09, Ene 2019

Migajas 2018

“La tarea del ojo derecho es mirar al telescopio, mientras que el ojo izquierdo mira en el microscopio.” Leonora Carrington ubicaba en ese estrabismo el genio de su imaginación. Lo diminuto y lo remoto se transfiguran en esa hechicería donde la luna es el ombligo de nuestras rotaciones y el cielo el imán que seduce a todos los cuerpos. De ahí también su fantástica zoología. La extraordinaria exposición que celebraba los cien años de la artista que ahora puede verse en Monterrey, capturaba todas las expresiones de su creatividad. Los lienzos, las máscaras, los títeres, los murales, los bocetos, los relatos, las cartas. A Tere Arcq y Stefan van Raay debemos la curaduría de este acontecimiento. En uno de los muros de la exposición podía leerse una doble revelación de sus ensueños: “Si hay dioses, no los creo de forma humana, prefiero pensar los dioses en forma de cebras, gatos, pájaros. Un prejuicio mío. Pero si se mueve alguna divinidad adentro del animal humano, es el amor.”

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 De Ida Vitale:

No respiran los pájaros:
por su canto respira el mundo.

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Las ilustraciones de Paul Sahre para el artículo publicado por el semanario del New York Times eran perfectas. Una botella con una etiqueta que anunciaba su vacío: Este frasco no contiene nada. Aplíquese diariamente hasta que los síntomas desaparezcan. Otro retrataba una medicina imaginaria: Placeborol. Refrigérese (o no). Las estampas acompañaban un artículo de Gary Greenberg sobre los placebos. ¿Y si el efecto placebo no es una farsa? El texto invita a tomar los chochos con seriedad. Sí: una pastilla de azúcar puede curar. O, por lo menos, ayudar a curar. Los descubrimientos recientes son una cachetada a los prejuicios de la modernidad: si un paciente se toma un vaso de agua con tres gotas de agua por prescripción de un médico al que respeta, tenderá a mejorar. Importa poco la sustancia. Cuenta la autoridad y la atención. Y si a una medicina se le cuelga un nombre rimbombante, tendrá un impacto mayor que si recibe un nombre ordinario.

Tal vez, sugiere, Greenberg, las tabletas inocuas activan una respuesta biológica al cuidado del otro; el celebro se enciende con la preocupación y el esmero de quien prescribe una pócima, desatando con ello una estela de reacciones fisiológicas. Si la mente es persuadida, el cuerpo sigue su pista. La mismísima escuela de medicina de Harvard ha creado un programa de estudios sobre los placebos. Su director sostiene que la curación de las enfermedades humanas no puede seguir siendo entendida como el uso mecánico de ciertas herramientas o el ciego suministro de sustancias. La relación entre el paciente y el médico (o el curandero, o el brujo) es determinante. Lo entendió bien Paul Valéry, un poeta, hace tiempo: los médicos usarán la ciencia pero no son científicos.

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Lo mejor que vi en pantalla en el 18 (además  de Roma, por supuesto, que se cuece aparte) fueron series documentales destinadas a la televisión más que a las grandeas salas. La primera, Wild, Wild Country, registra la aventura del gurú Bhagwan Shree Rajneesh (a quien se le conoció después como OSHO) en un diminuto pueblo de Oregon para fundar una comunidad utópica. La historia no solamente confronta a los seguidores del gurú con los pobladores originarios. También muestra las fricciones interiores, los delirios de los fieles, la ilusión sincera y los terribles permisos que toda secta se concede. Pocos personajes tan fascinantes, tan magnéticos como los que aparecen en esta serie de los hermanos Maclain y Chapman Way producida por Netflix. También ahí puede verse la serie monumental de Ken Burns sobre la guerra de Vietnam. Un lamento en diez episodios y dieciocho horas que recoge testimonios de los dos extremos del conflicto: delirios del poder y lágrimas. Locura, autoengaño, mentira y duelo.

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A cincuenta años del año que cambiara la vida de Octavio Paz, aparece un sitio en internet que aspira a recoger todas las cosas pacianas. En zonaoctaviopaz.com pueden encontrarse cartas, fotos, poemas, ensayos, conversaciones, entrevistas. Lecturas del poeta: lo que él leyó y lo que en él se ha leído. Ahí podrá encontrarse una nota, por ejemplo, de Jorge Cuesta hablando de un joven de veinte años. Y su presagio: “Octavio Paz tiene un porvenir.”

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6 Comentarios

  1. Maria Isabel dice:

    Felicidades por el texto.
    Excepto Wild Wild Country (que veré cuanto antes) he disfrutado y coincido con todas las demás opiniones.
    Saludos

  2. teresa serrano dice:

    La homeopatia no es agua, no es un recurso psicológico, es una medicina ancestral que si cura.

  3. Maira Setién dice:

    cuando Harvard llega a la medicina de frontera, y por conflicto de interés, mejor le llama placebo…

  4. Jaime Bárcena López dice:

    He leído en el lugar el abordaje sin abordar, por el(os) autor(es) los temas elegidos, solo superficial manoseo sin aportar algo sustantivo ni del tema ni del autor ni el propio. Esto de lectura entre cuates en un “club de Tobi” “culto””. si me hace pensar cuanto ignoro y lo mismo no he leído. quizá a lo mejor me he ahorrado tiempo perdido queriendo entender intelectos inalcanzables y hasta quizá entrellos mismos suceda esa ausencia de comprensión, porque miro de sus obras y comentarios poco casi nada rescata este neófito lector. que de la propiedad de la materia, busco Cual Presencia De Dios en todo y; hay ausencia plena, aunque los inteligentes ángulos de abordaje como el estrabismo de la Carrington por ser basta y algo interesante su obra mueve los reflectores a leer la nota, sin encontrar aportación alguna de la obra de la autora. Y, menos de los contenidos expuestos. Estimo conveniente aflorar agradecimiento por la oportunidad de garrapatear otra confusa opinión, mas que las de los comentarios leídos me disculpo por mi lego comentario que aquí he externado: jb

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