29, Jun 2009

Un retrato de Cioran

Cioran 

Rogelio Cuéllar cuenta:

París, primavera de 1984. Telefoneo a E.M. Cioran a través de unos amigos. “Si él me ha leído, sabrá que no quiero que me fotografíen, pero quiero conocerlo”. Tres meses después regresé a la cita en su casa, frente al metro Rue Odéon.
—Quiero hacerle un retrato.
—Si usted me ha leído nunca me va a hacer un retrato.
El tiempo transcurría, la luz matutina se reflejaba hermosa en sus cabellos, e insisto:
—Señor Cioran, soy un fotógrafo.
—Lo sé.
Tomó mi portafolio y se detuvo en el retrato de Esther Seligson, su traductora, sorprendido por la luminosidad de ella. Admirando sus manos largas y su cabello de escuincle despeinado, volví a insistir…
—Monsieur Cuéllar, haga lo que tenga que hacer…

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2 Comentarios

  1. randall dice:

    que bella anécdota… no tienes más

  2. Excelente relato! Me has impresionado es como de una obra de pelicula! Sigue posteando!

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