19, Sep 2012

Memorias de Joseph Anton

Book-articleInlineHa pasado un
cuarto siglo desde que Salman Rushdie recibió la condena de muerte por sus Versos satánicos. Se publican ahora sus
recuerdos sobre ese episodio que marca nuestra época como la caída del muro de
Berlín. 1989: “el año en que el mundo cambió.” El libro aparece cuando parece
reeditarse aquella locura. Una película ha desatado la rabia asesina; las
ofensas al profeta encienden nuevamente fuegos de odio. Nada de esto habría
pasado, ha dicho recientemente un líder religioso iraní, si la sentencia se
hubiera cumplido entonces. Si se hubiera cumplido la orden, ha declarado un tal
Hassan Sanei, no habría habido insultos en forma de caricaturas, artículos y
películas como ha sucedido desde entonces. La impertinencia de los enemigos del
islam sólo puede parar si se cumple aquella sentencia. Por ello Sanei, cabeza
de una fundación religiosa, ha aumentado la recompensa a quien mate a Rushdie. Estoy
agregando $500,000 dólares, como premio a los posibles asesinos. La recompensa
a quien cumpla la sentencia aún vigente alcanza hoy más de 3 millones de
dólares.

Fue el día de
San Valentín de 1989 cuando la cabeza de la teocracia iraní decretó la fatwa contra Rushdie. “Informo al
orgulloso pueblo musulmán del mundo que sentencio a muerte al autor del libro Los Versos Satánicos, contrario al
Islam, el Profeta y el Corán, y a todos aquellos involucrados en su publicación
que están al tanto de su contenido.” Una periodista le informó de la sentencia
hablándole por teléfono a su casa. ¿Qué se siente?, le preguntó. Sólo pudo
responder: “No se siente bien.” Se sintió un hombre muerto. ¿Cuánto tiempo le
quedaría? Dudó que pudiera rebasar los diez días con vida. El miedo que sentía
entonces era el miedo obvio a la muerte. Una bala, una bomba, un cuchillo que
terminara con su vida. No había habido un juicio, no pudo defenderse ni podía
refugiarse en ninguna parte. Recordaba que Voltaire sugería a los escritores
vivir cerca de la frontera. Si el rey se enfada con el autor, éste puede cruzar
la línea y ponerse a salvo. Rushdie no podía encontrar alivio en el exilio. El
gobernante de un país lejano imponía un condena en todo el planeta.

El autor de Versos satánicos sigue con vida pero
puede decirse, que , en algún sentido, la fatwa
fue exitosa: la vida de Rushdie terminó con esa sentencia. No dejó de respirar
pero dejó de ser él, se volvió otra persona, perdió sus rutinas, le impusieron
otro nombre. Escondido, empezó a vivir una vida ajena. Por ello el recuento de
ese episodio se titula Memorias de Joseph
Anton
, el nombre que adoptó en su escondite juntando los nombres de pila de
Conrad y Chejov. En estas memorias, Rushdie habla de sí mismo en tercera
persona: la autobiografía de otro. No es simple distanciamiento para evitar el
tono narcisista que pudiera tener el yo, yo yo. No es tampoco incorporación de
las herramientas del novelista en la labor de la memoria, como ha dicho él. En
realidad, es la forma de captar la experiencia de su condena. La fatwa le arrebató el espejo, esa
relación directa consigo mismo, con su cara, con sus rutinas, su libertad.
Desde que la condena fue leída por la radio iraní, Rushdie no podría vivir su vida. Bajo amenaza, podría consolarse
solamente viviendo una vida ajena, oculta, siempre amenazada y definida por otros.
Podría llamar por teléfono pero nunca recibir una llamada. Vale imaginarlo: no
poder disfrutar de la sorpresa de un mensaje: saber que alguien, en otro lugar,
nos piensa.

Durante un
periodo breve, su libro fue examinado, elogiado, criticado con el vocabulario
de los libros. Poco tiempo después, el lenguaje de la literatura fue ahogado en
la cacofonía de otros discursos: lo político, lo religioso, lo sociológico, lo
poscolonial sofocó lo artístico. El libro que Rushdie había escrito desapareció
también como su autor. El mundo discutía sobre un libro que no había leído, se
quemaba un libro que Rushdie no había escrito y que, sin embargo, motivaba una
condena de muerte. A los Versos satánicos,
escribe Rushdie, le fue negada la existencia ordinaria de una novela. Se
convirtió en algo más pequeño y más feo: un insulto. Y él se transformó en El
Insultador, no solamente a los ojos del islam sino en la opinión de quien no
podría conocerlo. El poder no lo mató pero liquidó su vida.

