación de Helen Mirren. Aunque la película se centra en la lucha por la justicia. El pasado, ese volver al pasado me inquieto, me causó molestia indignación. Será por que nosotros como sociedad en este tiempo estamos dejando un pasado terrible.
    Me parece que el filme logra su cometido de mantener en suspenso al espectador.

  2. ANA SCHWARZ dice:

    Aún no veo la película pero incluye dos elementos fascinantes: Un cuadro de Gustav Klimt y la actuación de la gran actriz Hellen Mirren.
    Este documental disponible en YouTube describe muy bien la historia y su época.
    https://www.youtube.com/watch?v=ftiG_32-TVA

  3. Itza Nahomy dice:

    Desafortunadamente, la cinta no deja ver todo el esplendor que tuvo Viena a principios del siglo XX, cuando una oleada de artistas transforman el establishment dejando una huella importante en distintas disciplinas y donde una comunidad judía favoreció esta transformación. La película se centra en el recurso fácil de Hollywood del nazismo vs judaísmo. Para entender la grandeza de la obra, tendríamos que remontarnos unos años más atrás a lo que la cinta propone y asombrarnos cómo la pintura se inserta en un ambiente de rebeldía y cambio en la acartonada sociedad vienesa del siglo XIX. “Viena 1900” de Christian Brandstätter es una magnífica referencia.

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