18, May 2011

La cueva del barullo incesante (Corregido)

Werner Herzog

Después de que el propio Werner Herzog actuara su parodia buscando afanosamente a Waldo, es difícil tomárselo muy en serio. La autocaricatura puede verse en youtube. El director recorre los centímetros de esas ilustraciones atiborradas de personajes, en busca del anteojudo de camisa con rayas rojas. El director alemán lo interroga todo: una hoja de papel puede ser el mapa de un tesoro, una toalla o una simple hoja de papel. Todo es símbolo de la condición humana; todo es pista para la divagación perspicaz. El narrador, con un acento alemán casi inverosímil, juega a la conjetura. Todos buscamos a Waldo pero, ¿qué busca Waldo? Tal vez no busca nada y se dedica a huir. ¿De qué huye? ¿De sí mismo? Quizá al buscar a Waldo somos nosotros quienes nos buscamos a nosotros mismos. La trivialidad de un libro destinado a hacernos perder el tiempo convertido en jeroglífico del espíritu moderno. 

 (Gracias a Julio Flomar me entero que se trata de parodia y no autoparodia)

En una parodia del documentalismo de Werner Herzog, Ryan Iverson lo imita como si estuviera descifrando una imagen de los libros de Waldo. En la caricatura que puede verse en youtube, el director alemán lo interroga todo: una hoja de papel puede ser el mapa de un tesoro, una toalla o una simple hoja de papel. Todo es símbolo de la condición humana; todo es pista para la divagación perspicaz. El narrador, con un acento alemán casi inverosímil, juega a la conjetura. Todos buscamos a Waldo pero, ¿qué busca Waldo? Tal vez no busca nada y se dedica a huir. ¿De qué huye? ¿De sí mismo? Quizá al buscar a Waldo somos nosotros quienes nos buscamos a nosotros mismos. La trivialidad de un libro destinado a hacernos perder el tiempo convertido en jeroglífico del espíritu moderno. 

Werner Herzog ha buscado siempre la frontera. En sus documentales se ha paseado en el lindero de lo humano al reconstruir la vida de un hombre tan enamorado de los osos que terminó dentro de uno. Grizzly Man es un relato sobre el encantamiento de la naturaleza y la misantropía suicida. Se ha lanzado también al fin del mundo para registrar la vida en los sitios más improbables. No es, desde luego, un purista del documental. No tiene el menor empacho en pedirle a sus personajes que lean pasajes que él les escribe. La verdad de los hechos, ha dicho, es superficial. De lo contrario, el directorio telefónico sería nuestro Libro de Libros. Lo que busco es una verdad más profunda, una verdad extática, dice. Más que documentales, lo suyo son meditaciones personales con cámara y micrófono. Herzog podrá nadar en las aguas más heladas, caminar entre la exuberancia vegetal o adentrarse en la locura de Gesualdo pero el protagonista es siempre él mismo: su voz. La banda sonora de sus documentales no es una ilustración musical sino las palabras con las que describe las imágenes que se depliegan, el acento de sus cavilaciones y su comedia sutil.

En La cueva de los sueños olvidados, su nuevo documental, el director se adentra en una gruta que durante milenios ha escondido las primeras muestras del arte humano. Después de un tiempo breve en que estuvo abierto al público, la cueva fue clausurada de nuevo para protegerla del polvo y los flashes de los mirones. Herzog fue invitado por el gobierno francés para registrar los trazos que sólo pueden ver un puñado de científicos. Descubiertas hace un poco más de quince años, las cuevas de Chauvet, en el sur de Francia, albergan la galería más antigua del planeta. Hace 32,000 años alguien dibujó en la piedra caballos, leones, rinocerontes, venados, atisbos de una figura femenina. Los murales de la inmensa catedral son un misterio: ¿cuál es el sentido de los trazos? ¿Son decoración o rito? ¿Por qué abundan los animales y se esconde el hombre? Para el director alemán las siluetas de la cueva capturan, ni más ni menos, el origen del alma: los primeros brotes de un ser que escapa a su animalidad y se vuelve hombre al tocar belleza y espiritualidad.

La exploración arqueológica de Herzog no es un programa del Discovery Channel. Puede verse en tercera dimensión pero no tiene nada que ver con James Cameron. La aventura de contemplar esos testimonios primigenios de la humanidad, conducen a Herzog al misticismo. Esos artistas son nuestros hermanos más antiguos. En una escena pide silencio a sus acompañantes: quiere dejar testimonio del silencio profundo de la caverna. El latido del corazón se vuelve perceptible—o por lo menos eso nos dice el narrador. El gesto subraya el barullo que acompaña toda la cinta y que distrae al espectador de sus propias preguntas.

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Un comentario

  1. ¿DONDE PUEDO VER “LA CUEVA DEL BARULLO INCESANTE”? WERNER HERZOG ES UNO DE MIS CINEASTAS PREFERIDOS.

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