03, Oct 2012

Hobsbawm y Judt se retratan

Hobjudt
Hobs

A la muerte Eric Hobsbawm, he vuelto a los
retratos que se hicieron, frente a frente, Tony Judt y el gran historiador marxista.
Retrato de un historiador por otro, elogio y crítica de un intelectual a otro,
esbozo moral de un habitante del siglo XX al otro. Podría verse en ellos a dos
gigantes que representan la rica y compleja tradición de la izquierda
británica: dos versiones del impulso justiciero que surge del marxismo para
apartarse de él o para ser siempre fiel a su fuente. Es Hobsbawm quien detecta
la fibra esencial que los une. “Ambos supimos que el siglo XX sólo puede ser
comprendido integralmente por aquellos que se hacen historiadores porque han
vivido a través de él; ambos compartimos una pasión básica: la política como
clave para nuestras verdades y para nuestros mitos.” La historia no fue para
ellos una disciplina, fue la pasión en la que se encontraron.

Hobsbawm escribe de Tony Judt al publicarse como
libro póstumo, la conversación con Timothy Snyder en la que repasa en
conversación el curso de su siglo xx. El libro fue uno de los testamentos que
pudo dejar mientras peleaba con una enfermedad brutal. Hobsbawm, desde luego no
trafica emocionalmente con su juicio sobre el colega. Es elogioso sin dejar de
ser severo. El libro póstum de Judt simplemente no es un gran libro. No podría
serlo por las condiciones en que fue compuesto. Pero es, de cualquier modo la
obra admirable de un historiador de fuste: un modelo para la razón civilizada
donde el pensador es capaz de examinar sus certezas y advertir la forma en que
su vida ha sido hecha y deshecha por su tiempo. A Hobsbawm no le atraen los
primeros trabajos académicos de Judt sobre el socialismo en la provincia
francesa. Dedicarse a la cartografía de la izquierda francesa le parece un
empeño universitario tal vez erudito pero a fin de cuentas trivial. El
comunista no sentirá un interés por Francia tras la Revolución. A ese país
crecientemente marginal se le negó un Lenin y lo desposeyeron del Napoleón que
tuvo. Francia, desde entonces, se alojó en el reino de Asterix

Hobsbawm admiró la ambición monumental de Posguerra, el inmenso libro de Judt. Se trataba de una obra de plenitud
intelectual que finalmente lo situaba como un historiador reconocido. Pero
Judt, más que encontrar el equilibrio del historiador ponderado, buscaba a toda
costa ganar el argumento. El polemista de talento y mecha corta fue alejándose de
la academia para encontrar emoción en el debate público. Ahí fue donde Hobsbawm
lo vio intoxicarse con las toxinas liberales de Furet o Aron. Su vida pública,
concluye Hobsbawm terminó adormilado con los cuentos de hadas de una revolución
de terciopelo que fue, más bien, una revolución entre comillas.

Judt había escrito un ensayo extenso sobre
Hobsbawm cuando éste publicó sus memorias. La fascinación  que Judt sintió por el explorador de las
tradiciones inventadas fue inmensa. No solamente lo supo todo, sino que lo
sabía decir bien. Hobsbawm fue un maestro de la prosa inglesa.  Y sin embargo, una verdad elemental y
profundísima se le resistió: la aberración del comunismo. El personaje seduce a
Judt por ser el lado opuesto de los personajes a quienes tanto admiró: aquellos
desencantados que reconocieron que su dios había fallado y decidieron remar
contra sí mismos.

El Hobsbawm que Judt logra retratar es un
enamorado del orden y de la jerarquía. Un mandarín inseguro que no se atrevió a
confrontarse. ¿Cómo es que esta inteligencia excepcional no abandonó el barco
ante la evidencia del monstruo en el que se convirtió su 1917? El temor a
encontrarse en mala compañía no es signo de pureza política, escribió Koestler.
Es, más bien, falta de confianza en uno mismo. Ese temor a quedar cerca de los
excomunistas a los que aborreció hasta el último de sus días, lo llevó a
aferrarse a lo indefendible, dice Judt.

