13, Jun 2012

La casa es el paseo

Casa Mty

Decía Heidegger que construir es habitar y que habitar es cuidar. Cuidando la montaña en la que se posa, la casa Monterrey diseñada por Bernardo Gómez Pimienta, no es solamente una habitación para sus dueños, es también un regalo a la ciudad que ahora contempla los árboles y los pedruscos de su sierra bajo el signo de una edificación tutelar. Cada una de las cajas que la integran, parecen haber sido depositadas con suavidad sobre el cerro sin romper ni una rama de árbol. Si construir es cuidar, será también escuchar: por eso la arquitectura es el otro arte del oído. Diálogo de construcción y naturaleza. No es el sometimiento de lo silvestre al dictado de la razón, es el contrapunto del trazo y el azar: la inteligencia del hombre frente a la otra.

La casa ocupa su lugar en la montaña sin allanarla. Una silvestre exuberancia se entiende íntimamente con la exactitud matemática de la imaginación y de la técnica. Los caprichos del bosque son el contrapunto del exquisito esmero arquitectónico. La casa promulga así un claro manifiesto contra la jardinería, ese sometimiento de la vegetación al designio de navajas y equilibrios. Pinos, encinos, cedros, oyameles, zacatonales, yucas, uñas de gato, lechuguillas son—más que vecinos—cohabitantes de la casa. La inteligencia geométrica de Gómez Pimienta, la profunda sabiduría de sus formas se despliega aquí como una ambición comedida: el arquitecto maduro que entiende las fronteras de su arte admitiendo la colaboración del mundo.

La casa que acaba de recibir Medalla de Plata en la categoría de vivienda unifamiliar en la Bienal de Arquitectura Mexicana es una intervención corpulenta y, al mismo tiempo, sutil. Se muestra pero también se esconde. Ostensible a la distancia pero ligera, casi etérea desde el interior. Cada espacio encuentra su vocabulario, su material, su continente: madera, mármol, concreto, fierro. Cada ritual doméstico merece residencia inconfundible; cada cuarto, su envoltura: cada recinto recibe un abrazo único y sin prisa. Los espacios nunca se dan la espalda: se comunican con pasillos de contemplación. Hilos de luz, túneles de transparencia enlazan un cuerpo de células libres. La montaña se convierte de ese modo en la puntuación cotidiana de la casa. No hay conglomeración de aposentos, la arquitectura deja de ser asiento para volverse travesía. Paréntesis en la montaña unidos por la transparencia de una coma. La vitalidad de la casa reside en su régimen respiratorio: todo tránsito cotidiano absorbe al bosque. Desplazarse de la sala al comedor, del cuarto a la cocina es inhalar la montaña y exhalar arquitectura. Llenarse de mundo los pulmones. El paseo no es la excursión de quien sale fuera de la casa para perderse en el cerro: la casa es el paseo.

*

Desde el verano de 1922, Martin Heidegger vivió en una cabañita en las montañas de la Selva Negra. Abandonó la ciudad para habitar una soledad envuelta en bosque. Un cuarto de siglo después de aquella mudanza que marcó su filosofía escribió un texto al que tituló “El pensador como poeta”. Su casa, su pensamiento, su vida seducidos por la naturaleza y una arquitectura que la escucha:

Cuando la luz de la aurora crece en silencio sobre las montañas…

Cuando el molinillo de viento que está fuera de ventana de la cabaña zumba en la tormenta que crece…

Cuando a través de un jirón en el cielo con  nubes de lluvia se desliza de pronto un rayo de sol sobre la penumbra de las praderas…

Cuando al comenzar el verano se abre una solitaria flor de narciso en la pradera y una rosa de las rocas brilla bajo el arce…

Cuando el viento, al cambiar de repente, murmura en las vigas de la cabaña y el tiempo amenaza con volverse desagradable…

Cuando en un día de verano la mariposa se posa en una flor y, con las alas cerradas, se balancea con ella en la brisa…

