24, Feb 2010

De páginas y pantallas

Darnton Robert Darnton conoce todas las caras del libro. Ha vivido entre ellos y quizá para ellos. Ha escrito libros de libros; los ha exhumado del olvido; ha trabajado en empresas editoriales; ha cuidado libros como bibliotecario y ha explorado las nuevas tecnologías para su difusión. No es fácil encontrar una perspectiva tan rica como la suya para examinar la condición del libro. El lector atento conoce la larga historia de la página impresa; el académico entiende del negocio editorial; el custodio de la biblioteca aprecia las novedades de la técnica. Darnton sabe que en el libro hay mucho más que texto; que el cuidado de los libros no puede ser solamente un negocio; que no hay manera de detener el cambio y que debemos, ante todo, cuidar un patrimonio común. 

El historiador acaba de publicar en Estados Unidos un nuevo libro sobre libros. Se trata de The Case for Books
.
(Public Affairs, 2009) que podría traducirse como Una defensa del libro. El volumen recoge textos dispersos sobre los viejos y los nuevos libros. En un tiempo en donde la idealización tecnológica compite con la nostalgia, el alegato de Darnton destaca por su ecuanimidad: no es un fanático de la novedad ni enemigo del invento. Valora las maravillas tecnológicas y ha tratado de aprovecharlas en su trabajo académico y en su gestión como cabeza de la biblioteca de Harvard. Al mismo tiempo, disfruta, reconoce y cuida el vivo patrimonio del papel. La prisa por deshacerse de libros y periódicos antiguos le parece un crimen. El buzo de los archivos no puede más que escribir con cautela. No se deja arrastrar por la utopía digital ni se atranca en las obsesiones del anticuario. Darnton sabe mejor que nadie que el planeta del conocimiento que ofrece internet tiene precedentes: el siglo de las luces imaginó también una comunicación veloz e igualitaria en donde no intervendrían los censores. Si algo nos enseña el pasado es que los nuevos vehículos de la comunicación complementan a los anteriores, no los destruyen. Por eso anticipa la convivencia de las páginas y las pantallas. 

El autor de Los bestsellers prohibidos en Francia antes de la Revolución ve con entusiasmo las posibilidades de la escritura electrónica, sobre todo en las publicaciones académicas. Los textos pueden ganar densidad. Una primera capa de escritura traza el argumento básico; debajo de esa corteza, capas de mayor profundidad en las que el lector puede adentrarse libremente; las notas pueden expandirse sin restricciones; las referencias pueden alimentar lecturas complementarias. Pero no todo es promisorio en el nuevo mundo de la lectura sin papel. Como siempre, el poder y el dinero siguen al acecho del conocimiento.
El capítulo central del libro es su polémica con google. La ambición de su biblioteca universal es descomunal: ¡todos los libros a disposición de todo mundo! La idea ya no es un sueño de Borges. Desde hace años la empresa digitaliza millones de libros de las principales bibliotecas del mundo. Darnton apoyó en un primer momento la empresa: lo veía como un salto en la democratización del saber. Sin embargo, como director de la Biblioteca de Harvard, fue desencantándose poco a poco hasta convertirse en crítico de la tarea. Las bibliotecas no pueden subordinar su servicio a la explotación mercantil. Google, argumenta Darnton, no es la plataforma para la democratización del conocimiento sino el gancho de su comercialización monopólica.

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2 Comentarios

  1. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    Ni manera de detener cierto cambio, es cierto. No hay manera de detener los cambios más cuando son en sí algo bueno. En Milenio Diario hoy una nota suscrita por Ariel González del editorialista de Siruela, Jacobo Siruela, comparte e insiste en la idea de contemplar las cosas con ojos nuevos, acaso referencie a Kafka u otro autor más contemporáneo, la idea es inexacta en Kafka, no sé. El libro visto como tecnología perfecta, “la realidad es plural. De todos modos yo creo que el libro es una tecnología perfecta. La discusión sobre el libro electrónico me recuerda cuando a principios del siglo XX, con la llegada del arte abstracto, algunos creían que todos los pintores terminarían siguiendo esta corriente. Pues bien, no fue así; y lo mismo ocurrirá con quienes pronostican que todo mundo tendrá un libro electrónico. Yo digo que no. La pluralidad se impondrá. De cualquier modo, el futuro no existe, de modo que no hay que preguntarse por él.”, dice Fitz-James Stuart. La inmanencia del presente permite de cierta extraña manera asir el futuro, esquivarlo. El presente se impone siempre. Sumo o jugo, vivifica. Nadie gana, nadie pierde. Gozo, también reta.
    http://www.milenio.com/node/388725

  2. O dice:

    aSumo que el presente nunca ha sido cuestión de disculpas, allá quien se deje:
    http://tinyurl.com/4hp84q8

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