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Un comentario

  1. Mario G dice:

    «Nunca escribas historia hasta que escuches a tus personajes hablar.» Consejo que escuchó Rushdie.
    De antemano te pido una disculpa por si encuentras atrevida mi idea. La verdad, ignoro si lo es, pero te aseguro que no es mi intención incomodarte, y mucho menos ofenderte. Soy arquitecto, y a eso me dedico como profesional y como docente. He realizado un escrito que me gustaría publicar, pero nunca lo he hecho con anterioridad. Supongo que no será fácil. He empezado por: escribirlo y dibujarlo. Sucede que: he escuchado hablar a mis personajes.
    Se trata de una historia, ilustraciones, y unos postulados, mismos que tienen un tono más metafórico que teórico, pero que pretenden ser un primer acercamiento a eso: teoría de la arquitectura. Es decir, se trata de un «cuento introductor a una teoría de la arquitectura». (Si quieres verlo así, dirigido a estudiantes.)
    Mi -atrevida- idea es que, si lo leyeras y lo encontraras meritorio, pudieses dedicarle un prologo, y ayudarme así a publicarlo. A continuación, te dejo una breve sinopsis por si lo quieres considerar. Entenderé cualquiera que sea tu decisión. Quizás motive tu curiosidad, saber que en mucho has sido un inspirador. Así como también, conocido de uno de los más singulares personajes de esta historia, que tal vez sea solo el nombre, pero que estoy seguro le reconocerás de inmediato.
    __________________________
    SINOPSIS
    En un estado fallido, y zonas de excepción soberana en la que vivimos, como opinan algunos, se abren espacios hasta para la ficción. Lo terrible, pero también lo deseable se vislumbra por ahí permitiéndose así un escenario factible dentro de un marco imaginario. O viceversa, un escenario imaginario dentro de un marco factible, y creíble.
    Tan solo la incompetencia oficial ante la gigantesca ola criminal, hacen que desapariciones y ajustes de cuentas, se conviertan en mágicas sentencias resolutorias de los casos, que solo dejan heridas y expedientes abiertos.
    Dejando esto tan solo como telón de fondo, los personajes de ese mundo tienen mitos y motes. Motes de acuerdo al mito. En los pueblos, la escasa educación fomenta que se les tema o admire. A uno le dicen el Arquifante, y a otro Macondo, como escenario de novela de García Márquez. Típico en nuestros pueblos, otro personaje relevante es el padre de la iglesia, otro la prostituta, y otro el jefe de la comandancia, entre varios. ¿Serán parte de esa criminalidad, o son singulares personalidades?
    La ARQUITECTURA y sus injerencias en la economía, política e intimidad social de los pueblos, es el otro gran personaje de esta historia, que sirve de marco para el sentido que un visitante le está buscando fervorosamente a su profesión y a su, cada vez más escasa, vida espiritual. Así, encuentra su propio sentido, adjudicándoselo a la magia que un delirio agonizante le revela.
    Lo que es más probable, es que sea otro, el autor, quién para postular sus tesis en cuanto a la arquitectura, recurrió al relato y a la magia tradicional, o ilusión de ésta, para hacerlo.
    Se concluye en la creencia de que existen quince extensos libros, o tratados de arquitectura, que fueron inspiración de un gran maestro, pero que han sido los discípulos quienes le escribieron, como con Sócrates. Primero el hombre de Dios (San Jerónimo) como sucedió tantas veces en la historia universal, y luego el esperado aprendiz (como Mesías). Ésta es la historia de como llegaron hasta este último, para completar la misión. Sin embargo, es solo eso, un relato que viene acompañado tan solo por unas quince breves tesis que resumen cada uno de los libros del Arquifante.
    Se esperaría que esos libros salgan a la luz algún día. Pero esto depende de si en primer instancia, este relato preliminar, lo logra primero.
    Un poco más en: http://arquifante.posterous.com/
    sincronia@prodigy.net.mx

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