18, Jun 2014

El poder de la novela

El libro de Thomas Piketty que ha causado conmoción en Estados Unidos no es solamente notable por su investigación y su argumento. Como escribía hace un par de días en páginas vecinas, su trabajo sobre la economía de la desigualdad que sorprendió al mundo editorial por la cantidad de ejemplares que vendió en unos cuantos días, es un texto que captura la atmósfera del momento y da en el blanco de la ideología imperante. Pero es necesario resaltar otro elemento que aparta el libro del intelectual francés: su oído literario. La literatura es en su libro casi tan importante como su recopilación estadística.

En un artículo publicado por el Los Angeles Review of Books, el escritor canadiense Stephen Marche apuntaba recientemente que El capital en el siglo XXI puede ser el único trabajo de Economía que podría llegar a ser tomado como una obra de crítica literaria. No es que a lo largo del grueso tomo se inserten dos o tres referencias literarias como aderezo al argumento: la literatura está en el corazón del libro. Piketty está convencido que autores como Balzac y Austen capturan los efectos de la desigualdad de una forma que ninguna fórmula matemática o hallazgo empírico pudiera proyectar. Es posible cazar en fórmula exacta la fuente de la disparidad económica; puede medirse con precisión la inequitativa distribución de la riqueza; es posible registrar su evolución a lo largo del tiempo. De esa manera, los datos dibujan gráficas elocuentes de magnitudes y variaciones. Pero esa contundencia numérica palidece frente a la evocación vital de la novela. Esa parece ser la convicción de Piketty como intelectual que aspira a trascender el auditorio universitario: no hay nada tan convincente como la ficción.

Si Piketty le hablara solamente a sus colegas, la fórmula r > g sería suficiente. Ése es, en efecto, el hallazgo técnico más importante del libro: cuando el rendimiento del capital sobrepasa la tasa de crecimiento, los empresarios se convierten en rentistas y la desigualdad aumenta. La notación matemática es concluyente, objetiva, mensurable. Pero Piketty sabe que la frialdad del alfabeto económico no es persuasiva, ni es capaz de registrar la marca íntima de los fenómenos sociales. Por eso se auxilia de otro lenguaje: el lenguaje de la literatura. Sin prescindir de su denso aparato técnico y su abundante colección de datos, el profesor de Economía nutre su exposición en la novela burguesa del siglo XIX. Quienes tratan de encontrar paralelos entre la obra de Piketty y de Karl Marx no se percatan que Balzac es más citado que el autor de El capital previo y que Jane Austen ocupa en este libro, muchas páginas más que Adam Smith. Nos lo sugiere el economista: quien quiera entender lo que es la desigualdad, aprenderá más de la novela que de cualquier tratado económico.

Lo que encontramos en esta obra que ha concentrado el debate público de los Estados Unidos en las últimas semanas es la reiteración del poder de la novela. Escribió Dani Rodrik (quien, por cierto, cree que sus referencias literarias son superficiales) que este libro no hubiera suscitado tanto revuelo de haber sido publicado hace diez años. Agregaria que El capital habría tenido un menor impacto si sólo hubiera sido escrito en el lenguaje técnico del economista. La seducción de la obra es haber logrado lo infrecuente: conciliar la severidad del argumento técnico, la solidez de una investigación minuciosa con el lenguaje seductor de la ficción. Si se quiere prosperar, no es necesario desvelarse en el estudio, no vale empeñarse en el trabajo, hay que esforzarse por nacer en buen sitio.

