Arquitectura

28, Ene 2013

El pabellón que Mies van de Rohe no hubiera querido que vieras…

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Visto aquí.

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15, Ene 2013

Aalto, Barragán, Calatrava. Un abecé de arquitectos…

Visto (también) en openculture.

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12, Dic 2012

Sobre la vacía teatralidad de Niemeyer

Sarah Williams Goldhagen escribe en el New Republic una nota sobre la arquitectura de Oscar Niemeyer que se separa de los elogios recientes. El brasileño no es el creador de una arquitectura humana y sensual, como repiten los obituarios. Su gran mérito fue diseñar una arquitectura surrealista. Arquitectura que es más teatro que arquitectura. "Muchos de los edificios de Niemeyer son poco más que contenedorese vistosos, que no contienen nada… Objetos que se ven bien. Eso es todo."  

Palacio_Alvorada

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18, Sep 2012

Morphe

«Todo es un asalto a la piel»: Hermann von Helmholtz.Visto aquí.

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13, Sep 2012

El parque de Louis Kahn en Nueva York

La única obra que Louis Kahn diseñó para Nueva York se ha concluido, finalmente, casi cuarenta años despúes de la muerte del arquitecto. Se trata del Parque Roosevelt, la pieza más abstracta de Kahn.

Kahn

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13, Jun 2012

La Ciudad de México en Time-lapse

Corto dirigido por Luis Mandoki y Mariana Rodríguez. En esta nota de Fernando Reséndiz para Arquine, pueden verse los documentales de Berlín, Nueva, York, Barcelona, Chicago y otras ciudades.

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13, Jun 2012

La casa es el paseo

Casa Mty

Decía Heidegger que construir es habitar y que habitar es cuidar. Cuidando la montaña en la que se posa, la casa Monterrey diseñada por Bernardo Gómez Pimienta, no es solamente una habitación para sus dueños, es también un regalo a la ciudad que ahora contempla los árboles y los pedruscos de su sierra bajo el signo de una edificación tutelar. Cada una de las cajas que la integran, parecen haber sido depositadas con suavidad sobre el cerro sin romper ni una rama de árbol. Si construir es cuidar, será también escuchar: por eso la arquitectura es el otro arte del oído. Diálogo de construcción y naturaleza. No es el sometimiento de lo silvestre al dictado de la razón, es el contrapunto del trazo y el azar: la inteligencia del hombre frente a la otra.

La casa ocupa su lugar en la montaña sin allanarla. Una silvestre exuberancia se entiende íntimamente con la exactitud matemática de la imaginación y de la técnica. Los caprichos del bosque son el contrapunto del exquisito esmero arquitectónico. La casa promulga así un claro manifiesto contra la jardinería, ese sometimiento de la vegetación al designio de navajas y equilibrios. Pinos, encinos, cedros, oyameles, zacatonales, yucas, uñas de gato, lechuguillas son—más que vecinos—cohabitantes de la casa. La inteligencia geométrica de Gómez Pimienta, la profunda sabiduría de sus formas se despliega aquí como una ambición comedida: el arquitecto maduro que entiende las fronteras de su arte admitiendo la colaboración del mundo.

La casa que acaba de recibir Medalla de Plata en la categoría de vivienda unifamiliar en la Bienal de Arquitectura Mexicana es una intervención corpulenta y, al mismo tiempo, sutil. Se muestra pero también se esconde. Ostensible a la distancia pero ligera, casi etérea desde el interior. Cada espacio encuentra su vocabulario, su material, su continente: madera, mármol, concreto, fierro. Cada ritual doméstico merece residencia inconfundible; cada cuarto, su envoltura: cada recinto recibe un abrazo único y sin prisa. Los espacios nunca se dan la espalda: se comunican con pasillos de contemplación. Hilos de luz, túneles de transparencia enlazan un cuerpo de células libres. La montaña se convierte de ese modo en la puntuación cotidiana de la casa. No hay conglomeración de aposentos, la arquitectura deja de ser asiento para volverse travesía. Paréntesis en la montaña unidos por la transparencia de una coma. La vitalidad de la casa reside en su régimen respiratorio: todo tránsito cotidiano absorbe al bosque. Desplazarse de la sala al comedor, del cuarto a la cocina es inhalar la montaña y exhalar arquitectura. Llenarse de mundo los pulmones. El paseo no es la excursión de quien sale fuera de la casa para perderse en el cerro: la casa es el paseo.

