29, may 2017

Roberto Rébora y la maldita perspectiva

Materia y discurso de fe; Roberto Rebora Giorgio Vasari vio en la perspectiva la maldición que habría de condenar a Paolo Uccello a la mediocridad. Habría sido el más gracioso, el más imaginativo de nuestros genios si no hubiera sido presa de ese embrujo. Si hubiera trabajado en serio en las figuras y formas que aparecen en sus cuadros, no se habría perdido en los detalles de la perspectiva. Pero esa disposición de las formas en el espacio, ese diálogo de las distancias lo cautivó a tal punto que volvió estéril el talento. A la maldita perspectiva le atribuye Vasari también la soledad, la melancolía, la pobreza de Pablo el Pájaro. Advierto en la pintura de Roberto Rébora una obsesión paralela. Una exploración de las dimensiones pero, sobre todo, una reflexión sobre los vínculos entre los cuerpos. La perspectiva escudriña la relación de los objetos en el espacio. La relación entre los hombres y las cosas, entre el hombre y el hombre, entre el hombre y las emociones, la partícula y el todo. En las habitaciones de un cuarto de hotel, en el cruce de los caminos, en una esquina, las mujeres que retrata están solas. Arte de la soledad. Así sea en la maraña de los coches y edificios, sus personajes están solos. Estampas que narran la desolación de la culpa, del arrepentimiento, del deseo, de la cavilación. Cuadros que son historias detenidas. La elocuencia del instante emocional. El vacío es uno de los personajes constantes en la pintura de Rébora. Muros que imponen su corpulencia física como peso del absoluto. Entre el paredón y nosotros, hombres y mujeres (sobre todo mujeres) que nos dan la espalda. Figuras cabizbajas, encorvadas. La ansiedad está en la figura, no en el rostro. Como en las esculturas de Henry Moore, es la flexión de los volúmenes la que transmite ánima.   El artículo completo, en Letras libres…

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