El terco mandarín y el boxeador encandilado.

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4 Comentarios

  1. camilo ernesto pachón pinzón dice:

    Esto o aquello. Uno u otro. ¿Tolstoi o Dostoievski?. Inevitablemente hay que elegir. Yo elijo a Judt.

  2. FMGARZAM dice:

    Ojalá y en su funeral se hubiera enterrado toda la contaminación Marxista que indujo en la historiografía Mexicana. Y en especial la herencia memética.
    Ayer veía un documental en PBS sobre México, de la pre-Revolución a 2 de octubre 1968, y un «historiador» de Universidad Californiana decía una tontería marxiana, que con Porfirio todo era de los gringos, que ellos habían hecho y eran dueños de todos los ferrocarriles..
    Excelentes imágenes, pésimas opiniones. Una excepción fué alguien que dijo que México no era homogéneo entonces, que había diferencias como las de el norte, individualista, y el sur, específico el edo. de Morelos, comunitarista.
    En fin…suenan intelectualmente divertidos los cuentos de Hosbawm.

  3. Franc Garciapons dice:

    ¿En que mundo mediocre vivimos?. Un mundo donde se catapulta paulatinamente al intoxicado y superficial Tony Judt y se entierra al elítiptico y profundo Hobsbawm. La omnipresencia de la mentira campa por doquier, lo tendencioso es la fruta madura más preciada por el mercado neoliberal.

    Hay un punto de encuentro eclectico al final del tunel de la verdad, pero no está escrito a modo de cuento mitólogico como «Postguerra de Judt», sería demasiado superficial, metafísico y tendencioso para los albores de este nuevo siglo sumamente analítico. Entre el terco mandarín y el boxeador encandilado, sin dubitación alguna me quedo con el primero. Hay tanto que reescribir todavía del SXX, hay tantos harapos por recoser que no hay colosal obra todavía engendrada para nuestro siglo de ayer. Y Blum si se lo propusiera tendría mucho más que decir.

    Esta omnipresente y elaborada mentira pesa como una losa y deambula en la superestructura social como «ancha es Castilla».

    P.S: Prefieren la verdad del cuento de hadas para evitar para entre comodidades evitar el esfuerzo y no reconocer ser sujeto y parte de esta gran mentira.

  4. Franc Garciapons dice:

    ¿En que mundo vivimos? ¿nos hemos vuelto locos o que?. Un mundo donde se catapulta paulatinamente al intoxicado y superficial Tony Judt -aunque estructurado y meticuloso- y se intenta enterrar al elítiptico y profundo Hobsbawm. La omnipresencia de la mentira campa por doquier, lo tendencioso es la fruta madura más preciada por el mercado.

    Hay un punto de encuentro eclectico al final del tunel de la verdad, pero no está escrito a modo de cuento mitólogico como «Postguerra de Judt», sería demasiado superficial, metafísico y tendencioso para los albores de este nuevo siglo sumamente analítico. Entre el terco mandarín y el boxeador encandilado, sin dubitación alguna me quedo con el primero. Hay tanto que reescribir todavía del SXX, hay tantos harapos por recoser que no hay colosal obra todavía engendrada para nuestro siglo de ayer. Y Blom si se lo propusiera tendría mucho más que decir.

    Esta omnipresente y elaborada mentira pesa como una losa insoportable y deambula en la superestructura social como «ancha es Castilla». Precisamente aquello que destaca Judt de su propia obra, suelen ser curiosamente sus carencias. Y para rematar, la crítica lo catapulta como el socialdemócrata ejemplar.

    P.S: Prefieren la verdad del cuento de hadas para evitar el esfuerzo entre comodidades y no reconocer ser sujeto y parte de esta fabulosa mentira. Y mientras unos suben plácidamente en ascensor, otros resoplamos a pie subiendo por las escaleras mecánicas de bajada, como bien decía aquella mítica canción de los Chameleons de 1983.

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