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5 Comentarios

  1. fmgarzam dice:

    El problema Professor es que una poderosa retórica, literatura, puede ayudar a hacer fuerte y convincente a un defectuoso soporte de argumentos justificativos. Pude volverse como el comodín que convierte en bueno el que racionalmente podría ser una pésima mano de cartas (a la Erica Jong, “sex is like a joker…”). La literatura, y la imaginación desbordada por la literatura (a la Vargas LLosa en La Verdad de las mentiras) justificaron el comunismo (la gente tendría dinero en la bolsa, no habría miseria), y jutificarían el totalitarismo Chino (pos si la gente tiene dinero en la bolsa, no hay miseria).
    Entonces Picketty quiere ser el librero fin de siecle ruso, Marx y todos los novelistas rusos, al mismo tiempo.
    Todo recae en la envidia del que lee y escribe bien para el que hace cosas y las hace bien como para hacer dinero, y hasta mucho dinero. Penis envy = Pen is envy, la envidia de la pluma.
    En fin, me encuentras afilado pues he estado estudiando el daño de la tergiversación literaria a la narrativa histórica, como con buena retórica se fabrican mentiras. Lo usual mexicano (y no hablemos del muralismo).
    Algo que llamaría La Literatura y el daño causado. Mi inspiración al título viene de Neil Young The Needle and the Damage Done. La literatura como la aguja, vehiculo para el alucinógeno, las alucinaciones literarias.
    No niego que existan las diferencias, y agradezco a Picketty el haber traído el caso a la mesa. Solo advierto que hay que lavarle a la discusión de sus alucinógenos y atavismo y extremismos, estudiarla y entenderla en la unicidad de los casos y la unicidad de las ubicaciones. Usar la inteligencia y cordura.
    Lástima, ya ando volando al esperar inteligencia y cordura…

  2. JORGE dice:

    MEPARECE QUE EL ANÁLIS QUE REALIZA PIKETTY ES EXTRAORDINARIO Y DE MUCHA ACTUALIDAD.

  3. José Óscar Juárez Eslava dice:

    El lenguaje científico, o sea, la ciencia; es sólo una forma de representar el mundo, la vida, la realidad.

    Me gusta mucho el lenguaje de la ciencia; pero también me quedo la poesía, la novela, música, pintura; que describen la naturaleza y los motores del alma: que nos hacen más humanos, más reales.

  4. Celerino Menchaca dice:

    A fines del siglo pasado, un flamazo de violencia etnica en Ruanda hizo temer que se reiniciaria la destruccion sistematica de mas de medio million de seres humanos a golpes de piedra, palos o quemados vivos. Por alguna razon, el monero Calderon de Reforma penso que habia un angulo humoristico del incipiente genocidio, y publico una caricatura sobre una escaramuza entre ‘’Los jotos y los (paletas) tutsis’’. Por esa epoca, el empresario de bienes raices por la via de hechos y, a la sazon, metido a legislador circense, Marco Rascon, quiso insultar en el congreso a un colega opositor. El unico bazukazo verbal que se le ocurrio para darle ‘’donde duele’’ fue espetarle : ‘’Maricon!’’ Cuando sus propios correligionarios lo confrontaron sobre lo reaccionario de tal actitud moral, Rascon, al fin politico, contesto con la bobada mendaz de que sentia respeto irrestricto por los homosexuales y que su andanada denigrante era solo para rescatar el cascaron de sentido ofensivo original del termino, o un razonamiento de ese tenor.

    El rasgo comun de ambas situaciones es un estereotipo moral, cuya carga denigrante y de ridiculo, se alimenta del manto freatico de prejuicios sociales que persiste bajo el paisaje sociopolitico de un supuesto Mexico moderno que ya salio de su laberinto y se encontro contemporaneo de todos los hombres (y mujeres, no faltaba mas). La reaccion desaforada a la postura de la FIFA (un efecto reminescente de lo que los antiguos llamaban ‘’como un reguero de polvora’’ y los modernos ‘’como un tuitazo’’) sobre los usos y costumbres de los hinchas mexicanos indica muchas cosas, y una de ellas es la ambivalencia que hay en la imaginacion popular acerca del derecho de las personas a ejercer y expresar la inclinacion sexual de su preferencia (otro ejemplo, verificable empiricamente, surge de inmediato si uno dice como si nada en voz alta, ‘’andale, como el narcisimo entrañable y bellaco de las canciones de Jose Alfredo Jimenez’’).

