12, Jul 2013

Simic: la paciencia del flojo

Charles Simic entrega al New York Review una nota sobre el verano.

Muy a mi pesar, ya no sé como ser flojo y el verano no tiene ninguna gracia sin pereza. La indolencia requiere paciencia–tumbarse en el sol, por ejemplo, día tras día–y a mí ya no me queda nada de paciencia. Cuando la tenía era una bendición. Vivía como los viejos griegos, que nada sabían de horas, de minutos, de segundos. No extraña que pudieran pensar tanto. Cuando Sócrates regresaba tarde a casa, después de un día de andar filosofando con Platón, su malhumorada esposa Jantipa no podía señalarle un reloj en la pared, mientras lo empezaba a regañar.

 

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