Arquitectura

29, Sep 2011

Arquitectura griega

Herman Melville

No es magnitud, no es majestad:
es forma–el Sitio.
No es anhelo de creación:
reverencia al Arquetipo. 

(Pescado acá)

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31, Ago 2011

Jobs y Foster

Foster - Apple
Al elegir a Norman Foster para diseñar las oficinas centrales de Apple, Steve Jobs ha revelado a su gemelo espiritual. En una nota publicada recientemente, David Galbraith examina el paralelo. Foster perfeccionó el modelo de vender diseño a las grandes empresas. Uno de los despachos más activos en el mundo que no dejó de ganar premios de diseño. Comulgando plenamente con esa vocación estética y empresarial, Jobs logró conectó con el gran público. Gran tecnología en donde la forma seguía a la función y que era accesible a mucha gente. El modernismo tecnológico de Jobs resulta la conversión individualista del sueño soviético: modernismo para las masas.

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28, Dic 2010

Frank Lloyd Wright en What’s My line?

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30, Sep 2010

El tercero y el séptimo (arte)

The Third & The Seventh de Alex Roman.

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20, Sep 2010

Habitación efímera

En Union Square de la ciudad de Nueva York se exponen los finalistas de un concurso de casas efímeras. Ciudad Sukkah, se llamó el concurso, evocando las posadas de los judíos en su éxodo. Todas las habitaciones debían tener, por lo menos, dos paredes y media y un techo que produjera sombra sin impedir que se vieran las estrellas por la noche. Adentro debería haber espacio para acomodar una mesa. 

Sukkah 

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11, Ago 2010

El Parlamento de Bangladesh

A propósito de la arquitectura parlamentaria, este fragmento de la película My Architect, la conmovedora película de Nathaniel Kahn en busca de su padre y su arquitectura (o, al revés): 

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11, Ago 2010

Una democracia horrible

Reichstag - Foster No hay arte más político que la arquitectura. La arquitectura es el único arte que moldea directa, físicamente el entorno humano. No es una mancha en el papel ni un arreglo de sonidos fugaces, sino el levantamiento de un bloque permanente que nos envuelve. Por eso es, entre todas las artes, el emisario más perfecto del poder. El arquitecto ofrece al gobernante servicios que nadie más puede prestarle: demuestra los poderes de la voluntad, condensa una ideología en formas visibles, alimenta el orgullo colectivo; intimida; sacraliza y consagra al prócer. El arquitecto cincela identidad, enaltece al poderoso y convoca a la sumisión. Sus recursos pueden ser, efectivamente, la representación más elocuente de esa ambición de controlar la historia y demostrar que el Estado es capaz de rehacer el mundo.

Dictaduras y repúblicas han entendido el poder de la arquitectura. Todo régimen político necesita expresarse visualmente: requiere continentes y volúmenes; precisa símbolos y ritos. Y porque la continuidad de una nación aspira a alguna trascendencia, también requiere templos. Sitios revestidos de alguna solemnidad para la escenificación de las ceremonias de renovación y de cambio. José Miguel González Salazar y Axel Arañó han coordinado un libro extraordinario que ofrece una formidable lección sobre las conexiones entre el arte y el poder; un elocuente testimonio del diálogo entre el Estado y la creación arquitectónica. O, podría decirse, más directamente: un aviso del atasco político y la esterilidad plástica. Se titula Arquitectura parlamentaria en México. Dos siglos de recintos para el diálogo.

El libro es un trabajo monumental y una edición exquisita. Se conectan en sus páginas el apunte teóricos, reflexiones políticas y análisis comparativos. Deyan Sudjic, el autor de The Edifice Complex , colabora con una pieza inédita sobre el sitio de la arquitectura parlamentaria. José Miguel González Salazar recorre la historia de las asambleas desde la antigua Atenas hasta la imaginación de George Lucas. Fernando Zertuche reconstruye la historia de México a partir de los recintos parlamentarios. Finalmente, Axel Arañó examina puntualmente cada uno de los edificios parlamentarios de México: las dos sedes federales y las 32 asambleas locales. El contraste entre la calidad de la edición y el material expuesto en esta última parte es asombroso. Al retratar cada una de los congresos, el libro integra una elocuente colección de horrores arquitectónicos.

