29, Oct 2013

Arthur C. Danto sobre Brian Nissen

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Arthur C. Danto escribió un ensayo memorable sobre la «modernidad mesoamericana» en la obra de Brian Nissen:

Brian Nissen es un hombre de lo más cosmopolita, que se siente a sus anchas en varias de las ciudades más importantes de Occidente, como Londres, Nueva York, París, México y Barcelona, entre otras. Es, además, una persona cultivada, amante de la literatura y de gran vena artística, que cuenta entre sus amigos a poetas, políticos, científicos y filósofos. Como creador ha establecido diálogos con los movimientos modernistas de mayor envergadura y ha encontrado inspiración estilística en todo aquello que pudiera haber congeniado con esa visión inconfundiblemente suya. Pero la cultura que lo define como artista es en primer lugar la mesoamericana. (…) Lo que descubrió en México podría identificarse como una estética del significado que contrasta con la estética de la forma predominante en una parte sustancial del discurso del arte moderno. «Creado por gente que no poseía el concepto de ‘arte’ como lo entendemos nosotros», escribe Nissen, «sus artefactos y esculturas […] jugaron un rol integral en casi todos los aspectos de su vida diaria así como en la medicina, astronomía, agricultura, religión, el trabajo cotidiano, etcétera». El concepto mesoamericano de obra de arte era el de un objeto «investido de poderes especiales». Estos poderes le otorgaban un papel en la vida diaria; así, un cuchillo, un plato o una jarra, por ejemplo, operaban en dos planos interpenetrados: el del uso cotidiano y el de la acción ritual. «Era éste un arte que iba más allá de la elegancia formal o las ideas de la belleza, para servir como una especie de texto». El arte podría ser un texto, en el sentido que Nissen le confiere, sólo si la vida misma fuera un texto, sólo si la vida en sí fuera algo sagrado. Los seres humanos, plantas, animales, cuerpos celestes, dioses y diosas estaban atrapados en una Gesamtkunsterwerk donde todo implicaba roles, imperativos y obligaciones de los cuales dependía todo lo demás. El arte en Europa, especialmente a partir de la invención de la estética en el siglo XVIII, se había apartado de la vida colocándose en marcos o pedestales para su contemplación y disfrute así como para el ejercicio del buen gusto y el juicio. Existía para enriquecer el ocio y para quienes tenían el tiempo de cultivar su sensibilidad. La institución del museo surge plenamente a principios del siglo XIX, como un espacio desligado de las exigencias de la vida cotidiana, donde el arte no tenía otra tarea que la de ejercer su esencia. Ahí se aprendía a apreciarlo entendiendo su forma, con frecuencia analizada en términos casi geométricos, o situándolo en sus contextos históricos de los cuales dependía la eficacia de su significado. En el siglo XVIII -el siglo de la estética- algo de esto llegó a derramarse sobre la vida. Pero ésta siguió siendo la vida del buen gusto y el juicio reflejados en los modales, el decorado de interiores, los trajes, el coleccionismo y la recreación entre quienes podían darse el lujo de participar en ella.

Sobre Brian Nissen:

– Brian Nissen en la mira.
– Los placeres de pintar.
– Brian Nissen: evidencia de un acto poético

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