*

Desde el verano de 1922, Martin Heidegger vivió en una cabañita en las montañas de la Selva Negra. Abandonó la ciudad para habitar una soledad envuelta en bosque. Un cuarto de siglo después de aquella mudanza que marcó su filosofía escribió un texto al que tituló “El pensador como poeta”. Su casa, su pensamiento, su vida seducidos por la naturaleza y una arquitectura que la escucha:

Cuando la luz de la aurora crece en silencio sobre las montañas…

Cuando el molinillo de viento que está fuera de ventana de la cabaña zumba en la tormenta que crece…

Cuando a través de un jirón en el cielo con  nubes de lluvia se desliza de pronto un rayo de sol sobre la penumbra de las praderas…

Cuando al comenzar el verano se abre una solitaria flor de narciso en la pradera y una rosa de las rocas brilla bajo el arce…

Cuando el viento, al cambiar de repente, murmura en las vigas de la cabaña y el tiempo amenaza con volverse desagradable…

Cuando en un día de verano la mariposa se posa en una flor y, con las alas cerradas, se balancea con ella en la brisa…

Cuando el arroyo de montaña en el silencio de la noche cuenta su caída sobre las piedras…

Cuando en las noches de invierno se desgarran en la cabaña tormentas de nieve y una mañana el paisaje se calla bajo su manto de nieve…

Cuando los cencerros de las vacas tintineas desde las laderas del valle de montaña conde los rebaños vagan lentamente…

Cuando la luz de la tarde, inclinándose en algún lugar del bosque, baña de oro los troncos de los árboles…

El filósofo, ciudadano de su cabaña, registra las confidencias naturales de las que brota la idea, la vida. El texto concluye en poema:

Los bosques se extienden     
Los arroyos saltan    
Las rocas permanecen         
La niebla se difunde

Las praderas esperan           
Brota la fuente          
Los vientos viven     
Bendiciendo a las musas.

La bendición de las montañas silenciosas, los milagros la luz, las amenazas del viento, los bailes de la brisa. Y las rocas que permanecen. Mudanzas del tiempo y la dura persistencia de la roca. La casa Monterrey de Bernardo Gómez Pimienta ha sido tocada por la misma musa. La arquitectura es la conquista física de lo intangible. Otra forma de nombrar lo inefable y, además, habitarlo.

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04, Jun 2012

Una entrevista con Koolhaas

The New Statesman publica una entrevista con el arquitecto Rem Koolhaas. Entre las cosas que dice: 

  • KoolhasA los 12 vi una fotografía de Brasilia en Time que me motivó a ser arquitecto. Sugería que, a través de la arquitectura puedes controlar las ciudades. 
  • La arquitectura es una extraña profesión colectiva: siempre se hace en grupo. Hay una modestia esencial en ella, una contradicción total con la idea de una estrella. 
  • La arquitectura era una expresión del sector público (…) pero en los últimos 30 años se ha desplazado al sector privado y en consecuencia expresa frecuentemente los valores de un individuo o de un grupo de individuos. La arquitectura es súper política. 
  • Me considero un socialista. Estoy totalmente al tanto de la ambigüedad de esa afirmación.
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01, Jun 2012

Jacques Herzog, Pierre de Meuron y Ai Wei Wei en la galería Serpentine

La galería Serpentine comisionó a los arquitectos suizos Herzog & de Meuron y al artista chino Ai Wei Wei la pieza de este año que coincide con las Olimpiadas de Londres 2012. El pabellón de la galería Serpentine se ha vuelto ya una tradición cultural londinense. Cada año, un arquitecto es invitado a construir una estructura temporal en los jardines de la galería. Este año, la obra del equipo que construyó el estadio nacional de Beijing es un espejo de agua que es el techo de una cueva de corcho. 

