27, Ene 2014

José Emilio Pacheco sobre El cantar de los cantares

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Ningún poema tan célebre como El Cantar de los Cantares, el Cantico Canticorum, título que a su vez interpreta el nombre hebreo Shir Hashshirim. No existe un texto más misterioso ni más fecundo en las lenguas europeas. En la española ha inspirado las obras maestras de San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Francisco de Quevedo y los traductores bíblicos Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. El Cantar de los Cantares vuelve absurda la idea de que existen el “autor” de un texto y las tradiciones nacionales. A semejanza de la cocina, la poesía es una serie infinita de apropiaciones e intercambios. Nada es de nadie porque todo es de todos. Un poema pertenece a quien tenga la voluntad de hacerlo suyo.

Como texto sagrado, El Cantar de los Cantares es una alegoría de la unión de Dios con Israel, de la divinidad con el alma humana y de Cristo con la Iglesia. En términos no místicos sino terrenales es una celebración del deseo mutuo y la legitimidad y la dignidad del placer.

En su versión,  publicada por Era en 2009, puede leerse:

Salomón:

Amor mío, qué hermosa eres, cómo encantas cuando hablas. Con tu sola mirada me enamoraste. Una vuelta de tu collar bastó para subyugarme. Maravilla es amarte y delicia tu amor mejor que el vino. Tu aroma supera las fragancias del áloe y la mirra, el azafrán y la canela. Tienes miel en tus labios y en tu lengua. Tu vestido huele a perfume del Líbano. Eres fuente en el huerto, manantial de agua viva. Tu cuello es como la Torre de David ornada con trofeos de guerra. De ella penden mil escudos arrebatados a los valientes. Tus senos son gacelas que pastan entre las azucenas. En ti no hay defecto: toda tú eres hermosa.

La Sulamita:

Desde que encontré la paz en tu amor, muro soy y mis senos son como torres.

Salomón:

Nadie puede comprar el amor.

La Sulamita:

Sería vergonzoso hacerlo.

Salomón:

La pasión es implacable como el infierno.

La Sulamita:

Sus saetas son flechas de fuego, llamaradas de Dios.

Salomón:

Los torrentes no pueden apagar el amor.

La Sulamita:

Los ríos son incapaces de anegarlo.

Salomón:

El amor es fuerte como la muerte.

La Sulamita:

Fuerte como la muerte es el amor.

 

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