28, Abr 2015

La farándula de Brian Nissen

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Brian Nissen ha hecho de arqueólogo de sí mismo. La casualidad, ese duende de las exhumaciones felices, lo puso de pronto ante unas cajas viejas y arrumbadas que contenían un montón de dibujos. Los había pintado hace más de cuarenta años y se habían borrado de su memoria. Al preparar su retrospectiva en 2012 para Bellas Artes, los dibujos brotaron del polvo. El pintor desempacó hojas, libretas, cuadros que le parecían ya ajenos. Durante décadas permanecieron enterrados bajo cartones y carpetas de su estudio. Cerca del pintor pero ocultos. Todo ese tiempo estuvieron ahí, sumergidos en el tráfico de todos los días, cerca de los pinceles, el café, las telas y el periódico de ayer. Uno siempre convive con el olvido. Empolvados y amarillentos, aquellos papeles lo pusieron en contacto con una civilización remota y familiar: la suya. El arqueólogo descubrió en los papeles el mapa de una ciudad que no es esa ciudad de México a la que llegó a principios de los sesenta, sino la ciudad que juega en su lápiz. Un universo de símbolos y figuras extrañas pero descifrables. Una vasija de espectáculos e intimidades. Un cuento que se despliega como códice: narración condensada en imagen. Cuerpos y bicicletas, perros y lluvia, juguetes, sandías, pistolas. Ceremonias de la vida diaria.

Desde aquellos dibujos que pueden disfrutarse ahora en un magnífico libro se observa la intuición de su mano. Como ha escrito él mismo, el lápiz se pasea por el papel como sale el perro radiante a explorar la calle, descubriéndola, olfateándola y orinando en la esquina para marcar su huella. El dibujo es un instinto primigenio. Será que el hombre es un animal que dibuja. Un mamífero necesitado de registrar en trazo su paso por la tierra y su mirada del mundo. El hombre siente la necesidad, dice Nissen, de “rendir una cuenta visual, un registro de su presencia: una manifestación palpable de su ser”.

Pero la soltura del trazo es mucho más que instinto: es una naturaleza en la que se funden observación, idea e ironía.

El artículo completo puede leerse aquí

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