03, Dic 2008

Aerobics con Madonna

Madonna Sex - Meisel     Madonna - Cuerda   

La previa gira de Madonna a México recibió la bendición del escándalo. La iglesia se ofendía por sus imágenes y algún político pedía censura: la juventud mexicana podía ser pervertida por esa exhibición de licencias. Era la Madonna que Camille Paglia celebraba como ejemplo de un nuevo feminismo: un llamado a las mujeres a ejercer el poder de su sexualidad. En 1990 la policía amenazaba con apresarla durante sus conciertos si se atrevía a profanar los símbolos de la fe. Steven Meisel la había retratado poco después en Sex, un libro que combinaba pornografía y moda para la mesita del café. Ahora llega a México como representante de una industria musculosa, profesional, vibrante e inofensiva. La presencia sacrílega de antes se ha vuelto signo de autoridad, con todo y trono. La insolente jovialidad transformada en perseverancia por la tenacidad del gimnasio y las efectivas enmiendas del quirófano.

Antes los poderes se sentían intimidados por la iconoclasta que mancillaba signos, que rompía roles, que subvertía el pudoroso orden de las vestimentas. Ahora, el auditorio que la recibía en México parecía una reunión de la república. ¿Llegó Monseñor Rivera al concierto? Un evento social del establishment. Sus conciertos fueron alguna vez pinchazos de brasieres expuestos; cáusticas profanaciones envueltas en tonadas fáciles. Su concierto reciente advertía desde el título que sería pegajoso y dulce. El espectáculo que se presentó hace unos días en el Foro sol fue, como ya han dicho otros, más aeróbico que erótico. El nuevo concierto de Madonna, decían en el New York Times, es una especie de entrenamiento con música de fondo y pantallas en movimiento. La artista convertida en atleta. El concierto glorifica la resistencia de una mujer que ha cruzado el medio siglo. La fuerza de Madonna parece intacta. Madonna despliega sus músculos, brinca la cuerda, baila, corre, sube y baja mil veces. No se cansa, no tropieza, no jadea. A veces desentona, pero no importa mucho. Nadie fue al Foro Sol a ver a una cantante. Fue a vivir la experiencia de un concierto de Madonna. A decir: yo fui a un concierto de Madonna. En efecto, el espectáculo es memorable no solamente por la fama y la leyenda de la protagonista sino porque funciona en lo básico: logra engullir al auditorio y fundar un tiempo en sus ritmos. Un espectáculo de factura impecable que revela una disciplina de látigo, una obsesión por lo perfecto.

La dispersión de evocaciones es desconcertante: un fallido misticismo, personajes de Keith Harring, un tubo de table-dance, rayos laser, flamenco, ritmos gitanos, algo de tango y mucho hip hop. El homenaje a la juventud que resiste las décadas, la celebración del profesionalismo no encuentran en el concierto aquel poderoso complemento de la herejía. No puede dejar de sentirse cierta nostalgia por aquella sacrílega, por aquel pop tan eficazmente provocador de las buenas conciencias. Los intentos están ahí pero no muerden. Madonna quiere seguir pellizcando convenciones pero simplemente produce un gran espectáculo en donde la tecnología visual es, quizá, lo que más embruja: pantallas cilíndricas que proyectan agua, enormes estelas en movimiento para danzarines virtuales. El concierto se politiza toscamente al desplegar inmensas imágenes de buenos que salvarán al mundo: Oprah y Bono, Mahatma Gandhi y Barack Obama. Hace unos meses, en sus conciertos preelectorales, su punzada fue tan sutil que contrastaba este equipo de héroes con la banda de los malos: Hitler y John McCain. La uña ya no raspa piel viva.

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7 Comentarios

  1. Leo CP dice:

    Quizá la pregunta inocente sería, ¿asistió Ud al concierto de Madonna?
    Yo creo que, como ha sucedido en ocasiones anteriores como en el caso de Gloria Trevi (donde Monseñor Monsiváis la ensalzaba como modelo de feminidad libertaria mientras su manejador ejercía a plenitud su manejo de la cantante), los intelectuales consuetudinariamente caen en el garlito de creer que la imagen es el contenido.
    De hecho, pienso que la primera venida de Madonna estuvo permeada de nuestra inocencia cultural: un México que apenas se abría a la globalización y que se quedaba boquiabierto de ver cómo era el showbiz de grandes ligas, que por necesidad tiene que romper esquemas para atraer multitudes (ya me imagino la cara de nuestros críticos de haber visto los performances del Ozzy Osbourne previo a su degradación como padre idiota de reality show).
    Década y media después, ya no somos inocentes. Pero creo que está bien.

  2. Querido Jesús: A mí siempre me asomabra lo que escribes y cómo. Lo de Madonna me ha abierto una luz a los ojos de Mateo mi hijo, quien volvió decepcionado del concierto. Claro que fuiste al concierto, lo que haces es un crónica. Te escribo aquí para mandarte un beso y pedirte ayuda con los argumentos en contra de la pena de muerte. Creo que deberíamos hacer una recuento de las veces en que se ha discutido, porque eso de que se abra la discusión es algo que se dice como si no hubiera estado abierta alguna vez. Es obvio que si la prohibe la constitución es porque se deliberó alrededor del asunto. Besos, Angeles
    PS Te he puesto como contacto en mi blog que se llama Puerto libre y está en los blogs de “El país.com

  3. Juan E. Pardinas dice:

    Estimado Chucho:
    Ser iconoclasta es un oficio que no que necesariamente dura toda la vida. Los hippies revolucionarios de los sesenta, se casaron formaron familia y se mudaron a vivir a los suburbios. Muchos líderes guerrilleros colgaron sus fusiles y ahora son consultores del Banco Mundial. Madona dejó la provocación visual y religiosa para instalarse en su trono de reina de un género musical. Es una madre de familia con dos hijos. La dama tiene la carrera de solista más dilatada y exitosa en uno de los negocios más competidos de la economía global. No le pidamos más que una memorable experiencia pop. Como dice una de sus rolas: Music makes the people come together. Music mix the bourgeoisie and the rebel.

  4. Ya volviendo al chisme, creo que juan tiene razón. jesús, he veidn oa tu blog creyendo que ya habrías escrito algo sobre la pena de muerte. De verdad es un tema que apasiona. Y que espanta. Desde que me manifesté en contra mi pobre blog perdió visitas. Besos

  5. Leti dice:

    De acuerdo con la reflexión. El concierto fue un gran espectáculo, pero muy lejos de lo que alguna vez significó la brillante provocadora.

  6. Jorge A. Pérez Torres dice:

    Jesús, todo se resume en lo que mencionas: la obsesión por la perfección de Madonna, su obsesion por estar lo más lejos posible del mortal promedio. Yo admiro eso aunque otros lo aborrezcan.
    Una leve corrección al comentario de Juan E. Pardinas, la letra dice: “Music makes the people come together. Music makes the bourgeois sing and the rebel”.

  7. Horacio J. González dice:

    Estimado Jesús:
    En un evento al que asistí la semana pasada en una universidad de Aguascalientes, se trataba la diferencia entre el concierto de hace 15 años de Madonna y los efectos de la sociedad mexicana de 1993 y la de este 2008. Las comparaciones son odiosas: no es la misma Madonna, tampoco es el mismo México.
    Un abrazo cordial.

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