17, dic 2008

Una antología sin tijeras

Es asombrosa la vitalidad póstuma de Octavio Paz. A diez años de su muerte siguen apareciendo documentos desconocidos, revisiones críticas, cartas, diversas miradas retrospectivas. Hallazgos y relecturas que celebran a nuestro clásico más fresco. Yvon Grenier seleccionó los mejores ensayos políticos del poeta. Guillermo Sheridan reconstruyó cada uno de los árboles de su infancia. Fabienne Bradu ha estudiado los trabajos del traductor. En los años recientes hemos podido asomarnos también a su correspondencia. Sus cartas a Pere Gimferrer, a Tomás Segovia y muy recientemente a Jean-Clarence Lambert han sido publicadas. Pero nadie había tenido el atrevimiento de intentar una antología general, una ventana a esa civilización que fue Octavio Paz. Ahora aparece la primera antología que cubre todo el arco de su producción ensayística y poética. Se trata de Las palabras y los días. Una antología introductoria, que preparó Ricardo Cayuela y publican el Consejo para Cultura y las Artes y el Fondo de Cultura Económica.

El prólogo de Ricardo Cayuela es discreto y esclarecedor. No obstaculiza la inteligencia ni la sensibilidad de Paz con empedrados académicos. Subraya, ante todo, la vida de un hombre que no fue monumento. Cayuela evoca la pasión crítica de una inteligencia lúcida y vehemente. Un crítico que encontró admiradores en México, pero también un hombre que fue ignorado, temido, insultado. Siempre, un personaje incómodo. Paz nunca fue un intelectual decorativo. Después lo han tratado de volver monumento, calle, premio. Su perfil quedó sellado en una moneda. Pero su figura no embonaba bien en la rueda de veinte pesos. Después de todo, el anarquista que fue, había denigrado los “números huecos” y “rebaño de espectros” del dinero. Ese es el insumiso, el intelectual combativo que revive en estas páginas. El pensador indefinible, tachado de reaccionario por los dogmáticos y de romántico por los liberales.

Toda antología es insolente. El antologador se equipa de tijeras y cercena lo que no le pertenece. ¿Con qué derecho extirpa un capítulo y lo aísla de su contexto? ¿Es válido el tijeretazo? Cuenta Milan Kundera que en el momento en que un director quiso recortar una sinfonía suya respondió enfático: amigo, no está usted en su casa. El comedimiento de Cayuela frente a los tesoros de esa casa es encomiable. Ha usado pinzas, no tijeras para componer esta antología vital. Apenas un par de textos que forman parte de una obra mayor, el resto de las piezas son ensayos y poemas de vuelo independiente.

Toda antología es también polémica. El antologador enfatiza temas, elige piezas, opta por un poema, relega otros. Las palabras y los días recorre en buena medida el inmenso arco de las mirada paciana: México y sus formas; el arte y sus evocaciones; la libertad y sus amenazas; el amor y el erotismo; la expresión poética; Oriente. Una separación me parece artificial al recorrer todas estas estaciones: la división de prosa y poesía. Es cierto que el propio Paz acató esa frontera al publicar sus trabajos y al agruparlos para sus obras completas. Poemas por un lado, ensayos por el otro. Pero, más allá de la disposición de las líneas o la densidad de los párrafos, la tinta es la misma: es el poeta del pensamiento, aquel que, como bien dijo Enrico Mario Santí, reivindicó para nuestro tiempo, los derechos de la poesía. Por eso intuyo una nueva antología de Paz que rompa con esa muralla del género para resaltar la perfecta comunicación de su caligrafía.

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5 Comentarios

  1. El Oso Bruno dice:

    Estupenda frase esa de “vitalidad póstuma” así se conoce verdaderamente a los grandes, por la vitalidad póstuma que poseen.

  2. Guillermo BA dice:

    Estimado Jesús, ha pasado un año más y leo con delicia tus escritos en el Blog, no había vuelto a comentar nada desde que suprimiste un comentario, y tuviste razón, no era sustantivo.
    Si me permites, aunque no estoy calificado para expresarlo, tus escritos son de mayor cuerpo, mayor fuerza, síntoma de tu experiencia acumulada.
    Felices fiestas…

