18, Abr 2018

La utilidad de lo inútil

En uno de sus ensayos, Montaigne sostiene que el sentido de la caza no es la presa sino su persecución. “El mundo es solo una escuela de indagación. La cuestión no es quién llegará a la meta, sino quien efectuará las más bellas carreras.” La metáfora de la cacería le servía al ensayista para reflexionar sobre el conocimiento que siempre se nos escapa. Buscamos el conocimiento aún sabiendo que no lo encontraremos jamás. Montaigne quizá anticipaba también esa tiranía de la utilidad que niega valor a lo más preciado: el paseo.

El escepticismo de Montaigne es buena vacuna contra la idolatría de lo práctico. El inventor de herramientas no puede volverse esclavo de su invento. Nuccio Ordine publicó un ensayo breve hace unos años precisamente contra ese fanatismo de nuestra era. Lo publicó El acantilado hace un par de años y lleva por título La utilidad de lo inútil. Es más útil, por supuesto, un desarmador que una sinfornía, una taza es más servible que un poema, un taladro nos ahorra tiempo, mientras que un ensayo filosófico puede causarnos una ansiedad interminable. La prédica del momento decreta que un saber sin beneficio es inútil si no es que francamente pernicioso. Lo inútil es un lujo o tal vez una distracción que no tiene cabida en estos tiempos veloces.

Ordine defiende lo inútil del sermón de la rentabilidad. “Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero cxanto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, solo seremos capaces de produciur una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en ese momento, cuando la desertificación del espírtiu nos haya ya agotado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante homo sapiens pueda desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad.”

El manifiesto de Ordine es, en realidad, una libreta de citas con comentarios al margen. Los enlaza la convicción común de que existen saberes que son fines en sí mismos y que es precisamente su carácter gratuito, su naturaleza desinteresada la que sirve de contraste indispensable en este tiempo dominado por el impulso comercial y el afán práctico. Nikolaus Harnoncourt defendía el derecho al arte. Todos debemos tener acceso a la pintura, a la poesía, a la música. Negarle a un niño ese derecho sería mutilarlo espiritualmente. Alguna utilidad tendrá lo inservible en tanto expande la vitalidad humana. “¿Qué habría pensado Albert Einstein, preguntaba el director, qué habría descubierto, si no hubiera tocado el violín? ¿No son las hipótesis atrevidas, las más fantasiosas, las que sólo alcanza el espíritu imaginativo—para que luego puedan ser demostradas por el pensador lógico?” La música no fue solamente pasatiempo para el físico: era uno de los recursos de su pensamiento. Cuando la lógica se atrancaba, tocaba el violín y encontraba una salida. Einstein sabía entrar en la otra lógica del mundo.

No hay nada más útil que las artes, decía Ovidio … porque no tienen ninguna utilidad.

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4 Comentarios

  1. Amelio Robles dice:

    En el primer párrafo, quinto renglón, dice «ensayita», debe decir «ensayista».

  2. Isabel Po dice:

    Jesús, disculpe la antipática corrección: extraviada está mal escrita en el tercer párrafo. Como siempre, un placer leerlo.

  3. admin dice:

    Muchas gracias por las correcciones. Saludos…

  4. W dice:

    Ya no hay Montaignes. Me hubiera gustado ver su vida en el mundo del celular y de las 100 cosas que hacer al día. Si la propiedad era su caballo de Troya, no sé cómo vería la tecnología y la obsesión con la eficiencia del tiempo.
    A veces ni los typos dejamos pasar con tranquilidad. Prisioneros de la lógica en el mundo de idealización del zen, otra dicotomía moderna.
    Esta sección de comentarios es parte integral de la premisa del artículo. 🙂
    Tengo 10 años de tomar clase contigo y una espinita de visitar como oyente desde entonces. El blog es buen sustituto imperfecto. ¡Abrazo!

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