11, Ago 2010

Una democracia horrible

Reichstag - Foster No hay arte más político que la arquitectura. La arquitectura es el único arte que moldea directa, físicamente el entorno humano. No es una mancha en el papel ni un arreglo de sonidos fugaces, sino el levantamiento de un bloque permanente que nos envuelve. Por eso es, entre todas las artes, el emisario más perfecto del poder. El arquitecto ofrece al gobernante servicios que nadie más puede prestarle: demuestra los poderes de la voluntad, condensa una ideología en formas visibles, alimenta el orgullo colectivo; intimida; sacraliza y consagra al prócer. El arquitecto cincela identidad, enaltece al poderoso y convoca a la sumisión. Sus recursos pueden ser, efectivamente, la representación más elocuente de esa ambición de controlar la historia y demostrar que el Estado es capaz de rehacer el mundo.

Dictaduras y repúblicas han entendido el poder de la arquitectura. Todo régimen político necesita expresarse visualmente: requiere continentes y volúmenes; precisa símbolos y ritos. Y porque la continuidad de una nación aspira a alguna trascendencia, también requiere templos. Sitios revestidos de alguna solemnidad para la escenificación de las ceremonias de renovación y de cambio. José Miguel González Salazar y Axel Arañó han coordinado un libro extraordinario que ofrece una formidable lección sobre las conexiones entre el arte y el poder; un elocuente testimonio del diálogo entre el Estado y la creación arquitectónica. O, podría decirse, más directamente: un aviso del atasco político y la esterilidad plástica. Se titula Arquitectura parlamentaria en México. Dos siglos de recintos para el diálogo.

El libro es un trabajo monumental y una edición exquisita. Se conectan en sus páginas el apunte teóricos, reflexiones políticas y análisis comparativos. Deyan Sudjic, el autor de The Edifice Complex , colabora con una pieza inédita sobre el sitio de la arquitectura parlamentaria. José Miguel González Salazar recorre la historia de las asambleas desde la antigua Atenas hasta la imaginación de George Lucas. Fernando Zertuche reconstruye la historia de México a partir de los recintos parlamentarios. Finalmente, Axel Arañó examina puntualmente cada uno de los edificios parlamentarios de México: las dos sedes federales y las 32 asambleas locales. El contraste entre la calidad de la edición y el material expuesto en esta última parte es asombroso. Al retratar cada una de los congresos, el libro integra una elocuente colección de horrores arquitectónicos.

La arquitectura parlamentaria mexicana es francamente anodina, una arquitectura carente de personalidad. Se trata de una arquitectura que no vive con frescura su tradición ni con naturalidad el tiempo presente. Neocolonialismo helado y modernidad de centro comercial. El Congreso del estado de Chihuahua, siendo el más reciente, retrata la improvisación. El diseño original del congreso lo hizo Mario Pani paraun conjunto de oficinas privadas. Después, parte del edificio se empleó como hotel. Finalmente, se adaptó para recibir a los legisladores del estado de Chihuahua. El congreso de Campeche es una nave espacial, un sándwich, un par de platos encimados, una mala imitación de un mal remedo de Niemeyer. El congreso de Durango fue construido en un semestre para despedir, como se lo merecía, el gobernador en turno. Quizá la mayor atrocidad arquitectónica sea obra de un gobernador … arquitecto. El gobernador de Hidalgo, el arquitecto Guillermo Rossell de la Lama decidió la construcción de un edificio para el congreso del estado. El proyecto de la obra lo diseñaron dos integrantes del gabinete del señor gobernador. El congreso es una fortaleza de piedra enclavada en una explanada denominada “Plaza del Nacionalismo Revolucionario” donde los pedestales duplican en altura las estatuas que sostienen y donde un mural de la peor factura imaginable, presenta a los héroes de la independencia y de la revolución con ojos desorbitados. Se trata de una plaza que, como bien nos recuerda Axel Arañó, ¡no tiene acceso público! La fachada son dos inmensas grapas de piedra; la plaza, un espacio muerto. Después de recorrer el estudio pormenorizado de Axel Arañó, el subtítulo parece, una broma. Estos no son recintos del diálogo. Si algo enseña este libro es precisamente esa ausencia: el país carece de espacios para la deliberación.

Fachada-de-la-camara-de-diputados-300x350 La monstruosidad arquitectónica de San Lázaro es buen símbolo del régimen hegemónico que celebraba. Más que culminación de la arquitectura nacionalista, se trata de una muestra de arquitectura fascista. Lo es por las dimensiones del edificio, la solidez impenetrable de lo pétreo; la sacralización de lo nacional, la disposición reverencial del auditorio. El presidencialismo retratado en su ambición, en su poder y en su mal gusto.