  3. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    Respecto Octavio Paz, reproduzco un reciente artículo de Enrique Krauze y una crítica que fue censurada en su sitio de Letras Libres bajo la figura del feedback quizá (el cual queda siempre en espera de ‘moderación’), sobra decir que de plano se censuran comentarios críticos a las tesis de Krauze, y en el blog de Sheridan no se diga, censura constantemente igual.
    De cómo Venezuela nos aventaja
    Para Alberto Barrera y Cristina Marcano.
    En términos culturales, la democracia venezolana es superior a la mexicana. Lo es, en primer lugar, por el nivel del debate nacional. A despecho de su crispación y envenenamiento, en Venezuela la discusión de los asuntos públicos es más seria, variada, intensa y focalizada que en México. En la prensa, la radio, la televisión; en los cafés y restaurantes de clase media y alta; en los consejos comunales de los barrios pobres, la gente está politizada no sólo en sus opiniones sobre Hugo Chávez y su “Revolución Bolivariana” sino en aspectos que le atañen de manera directa: el abasto de alimentos, la inflación, los servicios públicos, la inseguridad. Sus alegatos no son -como los nuestros- abstractos ni ideológicos, son concretos. Los ciudadanos advierten los errores de los funcionarios y no se cruzan de brazos: reclaman soluciones y, si no las logran, castigan al gobernante con el voto adverso. Ésa es una de las lecturas de las elecciones del 23 de noviembre: un sector de la población quitó su apoyo a los alcaldes y gobernadores chavistas que no cumplieron con su encomienda. La conclusión es clara: como costumbre política, la democracia venezolana nos lleva ventaja.
    Otra diferencia esencial a favor de aquella democracia sobre la nuestra es la madurez de su izquierda disidente. Un hombre como Teodoro Petkoff no existe en México. Guerrillero en los sesenta, preso en aquellos años, Petkoff reprobó al “socialismo real” soviético a raíz de la invasión a Checoslovaquia de agosto de 1968, y a partir de ese momento dio comienzo a una compleja travesía intelectual y política. Transitó del socialismo autoritario y estatista a una elaborada convergencia entre el socialismo y el liberalismo fincada en el estricto apego a la democracia. Fundador del Movimiento al Socialismo (MAS), candidato presidencial, activista de tiempo completo, ensayista poderoso y estructurado, al comienzo del chavismo Petkoff vislumbró la regresión futura y junto con varios amigos fundó Tal Cual, el excelente tabloide que dirige y en el cual se ejerce la más inteligente crítica de izquierda al gobierno chavista. Un órgano así tampoco existe en México.
    Aunque Petkoff es el líder intelectual y político más conspicuo de esa izquierda democrática opuesta al mesianismo de Chávez y a lo que él mismo ha llamado la “izquierda borbónica”, no es el único. Su posición la comparte, con matices, un sector claramente mayoritario del aparato cultural y el mundo universitario. Artistas, escritores, científicos, creadores de toda índole, profesores y estudiantes se identifican con esa postura, no en el sentido de ver en Petkoff un candidato a gobernar sino de asimilar su pensamiento crítico y buscar una plataforma ideológica que modernice para el siglo XXI los ideales del socialismo del siglo XIX, evitando los errores y denunciando los crímenes del socialismo del siglo XX. Esa vocación social fincada en valores democráticos es característica del mundo universitario de Venezuela. Una cultura de izquierda así, una corriente universitaria así, casi no existe en México.
    Para modernizar nuestra economía, en México debemos reformar las estructuras monopólicas en la iniciativa privada, el sector público, el universo sindical y aun en ámbitos académicos. Tendría que ser precisamente la izquierda la que debería proponer esas reformas liberalizadoras, pero sigue enredada en paradigmas ideológicos del pasado (estatistas, nacionalistas- revolucionarios, priistas en definitiva), vive secuestrada por un caudillo mesiánico y carece de los órganos periodísticos y mediáticos o las instituciones académicas que comiencen siquiera a prefigurar esa cultura democrática y liberal que vibra en Venezuela. Es a ella, no a los yanquis y “pitiyanquis”, a la que más teme Hugo Chávez.
    Otros aspectos de la democracia venezolana no son menos relevantes. Uno de ellos es la participación ciudadana. Derivada del nivel de información y discusión en el seno de aquella sociedad pero motivada también por la aguda polarización de su vida política, la participación en las actividades democráticas (específicamente la más básica de ellas que es la participación electoral) es admirable. En casi todas sus elecciones concurre más del 60% del electorado. El otro aspecto tiene que ver con la libertad de expresión. Aunque el régimen impone abusivamente su agresiva presencia mediática, en Venezuela subsiste -acosada pero alerta- la libertad de expresión. Ambos polos se atacan sin misericordia, pero esos excesos son preferibles a la restricción que ahora existe en México. No otro sentido tienen las nuevas leyes del Cofipe que en el 2009 intentarán amordazar a la sociedad.
    La izquierda liberal y democrática gobernará, más temprano que tarde, en Venezuela. Esa izquierda liberal y democrática es una alternativa necesaria en México, pero en términos culturales apenas existe. Su representante más distinguido es Roger Bartra que, siendo director de El Machete en 1980, fue el único intelectual de izquierda en entablar un debate respetuoso y fructífero con Octavio Paz, justo en la época en que Paz sufría el más burdo ninguneo de nuestra “izquierda borbónica”. Hace poco, conversando con Bartra, comprendí la razón de su viraje: vivió varios años en Venezuela.
    – Enrique Krauze, 15 de diciembre
    – . –
    VISTA PREVIA del comentario de: Omar Alí Silva Alvarez [Visitante]
    Me interesa referirme a la cuestión netamente de México, Venezuela se cuece aparte.
    Cabe señalar que las posiciones como historiador, como siempre, pueden estar en riesgo de ser infundadas, pues las suyas, me parece, rayan en una pretensión que parece excesiva, y podría serlo en dos de sus sentidos: 1. En el absurdo de que no hay casi una izquierda liberal ni democrática en México, ni en los partidos ni en la sociedad y 2. En la pretensión per se. En este caso, el último párrafo es ilustrativo, por cuanto pobrísimo en argumentos, subraya lo pretencioso de posiciones por sí y –por supuesto— para lucimiento de sí.
    Cito:
    “La izquierda liberal y democrática gobernará, más temprano que tarde, en Venezuela. Esa izquierda liberal y democrática es una alternativa necesaria en México, pero en términos culturales apenas existe. Su representante más distinguido es Roger Bartra que, siendo director de El Machete en 1980, fue el único intelectual de izquierda en entablar un debate respetuoso y fructífero con Octavio Paz, justo en la época en que Paz sufría el más burdo ninguneo de nuestra “izquierda borbónica”. Hace poco, conversando con Bartra, comprendí la razón de su viraje: vivió varios años en Venezuela.”
    Gran parte de los anteriores asertos incurren en un exceso, constituyen un mero pretexto. Por decir lo menos, resulta vago tomar como referencia el supuesto diálogo –fallido— con Octavio, para legitimar o no a alguien como de izquierdas (como de izquierdas y liberal). Tal parece que no hay casi gente de izquierdas en México culturalmente, que en el ayer y en el ahora la interacción con Paz legitima como liberal y como de izquierdas. Partiendo de tales bases, entonces el simple parecer ese sí ninguneador de Usted, su mero criterio, legitima a alguien para ser culturalmente de izquierdas, ello por el simple hecho circunstancial de aparecer en la galaxia de una persona admirable por todos como Paz. Sobra citar representantes (escritores, filósofos, periodistas, poetas, activistas, etc., etc.), que podrían ser de izquierdas y liberales en México, hoy día y ayer pues, cuando Paz estaba por fortuna con nosotros, hayan tenido o no algo que ver con él. Así, tal razonamiento aristocratizante, encerrado en sí mismo, muerde la cola, per se es un lugar común y desfachatez que –por lo demás— hace un flaco favor a Roger Bartra, porque del genio y la figura, del legado de Octavio Paz, habría que perder cuidado, que como los pesos, se cuida solo.
    Por cierto, matizando, habría que recordar que ni sólo cierta izquierda, ni toda ella, ninguneó a Octavio, esa es otra falsación que, discúlpeme, quisiera pasar por veraz.
    Saludos.
    17 de Diciembre

