22, sep 2010

Notas sobre el duelo

Barthes y su madre Unas horas después de enterrar a su madre, Roland Barthes se preguntaba por qué no se hablaba de ese momento único y terrible. El escritor había vivido más de sesenta años a su lado y de pronto sentía su ausencia como una sordera perfectamente bien localizada. Su oìdo oía el ruido de los coches, y el rechinar de las puertas pero no podía escuchar esa voz que conocía a la perfección. Si se habla todo el tiempo de la primera noche de bodas, ¿Por qué no se registra en nuestro lenguaje común la primera noche del duelo? La luna del luto. Desde aquel momento, Barthes empezó a recoger apuntes en tarjetas sueltas sobre el vacío de su madre. La muerte le robaba cualquier otro tema. No podía escribir más que del "atroz país del duelo," pero a nadie podía compartir sus manuscritos. El enterrador del escritor entregado a la más íntima de las escrituras. 

Existe una traducción al español de esas fichas, pero yo las he descubierto por la versión
que el New Yorker acaba de publicar. Son líneas que despuntan entre silencios dolorosos. Barthes escribe con miedo de hacer literatura del dolor pero convencido, al mismo tiempo, que el sufrimiento es fuente de la literatura. Cada uno tiene su ritmo de sufrir. La experiencia puede ser una de las más intensas en la vida de un ser humano pero no deja de ser inestable, como cualquier otra emoción. Una palpitación intensa pero irregular. Lo más desconcertante del duelo es precisamente su carácter discontinuo: el pesar se entrelaza con un extraño despertar, el brote de una nueva percepción, la reinvención del futuro. El golpe, por ejemplo, afina el tacto del doliente. Barthes se descubre de repente en la calle apreciando como nunca la belleza y la fealdad de los paseantes. La luz de los eclipses. 

Barthes reflexiona sobre la sombra de la muerte en el sobreviviente y las palabras que nombran esa nube. Inconstancia de sensaciones, ambigüedad del lenguaje. En la literatura de Barthes, las cosas y las palabras forman parte de un mismo universo de comunicación: los sustantivos y los verbos, el vino y los detergentes hablan. En la frase "Ella ya no está sufriendo", ¿a qué, a quién alude la palabra "ella"? ¿Qué sentido tiene el gerundio de la oración? “Duelo” le parece una palabra psicoanalítica. No estoy en duelo, dice, sufro. Desesperación es un término teatral: una piedra. En una tarjeta fechada el 11 de noviembre de 1977 define perfectamente la experiencia de la soledad. La soledad es no tener a nadie en casa a quien avisarle que regresas a las 7.00; nadie a quien decirle "ya llegué." Pero esa soledad es sobrevivencia y, en algún sentido, renacimiento. Barthes se pregunta si esa capacidad de vivir sin alguien significa que la amabas menos de lo que pensabas. Pero el sobreviviente no queda indemne–mucho menos fortalecido. Pensé que la muerte de mi madre me haría más fuerte pero en realidad he quedado aún más frágil, en estado de abandono. Ahora que mamá murió, apunta, tengo a la muerte frente a mí. Sólo el tiempo me separa de ella. 

En una tarjeta apunta: 

    –¡Nunca más, nunca más! 

    – Y, sin embargo, ahí hay una contradicción: el "nunca más" no es eterno porque morirás un día. 

    –"Nunca más" es la expresión de un inmortal.

Barthes - ficha

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Un comentario

  1. FMGARZAM dice:

    Proffesor,
    De mí, alguien que no le sabe y para quien lo Francés existe solo para el hedonismo, que casualmente empezaba a releer las lineas de la novela cuando se dio la inesperada muerte de su madre, surge la pregunta:
    ¿Acaso no es El Extranjero el relato de un duelo inexistente?
    Volviendo a Barthes. Veo en él una Mamítis muy parecida a la de nosotros los Mexicanos por la patria.
    Patrióticamente Edípicos, pero no dejamos de literalmente (pardon) chingar a nuestra madre. Y como ya sabemos ya muchos anticipadamente se sacaron los ojos. No ven.
    En cuanto a duelo como “palabra psicoanalítica” quisiera llamar tu atención a las dos acepciones. La otra el enfrentamiento entre dos, personas o grupos.
    Tal vez el pesimismo no es más que el duelo anticipado al resultado de los actuales duelos.
    No se necesita de un Homero, para recordarte del país de los que asesinan (o aturden) al mensajero de las advertencias.
    El más lúcido agresor te dirá que inútilmente lloras antes de que te duelan los chingazos (pardon encore). Aunque se sabe realidad el que vayan a venir.
    En fin. Tal vez sea mejor no saber ni donde estas, ni a donde vas. Sin mando no hay errores de viraje como le achacan ahora al Titanic.
    Rumbo. He tratado de encontrar pistas en Santayana, Zaid, Judd, y la Retroprogresión de Salvador Paniker, hasta en el orden antes del caos. Solo veo retroregresión.
    ¿Será la progresión Mexicana de civilizados imperios nativos, colonización-sincretización, independencia, intento liberal, revolución, a disolución?
    Entonces ¿Donde están los culpables (del antiguo delito) de disolución social?

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