21, May 2009

El expresidente y el asomo de la culpa

Frost Nixon Como un duelo o, más bien, como una pelea de box presenta Ron Howard la larga entrevista que Richard Nixon concedió a David Frost un par de años después de renunciar a la presidencia de los Estados Unidos. Los boxeadores son un político de peso completo caído en desgracia y un peso pluma del entretenimiento periodístico. Una serie de lugares comunes recorre la película: el retador es ninguneado; el odiado tiene su encanto, todo se decide en el último round. Pero bajo la previsible narrativa, sobresale, sin embargo, un retrato asombroso y el atisbo de un enigma.

La cinta de Howard se basa en una obra de teatro de Peter Morgan, quien ya había explorado las conexiones entre la conciencia personal y la historia, entre lo casero y lo palaciego en aquella película sobre la reacción de la reina de Inglaterra a la muerte de la Princesa Diana. Astillas de humanidad que punzan monumentos de Estado. Como en aquella obra, “Frost y Nixon” ancla en un personaje admirablemente delineado que se traga escenario, drama y relato. Las dos cintas son poco más que cuadros de retratista. Como destella Helen Mirren en “La reina,” en esta cinta brilla la actuación de Frank Langella. Langella no se parece a Nixon. No tiene la quijada, el bulto en la nariz, los cachetes colgantes. Sin ayuda del maquillaje, la actuación vence la fisonomía. El tono y la cadencia de la voz, el declive del cuello, la pesadez de cuerpo, el manejo de los silencios y los exabruptos, el gruñido en las palabras, la gravitación del rencor terminan persuadiendo que Nixon aparece en el cuerpo del actor.

Frost-nixon-first-look_l El boceto de la película sugiere la simetría de un combate: el periodista y el político; un atrevido hombre del espectáculo frente al maniático gobernante defenestrado. La película, sin embargo, resulta convincente sólo en su lazo nixoniano. Frost, representado por Michael Sheen (quien hizo de un desabrido Tony Blair en “La reina”), aparece como un seductor que no seduce. Frost, el terco tirabuzón que en la legendaria entrevista logró destapar el corcho de la obcecación del político para vislumbrar la culpa del hombre, aparece aquí como un esparrin insustancial. Es la actuación de Langella la que sujeta la película mostrando una inteligencia derrotada por la patología y la conciencia que vence la contención. La cinta de Howard agiganta la entrevista como si fuera el gran evento del drama de Watergate, como si en la conversación se escenificara el juicio negado. No lo fue así. Lejos de ser el centro del escándalo, fue su epílogo. Pero justamente por ser colofón de un trauma histórico, logró enfocar al sujeto que protagonizó el drama. El político, despojado ya de su poder, aparece en instantes, como persona. Tras el acontecimiento histórico queda un hombre en ruinas y, al mismo tiempo, en pie.

Podría percibirse cierta condescendencia con el personaje central. Quizá no hay en la historia de la muchas representaciones cinematográficas de Nixon un retrato más benigno que éste al mostrarlo vulnerable, lúcido, antinixonianamente franco. Pero la película fotografía las telarañas del hombre político. Con todo y sus clichés, roza el misterio del personaje, la complejidad de un extraordinario animal político. Bestia de poder que es una mezcla de rudeza e inseguridad; enfático ante las cámaras, tímido y balbuceante en la pequeña conversación; portentoso estratega que fue incapaz del más tenue acercamiento personal. La entrevista dramatizada es un acercamiento a ese individuo destrozado que se aferra a sí mismo y que, sin embargo, no logra esconder el breve brote del arrepentimiento: defraudé a los Estados Unidos, defraudé a mis amigos, defraudé el régimen de gobierno de mi país. Eso será una carga que llevaré el resto de mi vida. Y la abierta confesión de su filosofía: lo que el presidente hace no puede ser ilegal.

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En youtube pueden encontrarse fragmentos de la conversación original (1, 2, 3, 4, 5, 6). La entrevista completa puede encontrarse aquí .

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5 Comentarios

  1. elosobruno dice:

    Nixon tenía la complejidad psicológica de muchos de los grandes dictadores de la historia. Siempre me he preguntado como hubiese sido Dick en un régmen totalitario. Esas personalidades, como sabes, me apasionan.

  2. Destacada la psicologia de un presidente tan controversial, ¿que ocurre en la mente de un personaje como Nixón?.
    Destrozado y de pie, ademas de eso, hay que decir que bien o mal, escribio con sus pasos, historia, tal vez no la que quizo, pero si la que su estatura le daria.

  3. D Hester dice:

    Muy buena pelicula, pero totalmente una “sports movie”
    Hasta tiene un montaje de entrenamiento, a la Rocky, justo antes de la ultima pelea.

  4. buy viagra dice:

    estia de poder que es una mezcla de rudeza e inseguridad; enfático ante las cámaras, tímido y balbuceante en la pequeña conversación; portentoso estratega que fue incapaz del más tenue acercamiento personal.

  5. Hasta tiene un montaje de entrenamiento, a la Rocky, justo antes de la ultima pelea.

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