16, Jul 2008

La tiranía de la literalidad

Obama_corto_2El episodio de la portada es una cápsula de los embates contemporáneos al humor. Si la modernidad era una apuesta de la razón, lo que quiere sustituirla es una apuesta de la sensibilidad. Postergar el juicio y adelantar el sollozo. Sustituir la reflexión por la indignación. Se nos invita entonces a sacrificar una forma de inteligencia ácida que no puede dejar de ser combustible. No es casualidad que los malhumorados sean frecuentemente tontos. Son incapaces de percibir el doblez del humor, las sutilezas que se esconden detrás de lo notorio, el pellizco que se disimula en el cojín. Por ello la tontería de lo correcto nos convoca a una solemnidad permanente: esto no es chistoso nos dicen muy señudos. Todo lo que pensamos, todo lo que decimos, todo lo que escribimos, todo lo que dibujamos debe pasar la prueba de la ofensa. ¿Hay alguien en el mundo que pueda sentirse ofendido? Si alguien levanta la mano y dice: esto me lastima, esto me desacredita, esto me hiere, debemos callar.

Es preocupante que seamos cada vez más incapaces de entender el mecanismo de la sátira. Gary Kamiya apuntaba que lo que revela la irritación generada por la caricatura es la muerte del sentido del humor de los liberales norteamericanos. El asunto rebasa, por supuesto, las fronteras de los Estados Unidos. Nos amenaza un imperio de literalidad que pone en peligro la ironía. Nos amenaza también un imperio de sensibilidad que pone en peligro el sentido común.

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10 Comentarios

  1. Ah, y la propuesta de censura viene, a veces, desde voces liberales… O que se dicen liberales.

  2. paula dice:

    Estoy de acuerdo, el escándalo está fuera de proporción, pero percibo una contradicción. Censurar al indignado puede ser tan nocivo como censurar al burlón. Tanto tienen derecho unos a llorar como otros a reir. La clave está en no permitir que cualquier tipo de expresión sea censurada ya sea por miedo a ofender o por miedo a parecer tontos malhumorados.

  3. Ok. La sátira no debe de ser censurada. ¿pero acaso no hay un límite a la ofensa o al insulto? ¿Qué no podemos a aspirar a una vida en la que no seamos sistemáticamente humillados para mermar nuestra capacidad de acción en la sociedad en la que vivimos? ¿qué pasa si soy objeto de burla cuando no quiero serlo, y eso limita mi libertad para relacionarme con otros y hacer la vida que yo quiera? La burla podrá tenar un conjunto de virtudes, pero sin duda no tiene nada inherentemente saludable. Como cualquier otra cosa, sí puede ser un instrumento de discriminación, odio y violencia.

  4. baakanit dice:

    “El episodio de la portada es una cápsula de los embates contemporáneos al humor”
    Me sorprende que el New Yorker, una revista tan prestigiosa tenga que recurrir a semejante caricatura para poder vender. It’s lame. Como dirían los americanos. Nada se puede hacer, se entiende la situación en la que están, con esta crisis, hay que ser creativos, para poder hacer que te compren la revista que comercializas.
    Mucha gente simplemente no puede aceptar que Obama está tan cerca y hacen hasta lo imposible para desviar la decisión de los votantes. La gente del New Yorker, tendrá luego que satirizar a Mccain, para recuperar su buena imagen, para ser justos.
    Saludos, lo felicito por su blog y el material que nos ofrece.

  5. Creo que el problema, señor Lajous, viene de esos límites que usted menciona. ¿Quién decide cuál es el límite de lo aceptado/aceptable?
    Por eso mi asombro cuando desde posiciones liberales se empieza descalificar las caricaturas por ofensivas. Que muchas de ellas sean eso -especialmente las políticas- es inevitable.
    ¿Qué sería de nuestra prensa sin las caricaturas de Paco Calderón que retrata a AMLO como un patito cuya banda presidencial es un rollo de papel desechable? ¿O a Encinas como un gato gordo cuyo ano forma el símbolo del PRD? ¿O las muchas caricaturas de La Jornada, con Calderón -Felipe, claro- retratado como un enano malhumorado rodeado de cerdos, sangre y estiércol?
    ¿Son ofensivas? Sin duda. ¿Son divertidas?: a veces sí, a veces no. (De hecho, yo prefiero las de Magú, que son menos radicales y mucho más chistosas; las de Naranjo, siempre tan seco y preciso; y las de Paco Calderón, siempre que no sean tan escatológicas, pero son gustos personales).
    ¿Estas caricaturas provocan molestia, indignación, enojo, entre unos y otros, entre panistas y amlistas de hueso colorado? Supongo que sí. Pero, ¿eso debe pararse? ¿Con qué criterios? ¿El gusto personal? ¿El no ofender a nadie?
    Ahora bien, ¿no es saludable la burla…? Mmmmm. No lo sé. Creo que a veces sí. La Presidencia Legítima se caricaturiza sola y la relación de Calderón con Elba Esther merece ser objeto de burla (aunque sea una tragedia, pensándolo bien).
    Insisto: me sorprende que voces liberales se desgarren las vestiduras por todo esto. En fin.
    Saludos

