03, nov 2010

Cadena humana

Heaney  - Human Chain

En su poema “Cavar” Seamus Heaney enlaza su pluma a la pala de su padre y a la pala del padre del su padre. Ellos hacían de todo el cuerpo una palanca para entrar en la tierra y arrancarle papas. En la traducción de Ezquiel Zaidenwerg, leo:

El frío olor del moho de las papas,
el chapoteo en la turba empapada,
el filo de la pala cercenando
las raíces, me vuelven a la mente;
y sin embargo, yo no tengo pala
para seguir a hombres como ellos. 

Entre mis dedos índice y pulgar
cargo la pluma fuente.
Voy a cavar con ella. 

La poesía de Heaney escarbando la tierra, como la pala de sus viejos. El nuevo libro del poeta irlandés, que ganara el Nóbel en el 1995 aborda esa misma fibra de la herencia, el mismo lazo que conecta a los hombres y a las cosas; los días y los mitos. Cadena humana se titula, justamente. Escrito tras el golpe de un infarto, la colección de poemas tiene, sin duda, un tono sombrío. El poeta se entrega al recuerdo, pero sobre todo, a los afectos esenciales de su vida: sus padres, su mujer, sus nietos, sus amigos. Se trata de un libro habitado por el pasado, por sombras y fantasmas, por trajes viejos que cuelgan en un armario, por casas donde conversa el silencio; por adioses y elegías. El cuerpo es la pesadez que otros cargan, bondadosamente. En un poema, Heaney recuerda los últimos días de su padre, como uno de los pocos momentos en que pudo estar cerca, físicamente, de él: lo ayudaba para ir al baño. En otro poema habla del milagro del auxilio: el prodigio de que otros, resbalosos por el sudor, lo carguen a uno y no lo suelten al vacío. Pero esa percepción de mortalidad es un despabilar de sentidos. El poema que abre la colección celebra estar despierto para presenciar la ceremonia de una ventisca.

Cadena humana es el menos político de sus libros. El compromiso se asomó muchas veces por las rendijas de este nacionalista irlandés, pero nunca fue vocero de una causa. Fue tan solo la voz de sí mismo. Jugando con el sonido de dos palabras herd y heard, subraya que el poeta debe ser escuchado, no la manada. No es la voz de la tribu, es una voz que la tribu oye. Cadena humana es una alabanza de nuestros vínculos de familia y amistad. Lazos precarios de los que brota un luz milagrosa. Sobrevivimos por el auxilio de los otros. La poesía, ha dicho Heaney reivindica un apetito de trascendencia en el hombre. Una sed de resurrección. En el poema más extenso del libro, Heaney habla de plantas y cementerios. La hierba hunde raíces en todas las dinastías de la muerte. Pero el pasto no descansa en paz: baila con el aire. La espada de hierba habla:

¿Me ves?—dice         
“El viento      
me entrena en los modos del mundo.

Ondear está bien.     
Permiso concedido.

Anda, pues, ciudadano       
del viento      
Déjate ir.”

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Un comentario

  1. Otra pluma reconvertida, pero de Wizslawa Szymborska: http://x.vu/182648

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