La arquitectura parlamentaria mexicana es francamente anodina, una arquitectura carente de personalidad. Se trata de una arquitectura que no vive con frescura su tradición ni con naturalidad el tiempo presente. Neocolonialismo helado y modernidad de centro comercial. El Congreso del estado de Chihuahua, siendo el más reciente, retrata la improvisación. El diseño original del congreso lo hizo Mario Pani paraun conjunto de oficinas privadas. Después, parte del edificio se empleó como hotel. Finalmente, se adaptó para recibir a los legisladores del estado de Chihuahua. El congreso de Campeche es una nave espacial, un sándwich, un par de platos encimados, una mala imitación de un mal remedo de Niemeyer. El congreso de Durango fue construido en un semestre para despedir, como se lo merecía, el gobernador en turno. Quizá la mayor atrocidad arquitectónica sea obra de un gobernador … arquitecto. El gobernador de Hidalgo, el arquitecto Guillermo Rossell de la Lama decidió la construcción de un edificio para el congreso del estado. El proyecto de la obra lo diseñaron dos integrantes del gabinete del señor gobernador. El congreso es una fortaleza de piedra enclavada en una explanada denominada “Plaza del Nacionalismo Revolucionario” donde los pedestales duplican en altura las estatuas que sostienen y donde un mural de la peor factura imaginable, presenta a los héroes de la independencia y de la revolución con ojos desorbitados. Se trata de una plaza que, como bien nos recuerda Axel Arañó, ¡no tiene acceso público! La fachada son dos inmensas grapas de piedra; la plaza, un espacio muerto. Después de recorrer el estudio pormenorizado de Axel Arañó, el subtítulo parece, una broma. Estos no son recintos del diálogo. Si algo enseña este libro es precisamente esa ausencia: el país carece de espacios para la deliberación.

Fachada-de-la-camara-de-diputados-300x350 La monstruosidad arquitectónica de San Lázaro es buen símbolo del régimen hegemónico que celebraba. Más que culminación de la arquitectura nacionalista, se trata de una muestra de arquitectura fascista. Lo es por las dimensiones del edificio, la solidez impenetrable de lo pétreo; la sacralización de lo nacional, la disposición reverencial del auditorio. El presidencialismo retratado en su ambición, en su poder y en su mal gusto.

El más lúcido politólogo de mi generación tuvo el acierto de calificar nuestra democracia como tonta. Después de recorrer el libro de nuestra arquitectura parlamentaria, quisiera agregar otro adjetivo: tenemos una democracia horrible.

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01, Jul 2010

Maravillas de la arquitectura contemporánea

Cuentan que, cuando un nonagenario Philip Johnson visitó el Guggenheim de Bilbao, soltó la expresión: "la arquitectura no es asunto de palabras. Es asunto de lágrimas." Y agregó como comparación: sólo he sentido esto frente a la catedral de Chartres. Vanity Fair le ha preguntado a 90 arquitectos cuáles son las cinco edificaciones más importantes de los últimos treinta años. Las votaciones pueden verse aquí y por acá puede verse el portafolio de las maravillas.

Guggenheim

  

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21, Jun 2010

La arquitectura y la evolución de la música

David Byrne reflexiona aquí sobre la conexión entre el espacio y la composición musical: 

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02, Nov 2009

Topes

Topes

Desde hace algunas semanas Julio Trujillo colabora en el diario La razón. En su artículo del sábado pasado habla de uno de los protagonistas de la ciudad: el tope.

Los topes son el punto cero de la civilización. Son embriones de
muros, y nada hay más indignante que esos límites concretos levantados
ante el fracaso de la política, es decir: de la conversación. Un tope
es el polo opuesto a la conversación, es un grito, una interjección
(diría que es un ladrido, pero el símil sería indigno para los perros).
Un tope es tan burdo, tan básico, que cualquier adjetivo le queda
grande (incluso “burdo” y “básico”). Un tope es un tope es un tope. Un
tope es un puñetazo en la cara.

Según mi experiencia, las ciudades mexicanas (algunas) son los
únicos lugares del mundo que basan su vialidad en la imposición del
tope. Si un español lee este texto, probablemente no lo entienda porque
esa acepción de “tope” no ha entrado ni a su vocabulario ni a su vida.
Pero mi experiencia es limitada. Habrá otras ciudades que manifiesten
su fracaso civil con un relieve de chipotes. Auch: el tope es la
vulgaridad del horizonte. Es la interrupción por antonomasia. Es el
odiado telefonazo inoportuno. Es el puño infame que tocó en la puerta
de Coleridge cuando éste transcribía el sueño de un poema perfecto, del
cual sólo alcanzó a registrar un fragmento. Sí, los topes nos
fragmentan, nos obligan a desplazarnos en añicos: son el asma de la
urbe.

¿Qué pasó con los anuncios rojos que decían sencillamente “ALTO”?
Murieron por indiferencia: hoy son los fósiles de otra época. ¿Qué pasó
con la dignidad de los semáforos? Los semáforos son los predicadores de
las esquinas, y todos comparten el mismo discurso, la misma
perseverante letanía: no, sí, cuidado. Son moralistas que antes
imponían respeto porque su fe se basaba en el dogma del orden, es decir
en la “colocación de las cosas en el lugar que les corresponde”. Toda
ciudad es un organismo, un conjunto de órganos y de las leyes con que
se rige. Los semáforos son, o eran, el asta bandera de la más evidente realpolitik.
Son el lenguaje que nos inventamos —trinitario y cromático, bello en su
sabia simplicidad— para funcionar sin estridencia. Idealmente, en una
ciudad se tejen miles de diálogos mudos y simultáneos gracias a los
semáforos: pase usted, gracias, ahora usted, gracias, cuidado, ahora
sí, ahora no. Pero dimos un manotazo en la mesa y nos levantamos,
rompimos el diálogo y erigimos el tope.

