02, nov 2016

Graduación

En el festival de cine de Morelia pude ver una magnífica película rumana en la que tristemente podemos vernos. Bacalaureat es una película del director Cristian Mungiu que se traducirá por seguramente como La graduación. Es una cinta compleja que retrata la devastación moral de la corrupción. Un hombre que quiere lo mejor para su hija parece no tener más alternativa que emplear sus relaciones para ayudarla a escapar de la postración. El trasfondo de la historia es la decepción liberal. Una pareja de rumanos había regresado a su país con la ilusión de que las cosas cambiarán tras la ejecución del tirano. Sueñan con un país abierto y justo. Un país al que puedan ayudar, un país que pueda recompensar su esfuerzo. Un cuarto de siglo después, la pareja sobrevive entre la infidelidad y la depresión. El país no se transformó como ellos soñaban. Sigue siendo un país oscuro, asfixiante. Tras la cruel tiranía totalitaria, el imperio viscoso de la corrupción. Solo brilla en ellos una esperanza: la posibilidad de que la hija escape para estudiar en el extranjero. La desgracia es que la puerta de salida depende de otros.

Los personajes de la cinta están atrapados en el enjambre de los favores y las intimidaciones. Nada sigue el curso de las reglas porque siempre hay un atajo que alguien puede abrir, secretamente. Nadie ocupa un sitio confiable porque en cualquier momento alguien puede arrebatárselo. Nadie puede confiar en su propio esfuerzo porque éste terminará, tarde o temprano, en alguna subasta.

Todas las transacciones, desde las más triviales hasta las trascendentes son producto del favor y de la relaciones personales. Todo está a la venta. Todo, desde una beca hasta una investigación policia, desde un transplante de corazón hasta la cárcel, dependen de un conocido que puede arreglar los problemas o multiplicarlos. Una sociedad de estafadores es un sociedad dedicada al ocultamiento cotidiano, a la simulación. Una sociedad de lo perpetuamente inconfesable. La corrupción no es solo la trampa que otorga ventajas indebidas, es también la excusa que justifica los fracasos. Es, sobre todo, una red que lo envuelve todo y lo envenena todo. Si la corrupción es, en lo más elemental, pudrimiento, es un gusano que carcome no solo lo público sino también lo íntimo. Cuando la trampa se convierte en hábito y regla, no hay espacio para la confianza. La confianza en el otro, hay que decir, pero también la confianza en uno mismo. El sentido del mérito y del esfuerzo se envilecen. La corrupción pudre el valor del mundo. Al tráfico de los favores se subordinan los bosques, la seguridad de los niños, la vida de los viejos, la belleza de las ciudades.

La vida de los otros, la extraordinaria película alemana sobre el espionaje de la Stasi, corría en paralelo en mi cabeza al ver la cinta rumana. Ambas muestran brillantemente los efectos de las perversiones políticas en la vida cotidiana. La confianza, el talento, la creatividad, el amor triturados por las obsesiones y los vicios de la política. Sin embargo, la cinta rumana no tropieza con el optimismo ni la moraleja. La cinta que le mereció a Mungiu el premio de mejor director en Cannes, sugiere que la corrupción tiene una dimensión trágica: es una lucha sin victoria posible. Para escapar de la corrupción hay que volverse su cómplice. No hay salida, parece ser la lección final. Aún quienes buscan una alternativa a su degradación se ven forzados a rendirle tributo.

Bacalaureat o La graduación es una película necesaria en México. Ojalá salga del circuito de los festivales y se muestre en nuestras salas comerciales. No es que ofrezca soluciones a nuestra peste. Es que nos retrata en el distante espejo rumano.

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4 Comentarios

  1. Magos Gatell dice:

    Sr. Jesús Silva-Hersog Márquez:
    Me gustan mucho sus textos tanto los de su blog, a los que me he aficionado, como los que algunas amistades me comparten del periódico Reforma.
    El análisis que hace de la película rumana me parece muy certero y lastimosamente aplicado a nuestra realidad nacional, como lo menciona.
    Gracias y ¡Felicidades! por su gran inteligencia y amplia cultura.

  2. José Carlos Villegas dice:

    En la que tristemente podemos vernos… Realmente no hay salida? ya somos todos parte de este monstruoso engranaje?

  3. Alberto Martínez Hidalgo dice:

    Siempre qué haces una sugerencia para ver alguna película, ésta viene acompañada de comentarios que nos permiten apreciarlas de otra manera, lo cual se agradece.

  4. Arturo Hernandez Sdo dice:

    Muy estimado Sr Silva -Herzog.
    No dudo, que la película sea interesante,y con la semblanza que tan acertadamente hace se esta, el día de hoy me gustó muchísimo su comentario de “México no es un terreno baldío”.

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