27, Jun 2012

Rousseau contra el teatro… y el voto

Mañana se celebra el cumpleaños 300 de Jean Jacques Rousseau, más que un filósofo y un autor, un temperamento, un tono. No descubrió nada pero lo inflamó todo, dijo de él Madame de Staël. En sus festejos se recordará al demócrata y al enemigo de la modernidad, al romántico antiliberal, al revolucionario, al escritor confesional, al crítico de la música, al misántropo que componía himnos a la naturaleza y a la humanidad. Valdría hoy, a unos días de las elecciones, rescatar al vehemente crítico del teatro, porque en su denuncia se encerraba su repudio al voto.

En marzo de 1758, Rousseau le escribió una carta pública a D’Alambert. Respondía a su texto sobre “Ginebra” publicado en la Enciclopedia donde proponía el establecimiento de un teatro en la ciudad. La propuesta le pareció una aberración al moralista. Asumiendo el papel de defensor de la patria reaccionó con un texto donde muestra la perdición que se asoma en el espectáculo dramático. El teatro parecerá un entretenimiento inocente pero implica una degradación inaceptable de las costumbres. Ninguna ciudad que aspire a la virtud consentiría esa diversión inmoral. El teatro convierte la mentira en prestigiosa, el engaño en trivialidad, la falsedad en pasatiempo. El teatro convierte la mentira en actividad profesional. La virtud no puede transigir: exige trasparencia absoluta. Los dobleces del teatro le resultan repulsivo, inaceptables. ¿Cuál es el talento de un actor?, pregunta Rousseau: el talento de aparentar, la capacidad para fingir: “apasionarse a sangre fía, decir otra cosa de lo que se piensa tan naturalmente como si se pensase realmente, olvidar el lugar propio a fuerza de ocupar el lugar de otro? En la actuación hay una prostitución que no puede resultarnos indiferente: el actor pone en venta su persona, se entrega en representación por dinero. Pocos oficios tan indignos, remata Rousseau, como el de simular la vida de otro, fingir las emociones de otro, decir palabras en las que uno no cree.

Si Ginebra ha de ser una ciudad para la virtud debe prohibir esas zonas rojas a las que asistimos con benevolencia, como si fueran pasatiempos moralmente intrascendentes. Debería levantar foros para el debate público, espacios a los que los ciudadanos acudieran para decir su voz, para compartir sus ideas, para defender sus convicciones. Contra el teatro, el republicano pedía proscenio para la oratoria cívica.

La aversión que Rousseau sentía por los actores era sólo comparable con la que sentía por los diputados y era, p, para él expresión de la misma lacra: las farsas de la modernidad. El diputado es, como el actor, un fingidor profesional. Se dedica a representar un papel, a encarnar falsamente lo que no es. Un diputado se dice representante de un distrito, de un estado, de un pueblo pero no lo es, no lo puede ser. Cuando habla, nos dice que expresa la voz de otros, la voz de su comunidad. Nos dice que lleva a la política la voluntad del pueblo. Se pretende un simple trasmisor de las instrucciones de sus electores cuando en realidad defiende sus propios intereses. No es casualidad que el teatro y el parlamento sean espacios de la representación: se trata de hacer presente lo que en realidad no existe. Zonas de tolerancia para la mentira. El actor no es Hamlet, el diputado no es el pueblo. Por eso, de la misma manera que rechazaba el teatro como un espectáculo moralmente degradante, rechazaba el voto que instauraba la mentira colosal de la representación. 

Una buena manera de recordar a Rousseau sería ir al teatro y a votar.

 

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8 Comentarios

  1. Luiis Gutiérrez dice:

    Don Jesús: Me extraña que afirme que Rousseau haya «mentido» con respecto al teatro. De hecho compuso algo todavía más «absurdo» que el teatro: ópera (que exige una suspensión de la incredulidad ya que nadie habla cantando o peor aún, muere haciéndolo). Compuso tres óperas: la opera ballet Les muses galantes (1745), el interméde Le devin du village (1752) (fuente dundamental de Basien uns Bastienne de Mozart), la scène lyrique Pygmalion (1770), Daphnis et Chloé (1779) (incompleta) y otras tres óperas,
    Por otra parte era un gran admirador de la ópera italiana, siendo un factor clave defendiendo La serva padrona de Pregolesi, contra los defensores de la ópera francesa, liderados por Rameau, en la célebre Querelle des Bouffons.

  2. Salvador Q dice:

    Jajaja buenisimo

  3. jshm00 dice:

    Luis Gutiérrez: ¿dónde digo que Rousseau haya mentido con respecto al teatro? Lo que rescato es su convicción de que la ficción teatral es inmoral.

  4. Juanpablo Avendaño Avila dice:

    «Me resulta divertido imaginar a veces los juicios que algunos pueden hacer de mis gustos basándose en mis escritos. Sobre éste no faltará quien diga que «es un hombre que está loco por el baile», cuando me aburre ver bailar; que «no soporta las comedias», cuando soy un apasionado de ellas; que «siente aversión hacia las mujeres», cuando de eso habría demasiadas en declararme inocente; que «está descontento de los comediantes», cuando tengo todos los motivos para felicitarme por ellos y la amistad de uno solo de entre ellos, al que he conocido particularmente, no puede sino honrar a cualquier hombre de bien. Idéntico juicio sobre los poetas cuyas obras me veo obligado a criticar: los muertos no serían de mi gusto y me picaría por los vivos, cuando la verdad es que Racine me encanta y que jamás he dejado de ver voluntariamente una representación de Moliére.» Rousseau

  5. Mtro., podría Rousseau no ser un demócrata en términos de la Democracia Representativa o la Electoral, sin embargo, no está equivocado cunado dice: «»El diputado (el representante político, sería más apropiado) es, como el actor, un fingidor profesional. Se dedica a representar un papel, a encarnar falsamente lo que no es. Un diputado se dice representante de un distrito, de un estado, de un pueblo pero no lo es, no lo puede ser. Cuando habla, nos dice que expresa la voz de otros, la voz de su comunidad. Nos dice que lleva a la política la voluntad del pueblo. Se pretende un simple trasmisor de las instrucciones de sus electores cuando en realidad defiende sus propios intereses.»» En ésto Rousseau es certero, y, en torno a nuestra realidad política, profético.

  6. Luiis Gutiérrez dice:

    Don Jesús:
    Es obvio que usé mal las comillas. Solo intenté hacer notar que aunque considerase el teatro como inmoral, no resistió la tentación de hacer ópera y de tomar partido en la Querelle.

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