21, Ago 2014

Las responsabilidades del arte

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Jed Perl, crtítico de arte del New Republic publicó hace unos días un ensayo interesante sobre la politización de la sensibilidad. Responsabilizaba a la izquierda de intentar imponer criterios morales a la creación. Una sociología progresista pretende razonar aquello que es simplemente misterio.

La mente racional, con su apetito de ecuaciones lógicas, se frustra con la idea de un gran artista que sea una mala persona, y preferiría tal vez, que su arte se viera también mal, o por lo menos que quedara manchado por ello. Detrás de ese deseo lógico se encuentra la renuncia de la imaginación liberal a creer que el arte puede apelar a misterios y magias irreductibles.

Perl mencionó como ejemplo  de esta distorsión crítica a Alex Ross, quien trata de esconder su defensa de Putin en el alegato de que su arte no tiene nada que ver con la política. Ross le ha contestado en el Newyorker. «El arte no vive apartado de la realidad; si lo estuviera, no habría vida en él ni luz, ni oscuridad ni poder.»

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