  4. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    Evidentemente la magna obra de Octavio genera todo tipo de lecturas, Jesús Silva-Herzog Márquez acierta cuando dice que a Paz hay que verlo y entenderlo, acercársele pues, desde la perspectiva de un hombre que no fue ni quiso ser frío monumento pétreo.
    Paz, como nadie de su generación –y sin descubrir el hilo negro por supuesto— amó el matiz, matiz que muchos ahora, desde la prosa y publicaciones planfetarias, pletóricas de genuflexión analítica y loas y loas interminables, desdeñan: Tampoco es un exceso inferir que Paz erró, que lo hizo varias veces, ello quizá encuentre motivación en su estatura no poca, de gran valía, como pontífice de las letras (como bien lo describió Aguilar Camín), por la inexorable ámpula de la burbuja, idea y lectura ciertamente más liberales, y acaso más bien conservadoras, que al final de su vida le delimitaron, si no es que le atraparon.
    Habría que hacer una lectura y relectura más pausada de su obra, más cronológica –e insisto— más matizada y generacional; donde sus quehaceres como ensayista y poeta comprometido develen, hagan más justicia y universal al creador espectacular. A ese respecto, sin los empedrados académicos que dice Silva-Herzog obstaculizan su inteligencia y sensibilidad (aunque no voy muy de acuerdo con tal visión, desde la academia se encuentra un sinnúmero de buenas aportaciones), igual sin la abulia de legos oficiales ni tijeretazos interesados, son más que valiosos análisis como los de Alejandro Rozado, que trata la luminosidad poética de Libertad bajo palabra, con “Octavio Paz: la invasión nocturna” (publicado en la revista de libros de Guadalajara, Tedium Vitae, en su número 3, http://www.tediumvitae.com/?p=83) y “Octavio Paz, la izquierda mexicana y la crítica al progreso” (http://www.chilangospateticos.org/index.php?op=articulos&task=verart&aid=284). Avocándose en éste último a su haber político y ensayístico, particularmente respecto la izquierda.

  5. Bernardo G dice:

    Me interesó la reseña y fui a buscar el libro. No lo encontré por ningún lado. ¿En donde lo puedo comprar?
    Gracias

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