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16, Abr 2012

Arquitectura y acústica

Victoria Newhouse ha publicado un libro sobre la arquitectura de las nuevas salas de conciertos, explorando la conexión entre el espacio y el sonido. Aquí habla de su trabajo:

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16, Nov 2011

Jardinería de sonidos

Brian EnoRonda la imagen de la música como un edificio líquido y la arquitectura como música congelada. Habitaciones de sonidos o ladrillos. El músico Brian Eno cree que las asociaciones no corresponden con su experiencia como compositor. Invitado por edge, esa extraña organización que se ha dedicado a plantar preguntas agudas en las mentes más brillantes del mundo, el músico y productor sugirió que la creación musical está más cerca del patio de un jardinero que del restirador de un arquitecto.

Cuando empezó a componer, Brian Eno tenía en mente aquella imagen arquitectónica: un diseño que se plasma en un dibujo detallado. Para hacer música habría que imaginar la melodía, disponer la orquestación y conducir la voz de los instrumentos. Pronto entró en contacto con experimentos como los de John Cage o Steve Reich que rompían definitivamente con la imagen del arquitecto de partituras. Ni Cage ni Reich partían de una imagen completa de la pieza en la mente. Por el contrario, tenían en la mano unas cuantas ideas y se abrían a la intervención de la sorpresa. Recogían sonidos, aceptaban el silencio, le daban la bienvenida al caos. El paradigma musical cambió: el compositor dejaba de ser el personaje que dicta sonidos desde la cumbre de la inspiración; era, por el contrario, un creador equipado con unas cuantas intuiciones, un receptor de réplicas. Más que como arquitecto, el compositor trabaja como jardinero, dice el músico de los aeropuertos. Trae en la mano unas semillas, las echa a la tierra, las riega y espera para ver cómo crecen.

El arquitecto, dice Eno, es un obsesivo del control: quiere sujetar su criatura hasta el último detalle. No le basta el muro y la ventana, quiere diseñar el florero y la vajilla. Así no trabaja un jardinero—a menos de que haya sido el infame diseñador de ese espanto que es Versalles. Un jardinero busca sus semillas, las cuida, las planta y les ayuda a transformarse en otra cosa pero nunca imagina que podrá dominar el crecimiento de sus ramas, imponerle simetría a las hojas, dictar coloratura a las flores. La Ilustración impuso un ideal de poder que trasciende la política: nos definió como animales que se apoderan del mundo a través de la razón. Inteligencias dominantes. Bajo esta expectativa, renunciamos a un don crucial, dice Eno: el don de abandonarnos, el don de dejarnos ir, el don de aceptar la sorpresa, la gracia de aceptar la colaboración de lo inhumano.

La música, como la religión, como el arte, como el sexo sería abdicación de esa voluntad de poder. Elevación de quien se deja llevar. La composición de la que habla Eno supone una conciencia de todo aquello que no debe ser controlado, la disposición de soltar y recibir la colaboración del azar. La jardinería musical sería por ello un sabio recordatorio de que nuestra gracia no es solamente la capacidad de cerrar el puño para sujetar troncos convertidos en armas sino también nuestra habilidad para abrir la mano y soltar.

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21, Oct 2011

El museo de historia militar de Libeskind

Libeskind - Museo de Historia Militar Dresden
Visto aquí

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10, Oct 2011

Norman Foster sobre Steve Jobs

Foster - apple2Gracias a Federico M. Garza, frecuente corresponsal de este blog, descubro este texto de Norman Foster sobre el fundador de Apple, con quien Foster ha trabajado para construir el nuevo edificio de la empresa. El arquitecto resalta su talento para columpiarse entre la gran estrategia y el detalle más pequeño. Aquí puede encontrarse una interesante reflexión sobre la relación entre estos dos apasionados del diseño. (Vale la pena la discusión que Federico estimuló ahí mismo).

 