Cuando el arroyo de montaña en el silencio de la noche cuenta su caída sobre las piedras…

Cuando en las noches de invierno se desgarran en la cabaña tormentas de nieve y una mañana el paisaje se calla bajo su manto de nieve…

Cuando los cencerros de las vacas tintineas desde las laderas del valle de montaña conde los rebaños vagan lentamente…

Cuando la luz de la tarde, inclinándose en algún lugar del bosque, baña de oro los troncos de los árboles…

El filósofo, ciudadano de su cabaña, registra las confidencias naturales de las que brota la idea, la vida. El texto concluye en poema:

Los bosques se extienden     
Los arroyos saltan    
Las rocas permanecen         
La niebla se difunde

Las praderas esperan           
Brota la fuente          
Los vientos viven     
Bendiciendo a las musas.

La bendición de las montañas silenciosas, los milagros la luz, las amenazas del viento, los bailes de la brisa. Y las rocas que permanecen. Mudanzas del tiempo y la dura persistencia de la roca. La casa Monterrey de Bernardo Gómez Pimienta ha sido tocada por la misma musa. La arquitectura es la conquista física de lo intangible. Otra forma de nombrar lo inefable y, además, habitarlo.

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6 Comentarios

  1. Mario G dice:

    De acuerdo, y qué bonito lo dices. Es tu estilo, que definitivamente supera, en mi opinión, el mismo objeto al que alude. Faltaría decir la oda que hace la casa al dispendio, al poder y a la trasculturización, pero quizás soy demasiado duro, o suave para los que en las faldas, acomodan sus chozas de lamina y cartón. Me gusta la casa, que como oficina funcionaria igual, pero confieso pena de aceptarlo. Me reservo la felicitación para dedicarla mejor a tu modo de expresión, que sin duda es sobresaliente.

  2. FMGARZAM dice:

    Professor,
    Excelente en tu papel de Elsworth Toohey benigno, pero creo que pareces generalizar cuando no procede. Deberías decir más claramente y para la posteridad:
    La arquitectura, cuando ha sido tocada por la misma musa, es la conquista física de lo intangible. Otra forma de nombrar lo inefable y, además, habitarlo.
    Ahora en cuanto al bosque. Aquí es Monterrey. Bosque ahora fraccione después. Ah, y esas rocas no son lo que digamos estable, estable, así lo que se dice estables…siempre en equilibrio inestable.
    En cuanto a lo de MarioG. Me parece muy acertado señalar, trayendo a colación a los que en similares faldas acomodan sus tejabanes de lámina y cartón. Pero así es Monterrey, que le hacemos, más no hay que olvidar que en esas mismas faldas habitan algunos que originados en tejabanes ahora habitan maisonettes. Muchos de ellos campeones del esfuerzo y del trabajo. Aunque no pocos cenicientos de la política.
    Ahora, creo que MarioG se equivoca rotundamente en lo de trasculturación. En mi opinión el equipo de (chilangos de) BGM ha logrado una obra que refleja imaginativamente a Monterrey, su cultura MODERNA. Malo que hubieran transpuesto motivos ajenos, como son los tradicionales del centro del país.
    Aunque en la decoración hay rasgos autóctonos ajenos a los locales, Transculturización no hay en esta arquitectura. Transculturización sería que se hubiera traído a los Santos Reyes a la cultura de San Nicolás y la Navidad; jitomates a la de los tomates; Medievalismo o Barroco a lo Moderno.

  3. MarioG dice:

    La Trasculturización de la Casa MTY y de BGP son rotundamente obvios. Sin que esto quiera decir «malo» ni «triste».

  4. MarioG dice:

    Carambas… ¿Por qué no pudiste ser más objetivo? *se cae el ídolo*

  5. FMGARZAM dice:

    Simiculturización.
    creo entender…no soy arqui
    contemplando desde 2,000m al norte y 300m abajo

  6. Oscar dice:

    ¿No que no se puede construir en el parque Cumbres? Esa imagen de la casa, con todo y premio,daña la vista.

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