    Por supuesto que el abanico de reacciones y conclusiones es muy amplio y abarca desde lo extravagante hasta lo meramente oportunista. Por ejemplo, uno de esos periodistas que llaman ‘’lider de opinion’’, observo astutamente y sin afan de sobrevalorar la importancia internacional de Mexico, que la verdadera motivacion de FIFA era crear una cortina de humo para distraer la atencion mundial de la corrupcion interna de la organizacion futbolistica. A lo mejor en Ulan Bator ceso subitamente el interes publico en la reñida campaña electoral para alcalde de la ciudad, y ahora todos los ojos estan puestos en Mexico y la zafiedad de los mexicanos, pero como que lo dudo. Del mismo modo, un comentarista profesional y añejo militante de un partido confesional, denuncio desde la tribuna de las medias verdades que el verdadero nombre de la moralina es ‘’correccion politica’’ y aprovecho vicariamente el escandalete para darle un zape a la Dresser y sus compañeros de viaje.

    Quiza ya haya por ahi algun lector atento de Bill Buford y Octavio Paz que tuvo su pequeño momento eureka y ahora esta abocado a explorar la espeleologia de los hijos de la Malinche en la cancha. O quiza el furor no dure mas alla del siguiente ciclo noticioso. Pero en todo caso, reanimó la conversacion nacional sobre un tema que debe ser conversado con mas enjundia. Hay algo de repugnante en estigmatizar mediante un epiteto a todo un grupo social con base en su etnia o clase social o preferencia sexual y demas. Pero, como en muchas instancias de la evolución natural de las palabras, desde su origen etimológico y sentido denotativo original, a la ulterior carga connotativa temporal o permanente, la actitud publica hacia el termino de marras refleja el paisaje mutante de la relación mutua de los individuos de una sociedad y de ellos hacia sus prejuicios y juicios sociales razonados. Tambien es una nota sobre el bagaje histórico de la palabra (no es lo mismo decirle ‘’limey’’ a un ingles que ‘’nigger’’ a un negro) y una función de la ubicación estructural exacta del grupo en cuestión en su relación de poder con el resto de la sociedad, relación ‘’normalizada’’ con el uso cotidiano de la palabra.

    Como parte de un acto de contrición intergeneracional, los norteamericanos (no solo los estadunidenses) remplazaron el termino ‘’indio’’ por el de ‘’aborigen’’ o ‘’nativo americano’’. Rigoberta Menchu, en cambio, insiste en reivindicar el derecho a ostentar con dignidad el termino ‘’indio’’, ‘’pueblos indios’’ (‘’Ah, si seras indio’’, dicen muchísimos mexicanos para expresar enojo ante un acto de estupidez humana). ¿Se trata, pues, de una disyuntiva similar en el caso del vocablo ‘’puto’’? Quien sabe todavía. Pero, por hacer una analogía, una cosa es cierta: intentar eliminar la palabra “nigger” de la obra de Mark Twain es, sin duda, un despropósito, porque es como ponerle una hoja de parra a un alegato articulado contra la institución estadunidense de la esclavitud, pero eso no quiere decir que este bien usarla para referirse al presidente de ese país. ¿O sí? Pues eso.

  5. Celerino Menchaca dice:

    Fe de erratas (a medias):

    Mi intencion original era poner mi opinion de aqui arriba en la pagina del articulo de hoy (“Sobre homofobia, etc”), pero el Memo Ochoa de la columna insistia en que 4 mas 8 no dan 12 y nomas no me dejaba pasar. Aqui vine a poner mis reflexiones mas bien con afan de poner a prueba qué estaba pasando, y como parece que aqui sí fue juzgado mas diestro para la aritmetica, me dejaron pasar. Pues eso.

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