16, nov 2011

Jardinería de sonidos

Brian EnoRonda la imagen de la música como un edificio líquido y la arquitectura como música congelada. Habitaciones de sonidos o ladrillos. El músico Brian Eno cree que las asociaciones no corresponden con su experiencia como compositor. Invitado por edge, esa extraña organización que se ha dedicado a plantar preguntas agudas en las mentes más brillantes del mundo, el músico y productor sugirió que la creación musical está más cerca del patio de un jardinero que del restirador de un arquitecto.

Cuando empezó a componer, Brian Eno tenía en mente aquella imagen arquitectónica: un diseño que se plasma en un dibujo detallado. Para hacer música habría que imaginar la melodía, disponer la orquestación y conducir la voz de los instrumentos. Pronto entró en contacto con experimentos como los de John Cage o Steve Reich que rompían definitivamente con la imagen del arquitecto de partituras. Ni Cage ni Reich partían de una imagen completa de la pieza en la mente. Por el contrario, tenían en la mano unas cuantas ideas y se abrían a la intervención de la sorpresa. Recogían sonidos, aceptaban el silencio, le daban la bienvenida al caos. El paradigma musical cambió: el compositor dejaba de ser el personaje que dicta sonidos desde la cumbre de la inspiración; era, por el contrario, un creador equipado con unas cuantas intuiciones, un receptor de réplicas. Más que como arquitecto, el compositor trabaja como jardinero, dice el músico de los aeropuertos. Trae en la mano unas semillas, las echa a la tierra, las riega y espera para ver cómo crecen.

El arquitecto, dice Eno, es un obsesivo del control: quiere sujetar su criatura hasta el último detalle. No le basta el muro y la ventana, quiere diseñar el florero y la vajilla. Así no trabaja un jardinero—a menos de que haya sido el infame diseñador de ese espanto que es Versalles. Un jardinero busca sus semillas, las cuida, las planta y les ayuda a transformarse en otra cosa pero nunca imagina que podrá dominar el crecimiento de sus ramas, imponerle simetría a las hojas, dictar coloratura a las flores. La Ilustración impuso un ideal de poder que trasciende la política: nos definió como animales que se apoderan del mundo a través de la razón. Inteligencias dominantes. Bajo esta expectativa, renunciamos a un don crucial, dice Eno: el don de abandonarnos, el don de dejarnos ir, el don de aceptar la sorpresa, la gracia de aceptar la colaboración de lo inhumano.

La música, como la religión, como el arte, como el sexo sería abdicación de esa voluntad de poder. Elevación de quien se deja llevar. La composición de la que habla Eno supone una conciencia de todo aquello que no debe ser controlado, la disposición de soltar y recibir la colaboración del azar. La jardinería musical sería por ello un sabio recordatorio de que nuestra gracia no es solamente la capacidad de cerrar el puño para sujetar troncos convertidos en armas sino también nuestra habilidad para abrir la mano y soltar.

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2 Comentarios

  1. Otrootroblog dice:

    la idea de eno, de la música como jardín y el músico como jardinero, me hizo recordar un capítulo de la “conferencia sobre la eficacia” de françois jullien: “proceso: meditar acerca del crecimiento de las plantas”:
    “llegamos aquí al punto más relevante de la distancia entre las dos posiciones [la occidental y la china]: cómo el pensamiento del proceso (de la maduración) que ha desarrollado en china se diferencia de la dramatización del efecto, de un efecto aparente pero forzado –aparente porque forzado y que por eso sólo es un efecto ficticio. […] para ilustrarlo tomaré una anécdota extraída de mencio. al llegar a su casa al anochecer, un campesino les dice a sus hijos: ‘hoy he trabajado mucho, estiré los brotes de mi campo’. […] cuando los niños van a ver el campo, se encuentran con que todo está seco. éste es el ejemplo de lo que no hay que hacer, nos dice mencio. el hombre quiere que las plantas afloren y tira de los brotes. quiere llegar más rápido al efecto, en función del objetivo fijado, y al hacerlo arruina el efecto, porque lo ha forzado. […] con la intención de acelerar el brote, actúo directamente sobre él y voy en contra del proceso que está en marcha.” […] ahora bien, ¿qué hay que hacer? lo que cualquier campesino sabe: ni estirar los brotes, ni mirarlos crecer; sino dejar que las cosas sucedan (el proceso) sin por ello descuidarlas. […] hay que cuidarse tanto de la impaciencia como de la inercia.”
    saludos y gracias por este texto.

  2. Thanks for the sharing a such a great information.
    I am loving it.

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