18, Mar 2020

Cuidar las ruinas

Un reacomodo en el librero que tengo a mis espaldas me sugiere el libro necesario. Es un poema escrito hace 37 años que describe la desolación de nuestro tiempo.

No llegué a tiempo
del último transporte

Me quedé en una ciudad
que ya no es ciudad

Zbigniew Herbert, el gran poeta polaco, habla en ese poema de las soberbias vacaciones extemporáneas que puede disfrutar y de la capacidad que descubre en él mismo para “redactar un tratado sobre la súbita mutación de la vida en arqueología.”

En esa ciudad arrinconada por el enemigo impera un silencio helado: “a la artillería de los suburbios se le atragantó su propio valor.” Informe desde la ciudad sitiada es el testimonio de Herbert del estado de sitio en Polonia. Lo publicó en París en 1983, poco después de que se decretara la ley marcial en su país. En copias mecanografiadas, el poema llegó muy pronto, de contrabando, a Polonia. A fines de la década, José Emilio Pacheco lo tradujo en su Inventario de Proceso. La versión que releo es la de Xaverio Ballester para Lumen.

El poeta toma la pluma del cronista y describe lo que veo en las pantallas y que intuyo en el futuro inminente. “Demasiado viejo para llevar las armas y luchar como los otros–fui designado como un favor para el papel menor de cronista.” Poesía escrita como un testimonio implacable. Sujetando la emoción, muestra el hueso de los hechos. El diario poético de Herbert es registro de un presente que ha durado siglos. Por eso el poeta ignora cuándo comenzó la invasión. Tal vez fue hace doscientos años. Podría haber sido ayer por la mañana porque “todos padecen aquí la pérdida de la noción del tiempo.” ¿Será miércoles hoy? ¿Terminó ya el fin de semana? Si todos los días recibimos las mismas noticias, el tiempo no transcurre. La monotonía, dice, no conmueve a nadie.

El poeta registra el teatro de un juicio público y retrata al fiscal que lleva puesta una máscara de ruindad y de pavor. Mientras tanto, los corresponsales bailan sus danzas de guerra.

Pero el verdadero proceso se desarrollaba en mis células
las cuales sin duda conocieron el veredicto con antelación
tras una efímera sublevación se rindieron y empezaron a morir
una tras otra

Y en medio de esa devastación, el desconocimiento de las magnitudes. Hemos pesado a los planetas, pero en asuntos humanos seguimos a tientas. “Sobrevuela un espectro: el espectro de la indeterminación.” ¿Cómo conocer los nombres de todos quienes han perecido peleando contra un poder inhumano? “Aproximadamente,” infame palabreja. Lo humano, dice Herbert, ha perdido medida.

Sabia desesperanza. A cuidar, no la ciudad sino sus ruinas, llama Herbert.

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