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28, Oct 2009

La bicicleta en la ciudad

Byrne diaries David Byrne es un tiburón que no puede quedarse quieto. A la caza permanente de canciones, ritmos, esculturas, intervenciones y hasta presentaciones de powerpoint, canta, bailotea, produce discos, esculpe, hace instalaciones sonoras, publica en blog un diario extraordinario. La exuberancia de su música es apenas muestra de su apetito artístico. En sus discos se asoman sus contagiosas capturas: el funk y el minimalismo clásico, los ritmos africanos, el gospel, la música electrónica y el chachachá. Sus letras son sueños que adquieren sentido en otra gravedad. Eficaz escritura automática cuyo sentido no es siempre claro. Vena abierta de palabras brincadoras. En una charanga de su primer disco tras la separación de los Talking Heads, se cantaba a sí mismo caminando gozosamente como un edificio. ¿Cómo trotarán los rascacielos?

No es raro que un hombre tan renuente al reposo haya escogido la bicicleta para trasladarse. Desde hace treinta años David Byrne se mueve en Nueva York en su bicicleta. Cuando viaja por el mundo para dar un concierto, para grabar un disco, para armar una instalación, empaca una bicicleta portátil. Procura siempre tener tiempo para perderse. Al montarse en su bicicleta, Byrne se sienta pero no está quieto. Se transporta sin dejar de pasear. Un libro reciente recoge sus aventuras sobre pedales (Bicycle Diaries, Viking, 2009). El invento que elogia es una máquina que no nos arrebata nuestra condición de animales, esto es: seres que se mueven por impulso propio. Cuando las piernas pedalean, avanza la cinta del mundo y se activan las palpitaciones. Se puede ver así la película desde un ventanal con ritmo. Piernas y sangre al compás de la ciudad. Más rápido que la caminata, más lento que una moto, la bicicleta resulta el gran mirador de lo urbano. Los coches aplastan las ciudades y las cercenan con viaductos taponados. Sus conductores cierran los ojos a sus habitantes, se encierran en su cápsula y se vuelven sordos a sus rumores. El ciclista, en cambio, es el habitante atento.

Los diarios de bicicleta de David Byrne son postales urbanas llenas de color y música. Notas sueltas sobre barrios, edificios, galerías, bares, calles, banquetas, monumentos, prostíbulos, puentes, casas, parques. Bocetos ágiles de los habitantes de estos rincones. Denver desolado; Berlin escondiendo la sordidez en su fanatismo de orden; suburbios que veneran el mall, arquitecturas desalmadas; manantiales de creatividad. El artista medita sobre la censura, la memoria, los estereotipos, la violencia. Apuntes sobre el arte y la música en de cada vecindario visitado. Las estampas bicicleteras son también un alegato discreto por la ciudad. Sabe bien que el concreto, el vidrio y la piedra (para invocar otra canción suya) nos esculpen. Las calles, los barrios, los árboles en las aceras, las glorietas nos dan forma. Byrne disfruta los muchos sabores de lo urbano: el anonimato que permiten las grandes concentraciones y la intimidad de ciertos barrios. El trazo caminable y cierto desorden excitante, aún el peligro que acelera la sangre. Ciudades vivas, sensibles, en movimiento. Observar una ciudad, involucrarse en ella es uno de los grandes gozos de la vida. Es parte, dice Byrne, de lo que significa ser humano.

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22, Sep 2009

La ciudad perfecta

Byrne diaries

Leszek Kolakowski decía que le gustaría vivir en un pequeño pueblo con lago y montaña, en la esquina de Champs Elysées y Madison Avenue. Su casa ideal estaría en un barrio imposible. David Byrne expone ahora su idea de la ciudad perfecta. El compositor, cantante, artista conceptual, ciclista ha publicado sus diarios de bicicleta. La bicicleta, dice, es el medio perfecto para percatarse del ritmo de una ciudad. La bicicleta muestra lo que el coche oculta. En un extracto del diario, ha hecho una ensalada, a la manera de Kolakowski, donde ha mezclado las maravillas de distintas ciudades. Su imposible ciudad necesita el tamaño para alojar el anonimato, cierto caos para hacerla excitante, espacios públicos y camellones para el paseo pero también densidad y apretujones. Una ciudad sensible y en constante mudanza.

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23, Ago 2009

Descongelar la música

Se ha dicho que la arquitectura es música congelada. David Byrne descongela esa sonoridad. Las teclas de un órgano convierten una casa de vieja historia en un instrumento. Hace más de treinta años Byrne tocó con los Talking Heads en la Roundhouse de Londres, ahora extrae la música del foro:

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27, Jul 2009

El parque de Noguchi

En 1951, las autoridades de las Naciones Unidas propusieron a Isamu Noguchi el diseño de un parque para la ONU. Burócratas de la ciudad boicotearon con éxito este proyecto que puede explorarse acá y aquí puede verse un parque de Noguchi que sí se construyó.

Noguchi juegos

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21, Jul 2009

Las 17 palabras de la arquitectura

(según Daniel Libeskind)


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