El más lúcido politólogo de mi generación tuvo el acierto de calificar nuestra democracia como tonta. Después de recorrer el libro de nuestra arquitectura parlamentaria, quisiera agregar otro adjetivo: tenemos una democracia horrible.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

8 Comentarios

  1. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    Que la arquitectura también educa. Fascinante. Más fascinante podría ser la lectura (directa) del libro. Me gustó la crítica a la arquitectura de los edificios que mal albergan la deliberación política, entiendo a los parlamentos o congresos. La arquitectura como falso escape a lo ya visto, a lo sobradamente enaltecido hasta embrutecer, marear (el poder), a algo ya preestablecido una, y otra, y otra vez. La arquitectura como demostración y postración sordas -sórdidas- de poder.
    Cuando se habla de poder también puede caerse en muchos lugares comunes claro, no lo niego, pero la pesadez de nuestra arquitectura, de esa arquitectura que no experimenta, que no sale de sí o de esa idea generalizada aunque pluralmente estúpida nos demuestra cierta pobreza o resignación esa sí monumental (algo tenía que ser) de nuestros ideales y de nuestros arquitectos, de nuestras escuela arquitectónica democrática, al fin y al cabo de nuestra imaginación para entrar y habitar la democracia.
    No hay tiento, no hay tentativa siquiera para en la transición tratar otras configuraciones, para experimentar, para crear y arriesgarse a otra forma, otras formas, para osar otro estilo arquitectónico que no traduzca necesariamente esa idea tonta y horrible, chata y muy revestida de poder autoritario que no piensa más que en fuerza, pero esquiva la convivialidad, el gobernado, el sujeto de derechos y obligaciones, que inspire y acaso tenga la tentativa formal al menos para resolver problema a problema, que albergue la deliberación con su liberación.
    Porque algo pasó o pasa ¿no? Fue o es la transición, es la débil democracia. ¿Qué pasa? ¿Por qué tanto desánimo, complejidad o apuración? ¿Por qué no aceptar como afrontar distinto el estadio, los problemas, la representación política?

  2. Se trata de una arquitectura que no vive con frescura su tradición ni con naturalidad el tiempo presente.

  3. O dice:

    No, ja no me gusta desvelarme, pero es demasiado parasitario decir eso que en la arquitectura hay tradición. En la arquitectura creo hay nada, y porque hay nada puede serlo todo, incluso no presente. Academicista censurador de lo académico… Gucci

  4. Francisco Garrido dice:

    Gracias por compartir sus encuentros.

  5. Lexico dice:

    Es cierto… el Arquitecto retrata al gobernante o al cliente en especifico… y lo deja para la posteridad (o a la proxima administración)… sin falsas pretenciones…
    asi se puede hacer una mejor lectura de la historia.. leyendo la arquitectura de cualquier lugar… nos daremos cuenta de quienes y como eran los gobernantes en turno… leer más Arquitectura y menos la historia oficial…

  6. Jimena dice:

    Ademas no hay que olvidar todo el dinero que se gasta en la construcción y mantenimiento de estos edificios, que es francamente una barbaridad.
    El mejor ejemplo es el nuevo edificio del Senado. Si, tal vez los senadores necesitaban un cambio, pero la construcción de la nueva sede se debe a que se negaron rotundamente a mudarse a San Lazaro. El proyecto original de Ramirez Vazquez lo contemplaba y hace aproximadamente unos 4 o 5 años se terminaron los edificios para que los senadores pudieran mudarse. Costo mil 500 millones su caprichito de tener su nuevo edificio propio, mientras que en San Lazaro sus oficinas ya estaban construidas.

  7. Omar Alí Silva Alvarez dice:

    Si bien no creo haya tradición antes de la creación arquitectónica, puede haber estilos que se conformen de formas sutiles o burdas. Desde el maestro albañil en su mecanicismo que reproduce un estilo antigua o modernamente, hasta cierta calca en tercera dimensión en el estudio de arquitectura o ingeniería.
    Tal vez más ética que estéticamente, la salida a los edificios parlamentarios federales es un nuevo territorio que los albergase. Llevarse las sedes de los poderes y algunas dependencias de la Ciudad de México. El caso norteamericano o de Brasilia son buenos aunque inexactos ejemplos posibles. Pero en nuestros tiempos ello constituiría más un derroche que prevenir el caos a nivel federal no solo logístico, también institucional. Erogaría una cantidad considerable de imaginación, de voluntad política, de planificación de un México más democrático, por consiguiente sólo recursos monetarios. No obstante el riesgo de reproducir en ese nuevo distrito federal la vieja ornamentación y claudicación al poder de los gobernantes, no de los gobernados. Hay que pensar el más mínimo o recóndito vestíbulo institucional en función de la sustancia de la actividad pública que se trate, del poderdante, del ciudadano.
    En la arquitectura democrática mexicana las prioridades matan todas nuestras buenas como normales visiones. Por simple sentido común o urbanismo, habría que hacer cooperar prioridad y visión a largo plazo, no hacerlas pelear.

  8. RAÚL ARROYO dice:

    No me erijo en defensor del arquitecto Guillermo Rossell por cuanto hace a la edificación, durante su gobierno, del conjunto arquitectónico que alberga al Poder Legislativo del estado de Hidalgo. Si digo que hubiera convenido informar a Axel Arañó,para hacer más atinada su investigación, que en los años posteriores a su inauguración, se han hecho modificaciones tan señaladas como cerrar los accesos a la plaza, añadir las estatutas y remodelar el salón de sesiones. El resultado está a la vista. Lo demás es cuestión de gustos estéticos.

Deja un comentario para Omar Alí Silva Alvarez