04, Abr 2011

Águila o Paz

Tamayo - Águila o sol

A Jean Bodin se le recuerda por haber fijado para la posteridad la idea de la soberanía. Escribiendo en la segunda mitad del siglo XVI, defendió un poder sin restricciones que fundara la ley y se impusiera inequívocamente en el reino. Un poder absoluto y perpetuo, no sujeto a reglas. Pero este hombre al que asociamos con la institucionalización de la monarquía absoluta es también un teórico de la prudencia monetaria. El rey habría de concentrar todos los poderes en su trono: legislar, resolver conflictos, declarar la guerra. El poder incluso, sobre la vida y la muerte de sus súbditos estaría en sus manos. Pero justamente por el propósito de fortalecer al soberano, sugería que el rey no cayera nunca en la tentación de demeritar la moneda que acuñaba. La moneda no solamente era un instrumento de cambio: era el retrato del rey. Una hoja de metal con el perfil del monarca que pasaba de mano en mano. Si la moneda dejaba de valer, quien se devaluaba era el gobierno. El soberano estaba en su moneda económica y simbólicamente.

Algo dice una comunidad política que elige a un escritor para aparecer en su moneda. Tal vez sugiere que hay otra soberanía: No la de la fuerza, sino la de la palabra y la imaginación. Octavio Paz vuelve a ser la espalda del águila en las monedas de México. La ocasión es extraña. Se recuerda el aniversario del Premio Nobel, como si lo que fuera recordable del poeta fuera la decisión de un club de suecos más que la obra de toda una vida. Sea como sea, es curioso que Paz termine acuñado. Hay en su poesía y en su ensayo una constante repulsa al dinero, como el símbolo de una sociedad que abominaba. Que haya trabajado para la Comisión Nacional Bancaria contando billetes para quemarlos es un símbolo perfecto. Amontonar billetes muertos para convertirlos en ceniza.

La moneda aparece en un título de Octavio Paz como metáfora del azar o, quizá, del milagro. Águila o sol es una colección de poemas en prosa en donde aparece un primer texto con ese título. Un escritor que galopaba con imágenes se detiene de pronto. La señales se le borran. “Hoy lucho a solas con una palabra. La que me pertenece, a la que pertenezco: cara o cruz, águila o sol?”

Pero la metáfora más fuerte de la moneda en la poesía de Paz no es la del volado sino la de la de una rueda desalmada que devora al hombre. Entre la piedra y la flor es el poema en donde despunta la extraordinaria ambición del poeta. Era el poema de un muchacho que apenas salía de su casa por primera vez, que viajaba y encontraba la miseria en Yucatán. Hombres aplastados por una maquinaria que estrangula. El hombre que da vueltas y vueltas en los siglos, hablando un lenguaje que los burócratas y los comerciantes desconocen. El poema captura el repudio de Paz a la economía de mercado que habría de acompañarlo—con todos sus cambios—a lo largo de toda su vida. La moneda es retratada como el símbolo más perfecto de una comunidad alterada por el imperio de las mercancías.

El dinero y su rueda,
El dinero y sus números huecos,
El dinero y su rebaño de espectros.

La moneda no es la medalla de metal que perfora el bolsillo. Es, en realidad, un agujero por el que se despeña el hombre. Una boca que devora todo lo valioso y que hace cálculos con lo sagrado. La brujería del dinero evapora los sudores, las lágrimas, la idea. Sea cual sea su valor, la moneda es un engaño: es el Gran Cero, dice.

Sus jardines son asépticos
su primavera perpetua está congelada,
sus flores son piedras preciosas sin olor,
sus pájaros vuelan en ascensor
sus estaciones giran al compás del reloj.

Para el romántico, el dinero no puede ser más que una infamia, una blasfemia: un talismán que desencanta al mundo y corrompe al hombre. Los pájaros volando en el elevador. Lo que importa no suma. Son las alegrías y penas personales, pero también la fantasía del mito: la pirámide, el ídolo y la virgen. El poderoso caballero nos posee. Buscamos la riqueza sin darnos cuenta que somos moscas y el dinero araña. El dinero nos vuelve ninguno. No importa si se tiene mucha o poca plata. Lo que importa es que la moneda nos convierte en número. No somos un quién: somos un cuánto.

El dinero seca la sangre del mundo
sorbe el seso del hombre.
Escalera de horas y meses y años:
allá arriba encontramos a nadie.

Saber contar, dice Octavio Paz, no es saber cantar.

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