12, Nov 2013

Mark Lilla sobre la película de Hannah Arendt

Mark Lilla comenta en el New York Review of Books la película de Margaret von Trotta sobre Hannah Arendt. El gran problema de la película, dice Lilla, es la verdad. No la dificultad para comunicar la gestación del pensamiento sino la verdad, la palabra que se repite una y otra vez en la cinta. En realidad, la película, más que abordar la verdad, trata la sinceridad, la autenticidad de Arendt, su valor para defender sus convicciones en una atmósfera hostil y resistir la presión de todos, incluyendo a sus amigos más cercanos. Pero el argumento de Arendt en sus reportajes es ya insostenible de acuerdo a la información que ha aparecido en los -útlimos años. Lilla, autor de The Reckless Mind, una brillante crítica a la relación de los intelectuales del siglo XX con la tiranía, se aleja así de la película y se concentra en el pensamiento de  Arendt. En el fondo, Arendt juzgó a Eichmann a partir de sus propias preocupaciones intelectuales. De Heidegger heredó la preocupación por la autenticidad humana y la sociedad mecánica. Por ello vio en Eichmann al burócrata banal. Más cercano a la verdad estaba Artur Stammler, personaje de una novela de Saul Bellow al decir lo siguiente:

Política, psicológicamente los alemanes tenían una idea del genio. La banalidad era sólo camuflaje. ¿Qué mejor manera de quitarle maldición al asesinato que hacerlo ver como algo ordinario, aburrido, trivial?… Había una conspiración contra la sacralidad de la vida. La banalidad fue la coartada de un muy poderoso deseo de abolir la conciencia. ¿Se puede decir que ese proyecto es banal?

 

Compartir en Twitter Compartir en Facebook

Deja un comentario