12, Mar 2014

La vanidad de la palabra

La significación del silencio puede ser el ensayo más sutil de Luis Villoro. Una admirable muestra de su lucidez, de su profundidad, de su soltura. Al hablar del silencio, el filósofo toca las fuentes y los bordes del lenguaje; las posibilidad de la palabra y el ámbito de lo inefable.

El lenguaje, sospecha Villoro, pudo haber nacido como un consuelo. Incapaz de sujetarlo todo, el hombre inventó la palabra. Trató de atrapar algo y, al no lograrlo, le impuso nombre. Primero lo señaló con el dedo, luego lo bautizó con un sonido. No podré cazar al tigre pero, al nombrarlo, lo hago un poco mío. El lenguaje conforta también porque elimina el carácter singular de lo innombrado. Sin lenguaje todo es nuevo, único, sorprendente, aterrador. Antes del verbo, el mundo es una selva de lo insólito. Tras ser nombradas, las cosas encuentran sitio y régimen: el mundo se ha hecho habitable. Tal vez el alivio de las palabras encierra también cierta vanidad, un despropósito: creer que el lenguaje puede comunicar toda verdad y que sólo el lenguaje la expresa. Villoro advierte en ese ensayito que el silencio habla y que, a veces, dice lo que sólo en silencio se puede decir.

El silencio del que habla Luis Villoro no es la trama del lenguaje, ese vacío que la voz llena con palabras. Ese silencio que es envoltura y zurcido de palabras no dice nada. Importa, desde luego, pero sólo como condición del lenguaje. Ese silencio es solamente la puntuación del discurso. Pero hay otro silencio que es un decir callando. El silencio (y tal vez la música, agregaría) expresa la insuficiencia de la palabra. El silencio calla la voz porque la advierte inadecuada, impertinente, ridícula. Callar puede ser el reconocimiento de que hay experiencias humanas que escurren al verbo. Nada como el silencio puede expresar el asombro del mundo, dice Villoro. Enmudecer puede ser decoro, respeto, reverencia.

“Todo lo inusitado y singular, lo sorprendente y extraño rebasa la palabra discursiva; sólo el silencio puede “nombrarlo”. La muerte y el sufrimiento exigen silencio, y la actitud callada de quienes los presencian no sólo señala respeto o simpatía, también significa el misterio injustificable y la vanidad de toda palabra. También el amor, y la gratitud colmada, precisan del silencio.”

No hay palabra que exprese lo que el silencio dice en ciertas circunstancias. Decir que no se tienen palabras es ya decir demasiado. Por ello en silencio (o musicalmente) se puede hablar de lo sagrado. Villoro relata para ilustrarlo, una parábola védica. Un joven le pide a su maestro que le explique la naturaleza de Brahma. El maestro calla. El alumno insiste y vuelve a obtener, de su guía, el silencio. En la tercera ocasión, implora por la enseñanza. El maestro contesta: no entiendes: Brahma es silencio. Esa es la conclusión de Villoro: ninguna palabra es capaz de describir lo radicalmente extraño: “el puro y simple portento.”

El mundo no cabe en las palabras. Frente a eso que George Steiner llama el  “imperialismo del lenguaje” corresponde, en ocasiones, la dignidad del silencio.

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2 Comentarios

  1. Marco Zárate dice:

    En su libro Conciencia sin fronteras, Ken Wilber indaga sobre el nombre de las cosas. Al nombrarlo lo diferencia de lo que existe. El nombre crea un límite, una división. En el libro Conversaciones con Kafka, éste le refiere a Gustav Janouch, quien ha tenido un encuentro desagradable con una mujer, que fue bueno que no le dijera nada, al contrario de lo que él quería -reñirle-, Kafka le señala: no sabe la fuerza que tiene el silencio.

  2. A dice:

    Y cuando todo lo demás falla, pues al carajo.

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