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05, Oct 2011

El lenguaje de la ciudad

100 x 100

Es una tristeza entendible que el vocabulario de la urbe se empobrezca al perder contacto con el pasto. Tantos y tantos nombres del mundo silvestre que van perdiéndose. Tantas y tantas palabras olvidadas. Voces que, al nombrar la variedad natural, le rinden homenaje a cada hoja, a cada insecto, a cada pájaro. Nos hemos ido quedando mudos para hablar del universo vegetal. Cuando vamos a una florería usamos señas en lugar de palabras para pedir la flor que nos seduce. Recordando e inventando nombres de plantas, hierbas y pócimas se compone el fabuloso libro de los venenos de Antonio Gamoneda. El paladar disfruta el nombre de cada criatura y el abanico de sus poderes mágicos. “La cebolla albarrana es silvestre y purpúrea; amarga al gusto de manera hiviente; se da, con miel, a los hidrópícos; cale contra los sabañones y las verrugas; dicen que, colgada sobre sobre la puerta, preserva la casa de hechicerías contrarias. El serpol es yerba hortense y salvaje que serpea por tierra; con su olor ofende a la escolopendra; sirve a los letárgicos y frenéticos y, preparada con vino, deshace las durezas del bazo. La centinodio crece en los cementerios; es provechosa para los oídos que manan materia hedionda y en los vómitos coléricos. El arrayán, que también llaman mirto, es árbol de dos especies, blanca y negra, aunque Plinio llega a decir que delo arrayán hay once géneros; del negro se obtiene un vino sin virtud alcohólica; el blanco tiene flores con cinco pétalos y expande un olor muy suave; éste refresca el sudor y cura las hinchazones de las ingles; también elimina las viruelas y la alopecia; de su médula se hace un aceite lenitivo; de sus ramas floridas, coronas para los héroes que no han derramado sangre.”

Pienso en esta devaluación de nuestro lenguaje imaginando que el olvido del vocabulario silvestres habría sido remplazado por otro igualmente rico que nombrara la riqueza de nuestro entorno asfáltico. Palabras que designaran la abundante fronda de la ciudad. Pero hemos olvidado el nombre de las hierbas y los árboles sin haber adquirido el lenguaje de la selva que habitamos: el lenguaje de la arquitectura. Fernanda Canales y Alejandro Hernández han publicado un libro extraordinario que despliega las joyas del vecindario y pone nombre a las construcciones que vemos diariamente, sin siquiera advertirlo. En una magnífica edición de Arquine, los dos arquitectos han ubicado a los cien creadores más importantes del siglo XX mexicano y sus obras más emblemáticas. El libro es un paseo por las muchas estaciones de la cultura mexicana desde el restirador del arquitecto, el urbanista y el diseñador: sus muchas búsquedas y sus grandes hallazgos. La exploración de la identidad y la ambición del monumento; la confianza en lo público y el refugio espiritual; el servicio público y la intimidación.

100 x 100 es un fichero de arquitectos, un álbum, una galería de maestros. Es también la obra negra de muchos libros por venir: una historia cultural de la arquitectura, una sociología de la profesión, una guía turística, un mapa de edificios canónicos. Me parece que es, sobre todo, una pista para reinsertarnos en el mundo que habitamos. Nuestras ciudades llevan la traza que algún día fue proyectada por algún lápiz. Las calles que recorremos están bordeadas por edificios que han dado cuerpo a una idea; nuestras viviendas expresan una idea del mundo, del hombre, de México. 100 x 100 es el gabinete arquitectónico que nos permite reconocer, en el vocabulario de la arquitectura, el lenguaje de la ciudad.

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04, Oct 2011

Cabañas para pensar

Wittgenstein casa

Enrique Vila-Matas reflexiona sobre el sitio del pensamiento. Lugares que sirven para reflexionar, ámbitos que estimulan el surgimiento de la idea. Habla de la cabaña que Wittgenstein construyó para sí mismo hace un siglo.

En Skjolden logró aislarse y oír su propia voz y confirmó que se podía pensar mejor desde la cabaña que desde la cátedra. De hecho, empezó a dirigirse desde allí muy particularmente a quienes quisieran iniciarse en un nuevo modo de ver las cosas y no a la comunidad científica ni a la ciudadanía. (…) Exilado de la estupidez humana, al amparo del aire espontáneo de su refugio noruego, junto al fiordo Sogne, abrió con sus actitudes hacia la filosofía un camino: trató de comprender, no de juzgar; trató de convencer, no de demostrar. A lo largo de un año febril en el que no se cansó de alumbrar nuevos movimientos en su pensamiento ("¡entonces mi mente estaba en llamas!"), cambió la filosofía internacional, aunque el mundo hoy sigue igual, o peor: seguimos rodando en silencio y es imposible ver detrás del sol; pensar continúa siendo anómalo y sin duda faltan cabañas.

Fue el mismo filósofo quien dijo que “en la civilización de la gran ciudad el espíritu sólo puede retirarse a un rincón."

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