14, Sep 2011

A propósito del mal…

Antes de que naciera el totalitarismo, el mal estaba repartido entre los hombres en dosis distintas y de una manera bastante equitativa, dentro de lo permitido por el yugo del pecado original. El totalitarismo ha modificado el equilibrio de fuerzas de una forma insólita: parece haberle quitado a la gente el mal que le es propio y haberlo monopolizado al igual que ha hecho con todo lo demás, con la economía, la política y la cultura. El Estado se ha convertido en el principal malhechor y tal vez en el único, aunque sea un malhechor que, por fuerza y a regañadientes, tiene que alimentar, vestir, curar e incluso divertir a sus rehenes. ¿Cabe añadir que éstos andan mal vestidos, comen poco, caen enfermos a menudo, y los chistes tienen que inventarlos ellos?

Aquí no hay lugar para novelas policíacas: todo el mundo sabe quién es el culpable: el culpable es el Estado.

Estamos ante una situación más peligrosa de lo que pudiera parecer a primera vista. El totalitarismo ofende profundamente nuestro sentido de la justicia, porque hace que dejemos de juzgarnos con severidad. nos arrebata el peso de la vida y anula de antemano cualquier posibilidad de contricción. Nos gusta hablar de la dignidad, pero ¿qué es la dignidad sin el peso de la culpa, sin justicia? El gran animal de Platón nos vuelve humanos con demasiada facilidad. Somos buenos porque no nos han permitido saborear la elección entre el bien y el mal, nos han privado de lo que fue la alegría y el tormento de innumerables generaciones anteriores. Somos buenos, nos agrada la retórica, condenamos lo condenable y aceptamos con gusto la compasión de los demás. ¿Quién nos devolverá la verdadera vida, el riesgo de elegir y de cometer errores? Es cierto, no hemos matado a nadie, a no ser que lo hayamos hecho de pensamiento durante la breve pausa entre dos poemas sublimes. El gran animal es el culpable de todo, es él quien martiriza a nuestras esposas, es él quien miente en nosotros, es él quien engaña. ¿Quién nos va a juzgar? ¿Quién nos arrancará del sueño?

Adam Zagajewski, «El mal», en Solidaridad y soledad, El acantilado, 2010

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2 Comentarios

  1. Mario G dice:

    Parece que «el Estado soy Yo» pues soy el culpable de todo lo que me ocurre…

  2. Luis Gabriel dice:

    Wow! No voy a negar que este texto esta escrito elocuentemnte, me gusta. Sin embargo, leyéndolo con más calma parece un poco confuso sino que tramposo. Parte de la premisa de que el Estado es igual al totalitarismo. ¿Es esta una posición ontológica (de como es el universo)? o ¿sólo describe un momento histórico, en un lugar en particular?
    Por otra parte, tenemos la obvia pregunta ¿qué es el Estado para el autor? puf! Gran discusión que se ignora en el texto. ¿Es el Leviatan de Hobbes o es el entramado de interacciones sociales, creencias, y prácticas de Gramsci? En el primer caso, sí, el Estado es exterior a nosotros mismos, un enemigo externo. En el segundo caso, el Estado es interior a nosotros mismos en tanto que nos constituye. Y si traemos clavado entre la carne al Estado ¿quién es el enemigo de la libertad?
    Si queremos hablar de la emancipación como este texto sugiere, debemos ser más serios con una teoría del oponente. De otra manera podemos caer en prácticas nihilistas, como eso de confundir el ejercicio de la libertad con dejarlo todo a la mano invisible del mercado en oposición al Estado, que no es otra cosa que la deificación de otra quimera. El mal del hombre moderno que se resiste a vivir en un mundo desencantado, y que tiene la fantasía de que eliminando una restricción particular se volverá al paraíso perdido.
    Saludos

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