11, Mar 2009

De ciencia y política

En su discurso de toma de posesión, Barack Obama hizo un guiño a la comunidad científica: regresaremos la ciencia al lugar que le corresponde. Ya no estará supeditada a la política y será, de nuevo, señora de su propia casa. El nuevo presidente llamaba a recuperar un respeto perdido. Honrar la investigación, la curiosidad, el experimento para mejorar la salud pública, cuidar el planeta, desencadenar la capacidad transformadora de la inteligencia. La escuela y la universidad tendrían que cambiar para estar a la altura del día. El mensaje parecería extraño pero, en efecto, la ciencia necesita defensa y una política que la regrese a su sitio. El gobierno de Bush se ufanaba de haberle declarado la guerra al fanatismo islámico, pero al mismo tiempo libró batalla contra la ciencia. Colocó la ideología por encima de la investigación, recortó los apoyos del gobierno a la ciencia y obstaculizó toda búsqueda y todo hallazgo que riñera con su persuasión religiosa. En el 2004 un grupo de científicos, entre los cuales se contaba una veintena de premios nóbel, se vio en la necesidad de exigir la restauración de la “integridad científica” en la formación de las políticas públicas.

Cell No era simplemente una crítica a la administración Bush por reducir el presupuesto para la investigación, era, sobre todo, una denuncia a la manipulación de la ciencia. El reporte acusaba al gobierno de acomodar los hallazgos para que éstos sirvieran a sus intereses y prejuicios. Si los descubrimientos contradecían las concepciones políticas del gobierno, habría que esconderlos. Hubo un esfuerzo sistemático por controlar los consejos regulatorios y de supervisión de las instituciones académicas. En lugar de defender criterios estrictamente intelectuales y los méritos profesionales, tales órganos se convirtieron en cuerpos de promoción ideológica, cuando no de abierta censura. Más aún, se demostró que el gobierno del segundo Bush se ejercitó como corrector del laboratorio. No fueron pocos los casos en los que la administración republicana alteró información con el propósito de promover su agenda. Así, el Centro para el Control de las Enfermedades, distorsionó datos sobre la efectividad del uso del condón con tal de impulsar el llamado a la abstinencia del gobierno. El Instituto Nacional de Oncología fue instruido para advertir—contra toda prueba científica—que el aborto estimulaba el cáncer de pecho. Los reportes sobre el calentamiento global eran templados por el gobierno para esconder las alarmas. En suma, la presidencia quiso una ciencia al servicio de sus manías.

El cambio de la nueva administración no se ha detenido en la retórica del optimismo científico. Hace un par de días, el presidente terminó con las restricciones impuestas por Bush a la investigación en células madre. Al mismo tiempo, redactó un memorando a todos sus colaboradores precisando justamente su compromiso con la “integridad científica.” Promover la ciencia no es solamente entregar dinero a los centros de investigación. Es, sobre todo, cuidar el aire para el estudio e impedir que el dato y la prueba se ensucien con ideología. Libertad en la investigación, respeto al descubrimiento.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

2 Comentarios

  1. Geraldina dice:

    Excelente Chucho y en México también deberían tomar nota… Una sociedad sin ciencia es una sociedad condenada al retraso.
    Lo malo es que ya salen las voces de La Verdad y condenan a Obama por “confundir las cosas y llamar ideología a la protección de la vida humana.”
    http://www.realclearpolitics.com/articles/2009/03/of_stem_cells_and_ideologues.html
    Es una verguenza que en pleno siglo XXI siga habiendo fundamentalistas que no se den cuenta de la importancia de la ciencia. La máxima de Einstein de que no hay ciencia si no hay libertad de expresión se materializa cuando un Estado censura la investigación y el desarrollo científico. Un Estado que no invierte en ciencia cierra sus puertas al desarrollo democrático y el desarrollo democrático se ve truncado en un Estado sin ciencia.
    Pero como siempre, según algunos, La Verdad revelada es más poderosa que la razón…

  2. Arturo dice:

    Yo no sería tan optimista. Si bien es cierto que la administración Bush deterioró el papel de la ciencia, también los liberales tienen su historial de desviar resultados hacia su agenda política (algunos ejemplos en http://www.reason.com/news/show/34774.html).
    Baste con ver el historial de ciertos colaboradores de Obama para darse cuenta que no son los científicos más imparciales: John Holdren, consejero científico de la Casa Blanca, advertía en 1970 que antes de terminar el siglo XX seríamos sorprendidos por “una forma de catástrofe ecológica, tal vez incluso una guerra termonuclear”. En la década de 1980 adelantaba que hambrunas provocadas por el calentamiento global que matarían a mil millones de personas antes de 2020. (Su nueva opinión al respecto:“I think it is unlikely to happen”).
    También tenemos a Steve Chu, nuevo Secretario de Energía, quien anticipó que, también a causa del calentamiento global, no habrá agricultura en California para fines de este siglo. Para su afirmación no se basó en ningún modelo de los usados por el IPCC, sino más bien en su agenda política.
    El periodista de ciencia John Tierney (con puntos de vista libertarios), del NYT, ha dado buen seguimiento a estas cuestiones: http://tierneylab.blogs.nytimes.com/?s=Holdren&search.x=0&search.y=0&search=Search

Deja un comentario