28, Nov 2018

El mal querer

No he podido despegar el oído del disco de Rosalía que se ha vuelto un fenómeno en España. Digo disco aunque no tenga el acetato ni el cedé porque es, en efecto, un pieza en la que cada una de las once canciones se integra a un relato. Un álbum conceptual como los que ya no se acostumbran en esta época de pedacerías. El disco se basa, según dice la cantaora barcelonesa, en un libro del siglo XIV de autor anónimo. La dramática historia de amor venenoso que bien podría suceder el día de hoy. Una historia de deslumbramiento y negación, de celos, de posesión y abuso. Y finalmente, un canto de liberación.

Cada canción es un capítulo, el fragmento de un dolor que se enreda y se prolonga. El primero es un augurio sombrío. “Ese cristalito roto yo sentí como crujía. /Antes de caerse al suelo / ya sabía que se rompía.”  Después vendrá la ceguera de la boda, los celos y el encierro. Sirenas, acelerones, y llantas acompañan la amenaza del amo: “Mucho más a mí me duele / de lo que a ti te está doliendo / conmigo no te equivoques.” Seguirá el sufrimiento solitario y una advertencia: “Y se va a quemar si sigue ahí / las llamas van al cielo a morir.” Y, finalmente, el poder: “A ningún hombre consiento / que dicte mi sentencia. / Sólo Dios puede juzgarme / Sólo a él debo obediencia. / Hasta que fuiste carcelero / yo era tu compañero.”

El mal querer es un disco que fastidia a los tradicionalistas, que incomoda a los ortodoxos. En la recepción del trabajo hay, desde luego, un ángulo político. Rosalía es una cantante barcelonesa que se expresa a través del flamenco, provocando una estela de reacciones. Los tribales de una y otra secta se indignan. Para unos Rosalía será traidora a la nación catalana; para otros será corruptora del flamenco, pero no es eso de lo que vale la pena hablar. De lo que hay que hablar es del prodigio musical. El disco es sencillamente brillante. Fernando Navarro, el crítico musical de El país, calificaba el disco como una obra maestra. Su juicio no es exagerado. Lo es. En efecto, es un disco atrevido, radical, provocador. Tiene el gancho del pop, los lamentos de blues, la llama del R&B, la aspereza del cante. Es un relato estrujante, un canto que hechiza. En su canal de youtube, puede verse al compositor Jaime Altozano desmenuzar pacientemente el genio de este trabajo. Vale la pena prestar atención a los cuarenta minutos de esta clase en donde examina las armonías y las influencias del disco, las fuentes que inspiran ritmos y efectos, las resonancias ancestrales y las novedades técnicas de la producción. El explicador resalta la complejidad compositiva del disco, la naturaleza de sus experimentos, la minucia de los contrapuntos, la riquísima fusión de géneros. Al oído atento puede insinuarse, bajo las palmas del flamenco, la ominosa marcha fúnebre de Chopin.  Rosalía, dice Altozano en esta exposición, no ha actualizado el flamenco. Creó un universo que no es solamente musical sino también visual. El par de videos producidos por CANADA que ilustra el disco completan a la perfección la estética de ese universo. Yo seguiré pegado a los once capítulos de El mar querer.

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Un comentario

  1. Marcos Hernández Rojo dice:

    …lo escuché y me rondó la cabeza, sí, entre sentirme tradicionalista, ortodoxo… pero me seguía encantando: ya! Jesús, lo dice usted con una sencillez que imanta como la música de Rosalía.

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