26, May 2015

Mathias Goeritz: el hartazgo de la razón

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En 1954 corrió el rumor de que Mathias Goeritz había sido nombrado museógrafo de la Universidad Nacional. Ante la posibilidad de que ocupara esa oficina, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros le escribieron una carta al rector Nabor Carrillo para advertirle del despropósito. El periódico Excélsior la hizo pública. Los comisarios de la identidad consideraban inadmisible el nombramiento. El “individuo llamado Mathias Goeritz” era un “simple simulador, carente en absoluto del más mínimo talento y preparación para el ejercicio del arte del que se presenta como profesional. No es autor sino de lamentables caricaturas de lo que toma como modelo para fabricar ‘arte’ de la más vil calidad comercial ‘a la moda’ con el propósito de sorprender a los nuevos ricos aprendices de ‘snobs’ incapaces de distinguir la calidad de lo que adquieren o elogian. Individuo que representa, en suma, todo aquello que es contrario a la alta tradición y desarrollo del arte de México y su cultura nacional”. El nombramiento era inadmisible, un insulto para el arte y, por supuesto, para el pueblo de México. La intimidación tuvo éxito. La Universidad declaró pronto que el individuo había tenido un encargo provisional. Para alivio de los muralistas, el simulador no había sido nombrado “para nada”.

En su requerimiento al rector, Rivera y Siqueiros hablan de la “repugnancia” que sienten por el trabajo de Goeritz. El artista venido del mar Báltico componía en una clave que les resultaba absolutamente indescifrable. Si lo tachan de farsante es porque no tienen ojos para su obra. Podían combatir el arte reaccionario, la decoración burguesa pero la expresión de Goeritz escapaba de las categorías de su guerra. Goeritz no interrogaba el vocabulario del arte sino su fundamento, su tiempo. Los comandantes del arte revolucionario mexicano estaban frente a un neoprehistórico. Un paleolítico que se sentía bastante primitivo frente al hombre que dejó marcada la huella roja de su mano abierta junto con un punto rojo en una cueva.

 

El artículo completo puede leerse aquí…

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