  6. Gabriel Glz dice:

    Entonces si es chistoso es válido e inteligente. Si es solemne es tonto.
    Si algo te ofende es tu culpa, por bobo.
    Qué profundo.
    Ahora la comedia escatológica norteamericana tendrá que ser forzosamente graciosa.
    Por cierto ¿dónde está lo sutil en la caricatura de Obama? ¿dónde el doblez del humor atrás de lo notorio?
    Parece que lo que denuncias es que alguien se sienta afectado por X cosa.
    Curioso, hace no mucho en uno de los comentarios alguien te descalificaba por haberte mostrado emocionado con uno de los discursos de Obama. Es decir, no por tu opinión, sino por haber sentido algo y haberte atrevido a mostrarlo.
    Igual que tú ahora, no discutes un criterio para juzgar a la caricatura. Descalificas a quien algo siente, y lo que siente, y su atrevimiento de hacerlo público.
    Signos de la posmodernidad, la pasión y la sensibilidad como defectos. Y lo grosero como virtud.
    Nada debe ser censurado excepto los sentimientos: El Mundo Feliz.
    Saludos
    Gabriel Glz

  7. Así así como una posición liberal a secas…por lo menos no de mi parte. A mi me fascinan los calificativos y neologismos que muestran que el liberalismo como todo es imperfecto, modificalble y limitado.
    Yo no descalifiqué nada, y sí me pregunto sobre los límites que nos inventamos sobre las cosas. ¿qué no debe de ser exactamente esa la discusión? Sólo el dogmatismo liberal, ese sí censor, sostiene que discutir los límites de las libertades absolutas se equivalente a desgarrarse las vestiduras.
    Tomar el liberalismo a la letra, es decir aceptar la tiranía de la literalidad, sin medir consecuencias, puede ser una buena manera para poderse decir en público liberal, sin embargo nada más no suena como la mejor manera para lidiar con el mundo, que pese a las discusiones ideales sobre el liberalismo, sigue existiendo.
    Será un error sustituir la reflexión por la indignación, pero también el liberalismo de chicotazo por la inteligencia. Nada reflexiona el que dice “la libertad de expresión no tiene límites sin importar las consecuencias”, nada de inteligente tiene el que no cuestiona sus propios principios.
    Qué si me gustan las caricaturas. Sí y mucho. Qué si AMLO se ve bien de patito, no hay duda. Que si Calderón da risa dibujado como enano rodeado de estiércol. De acuerdo. Y sin duda Magú es el mejor de todos (dibujó a Alberto Begné como cerdito). Nada más no esperemos que AMLO sea amigo de Paco Calderón, ni Felipe Calderón de La Jornada. ¿alquien dijo multen al New Yorker, alguien dijo ciérrenlo para siempre, alguien dijo cuelguen a los caricaturistas en plaza pública? ¿si Obama es presidente los va a perseguir y mandar a Guantánamo? ¿y si alguien lo dijo, va a suceder?
    Creo que es más sencillo que eso, y hasta cabe en el liberalismo a secas. Un montón de gente dijo y dice, en el ejercicio de la libertad de expresión, “Eso no me gusta, eso está mal, no se lo recomiendo a nadie, es mala caricatura, es una estupidez, es de mal gusto, eso no lo hace bien a nadie, es una mala estrategia,eso me cae mal, eso me ofende, eso me duele, ya no voy a comprar esa revista, etc…” ¿Cuál es el problema, son malos argumentos?
    ¿A poco ahora los liberales son los que van a decir que sólo ciertos argumentos son válidos en público y no otros? Por que si eso van a hacer, como muchos ya hacemos, bienvenidos a un lugar menos liberal del que creen que están.
    ¿quién decide? No lo sé, tal vez nadie, o tal vez cada persona con criterios formados en discusiones colectivas, tal vez decide el paso del tiempo, o tal vez decide un chispazo de suerte. ¿quién decide que existe la propiedad privada? Estoy seguro que no fueron ni votantes, ni blogueros, ni individuos, ni el estado. ¿pero qué no para eso son las discusiones? para que el día que alguien tenga que decidir, por lo menos reflexione y no sólo responda de chicotazo con una burla o repitiendo un dogma.

  8. León Krauze dice:

    Querido Andrés…escríbeme! Me gustaría estar en contacto.
    leonkrauze@hotmail.com

  9. Manuel García Rendón dice:

    Los únicos límies para el ejercicio de nuestras libertades y derechos son las libertades y derechos de los demás.
    ¿Tienen derecho los demás a que los respetemos? Desde luego que si, a menos que los demás no se respeten a si mismos.
    ¿Tenemos derecho a ridiculizar a los demás? Si, sólo si, los demás se ridiculizan a si mismos.
    Saludos

  10. Isabel dice:

    También hay que decir una cosa, si alguien se mete a la vida pública tiene que se consciente de que será objeto de burlas, no importa de que ámbito sea, se trata de gajes del oficio.
    Por otro lado, la capacidad de entender las sutilezas del lenguaje, como es la la ironía, son verdaderas desgracias. Pensamos con el lenguaje y con el lenguaje vivimos. Me parece lamentable cada vez que alguien no entiende una ironía o una exageración, pues el uso de un lenguaje que nos permite decirlo todo (lo posible, lo imposible, el pasado, el presente y el futuro) es lo que nos distingue de los animales.
    Por si fuera poco está extraña sensibilidad donde todo es sujetable a ser políticamente incorrecto, está creando más eufemismos de los que podemos soportar. Nada más piensen en cuantos se necesitan para nombrar la vejez, lo peor del caso es que el eufemismo con el tiempo se convierte en algo peyorativo. Lo cual me lleva a pensar que los que estamos mal somos nosotros, al no aceptar la vejez como algo inevitable y por lo tanto natural y no sujeto a las leyes de la política o de la corrección social.
    En conclusión, yo sí estoy de acuerdo que la literaridad se está convirtiendo en una carga que sólo retrasa el progreso.

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