10, feb 2016

Respira… sigue respirando

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Hay una escena hermosísima como tantas otras en The revenant, que de alguna manera captura el sentido de la película. No es la del oso, ni la del segundo parto. Tampoco la de la de los flechazos o alguna persecución trepidante. Hugh Glass, el sobreviviente, ha superado alguna prueba terrible y camina sobre un río congelado. La cámara sobrevuela al personaje y muestra la ondulación por debajo del hielo. Una alfombra de agua viva bajo un bloque de hielo transparente. Por momentos parece que el hombre camina sobre al agua. Sobre el líquido que fluye, una dura costra de hielo. La película es eso: un constante equilibrio de elementos, una rítmica sucesión de contrastes.

Un hombre carga su cadáver por el invierno más inclemente. Más que sobrevivir, renace. La película de Alejandro González Iñarritu podría ser una más de muchas películas olvidables. Es otra historia de entereza, una metáfora de la fundación de un país, épica de la venganza, una orgía de violencia, un himno al esplendor y la crueldad de la naturaleza, alegoría de una ruta espiritual, otro western de sangre y muerte, balas y flechas. Es todo eso pero lo es de forma extraordinaria. Lo es, seguramente, porque es el trabajo de un cineasta en pleno dominio de su lenguaje. En condiciones extraordinariamente adversas, el director ejerce el control absoluto de su mundo. No vemos actores actuando frente a una cortina verde. El director fue de un extremo a otro del planeta para cazar la luz del invierno. El bosque se rinde a su libreto o, quizá sea al revés. Una ambición desmedida y un talento que le alcanza el paso.

La ambición del artista radica también en la confianza para reinventarse. Hay, por supuesto, perceptibles líneas de continuidad en la filmografía de González Iñárritu pero difícilmente podría encontrarse mayor contraste que el que existe entre sus últimas dos cintas. Birdman es una ratonera en los sótanos de la urbe, el laberinto de la vanidad. The Revenant es la inmensidad de la naturaleza, el desamparo. Una se regodea en su retórica, la otra es elocuente en la mudez. Un suicida y un sobreviviente. Como en todas las escenas de su cine: extremos vitales.

The Revenant es una película sobre el drama de respirar: “mientras puedas jalar aire, pelea,” le dice el protagonista a su hijo. “Respira… sigue respirando.” La película misma es aire que entra y sale de la nariz. Se escucha desde la primera escena ese ahínco respiratorio. El espectador se instala dentro de los pulmones de los personajes. Con el ir y venir del aire se escribe la puntuación de la película. El mundo brutal de los hombres encuentra respiro en la impasible serenidad, la aterradora indiferencia de la naturaleza. La pantalla se llena de amenazas para descargarse después en escenas de quietud. El genio de Lubezki da vida a esta cinematografía respiratoria. Después de perder el aliento al sentir en carne propia el caos del acoso y la muerte que acecha, el remanso de la naturaleza. Los hombres huyen y se cazan: los árboles se columpian. Los hombres se traicionan, la nieve cae. Los hombres odian, las piedras, los ríos, los animales se prestan de cuna.

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5 Comentarios

  1. Lourdes Herrera dice:

    Qué manera de escribir, qué manera de describir,,, “El bosque se rinde a su libreto o, quizá sea al revés.” y “Los hombres huyen y se cazan: los árboles se columpian. Los hombres se traicionan, la nieve cae. Los hombres odian, las piedras, los ríos, los animales se prestan de cuna.”

    La película, una obrita de arte

  2. Rafael Rangel dice:

    Finalmente otro punto de vista, diferente al de los cangrejos de la cubeta, esos que ven salir a su igual y lo jalan pa’l fondo.
    En sus críticas esos otros, con argumentos anacrónicos y académicos, a quien buscan descalificar es al orquestador de semejante película, sí petulante, sí arrogante, pero sin duda, sí talentoso.
    Todas sus películas me parecen sobradas, impostadas, sin verdad, pero esta última me hizo comprender, lo que le hacia falta era encontrar a su personaje, a sus personajes, en el contexto adecuado, una historia semejante a su intensidad autoral, la encontró en ese infierno helado y blanco, y bello.

  3. Victoria Frey dice:

    Me encanto la pelicula y me encanto la nota. La elocuencia de la descripcion y mas alla de eso…de la interpretacion, me ayudo a comprender algunos de los simbolismos de la pelicula, que fueron muchisimos, Birdman me gusto pero honestamente el revenant no tiene comparacion!

  4. Alberto Martínez Hidalgo dice:

    Comparto completamente tu comentario, a mi también me lleno los sentidos, los sonidos del torrente de agua y el silbar del viento gélido, esa visión de la imponente montaña y la pequeñez del hombre disminuido por su condición, pero sobretodo por la majestuosidad de los elementos naturales que constantemente lo evidencian, la conjunción de estos factores que hacen que desde nuestro subconsciente podamos percibir el olor a yerba mojada y sentir el frío del lugar que se acentúa por momentos por la soledad en la que se encuentra el personaje, que emerge de las entrañas de la tierra en una resurrección motivada por el odio y el deso de vivir.

  5. José Manuel Rivero Torres dice:

    Incita al esfuerzo, más allá de lo cotidiano. La película gélida y desoladora nos hace buscar por el rincón que sea una nueva manera de convivir, me quedo con el amor supremo a un hijo y la enseñanza ancestral de los antepasados, una fuerza que surge en medio de la tragedia, del dolor profundo de perder a un hijo, de la impotencia por salvarlo, y aún así seguir viviendo. tuve mucho frío toda la película y aún se me viene a la mente ese invierno, algo queda para la reflexión personal de todos los días.

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