Cine

06, Feb 2014

Hombre con una cámara de cine

Gracias a openculture descubro esta joya. «Hombre con una cámara de cine,» del director soviético Dziga Vertov de 1929. «El drama fílmico es el opio del pueblo, escribió. Al diablo con los escenarios burgueses  de cuento de hadas… que viva la vida tal cual es.»

Aquí puede verse completa:

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04, Feb 2014

Philip Seymour Hoffman en Boogie Nights

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03, Feb 2014

Philip Seymour Hoffman en Magnolia

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28, Ene 2014

Blas Pascal, la película de Roberto Rossellini

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27, Ene 2014

La plaza

Un documental de netflix.

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24, Ene 2014

The Act of Killing

Un documental alucinante:

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16, Ene 2014

Aningaaq

Este es el corto de Jonás Cuarón que enlaza las desventuras de la estratósfera con las de la Tierra. Una notable derivación de Gravity:

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13, Ene 2014

Homenaje en los Golden Globes a Woody Allen

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01, Ene 2014

Los títulos de las películas de Woody Allen

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01, Ene 2014

Blue Jasmine

Directed By Woody Allen

No hay película de Woody Allen que me decepcione. Algunas me maravillan, otras simplemente me divierten. Por supuesto que su producción es dispareja. Ha filmado películas regulares, películas buenas y películas geniales. No podría ser de otra manera, si durante cuatro décadas ha escrito y dirigido una cinta por año. Pero aún la menos lograda, la más floja de ellas es disfrutable, agradecible. Desde el momento en que se apaga la luz se anuncia el mundo de Allen: el jazz más clásico y los créditos en blanca letra Windsor alargada sobre un fondo negro. Escuchar esa música, reconocer esa tipografía es sonreír al entrar a la casa de un viejo amigo en donde uno reconoce personas, muebles, adornos entrañables. Que los chistes del amigo sean los de siempre, que sus anécdotas, que sus quejas sean las habituales no es fastidioso sino encantador. Ningún director de cine ha logrado generar esa sensación de familiaridad como lo ha hecho Woody Allen.

Blue Jasmine es la mejor película de Allen en muchos años. En esta cinta, el director regresa a Nueva York, su barrio, pero descubre la desigualdad. El psicoanalista se vuelve sociólogo. La película no es otro autorretrato de una élite en el aire sino el cuadro de una élite enfrentada a la penuria que ella misma ha provocado. No puede dejar de verse esta película como la más política de su filmografía: una denuncia de los Madoffs y del país con desigualdad tercermundista. Cuenta la historia de una mujer que se desploma, que se desintegra. No es solamente el cuento de su caída sino más bien, el retrato de su vacío. Vivió a todo lujo en Nueva York de la fortuna de un estafador, empeñada en no ver lo evidente: sus mentiras, sus crímenes, sus engaños. Se vio obligada a refugiarse en San Francisco, con su hermana a la que esnobea constantemente. Jasmine es falsa desde su nombre. La bautizaron Jeanette pero le pareció vulgar y cambió nombre, como si comprara el vestido de un nuevo diseñador.

Con maestría, Allen teje la historia columpiándose entre tiempos y lugares: de Nueva York a San Francisco, de la engañosa prosperidad a la desdicha disfrazada. La actuación de Cate Blanchet como Jasmine es extraordinaria. La actriz logra encarnar a una escultura de elegancia que, en el fondo, es una mujer de arena. Una mujer tan partida en la cúspide como en el abismo. Maniática e insufrible, Jasmine no es nunca ridícula. La actuación de Blanchet le imprime una complejidad al personaje que lo hace cercanísimo. Hay quien ha visto crueldad en este retrato del desmoronamiento. En su comentario para el New York Review of Books, Francine Prose describió la película como una experiencia insoportable: asistir, entre risas del público, al ahogamiento de una mujer. Una cinta snuff en donde una mujer es golpeada, torturada y humillada. No la veo así. No me parece que la película de Woody Allen sea abusiva sino, por el contrario, me parece una cinta particularmente sensible. Jasmine, como otros personajes del director, es un ser humano que encuentra intolerable el mundo, que no logra insertarse en él y que ha tenido que refugiarse en la irrealidad. El naufragio de Jasmine, más que acercamiento a sus delirios, su adicción al vodka y al Xanax, su mitomanía autodestructiva es una constatación de la soledad más profunda. Le habla al aire, no toca el piso, no toca a nadie.

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28, Dic 2013

El canon de los Coen

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13, Dic 2013

La segunda temporada de House of Cards

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25, Nov 2013

El último de los injustos

Después de reseñar la película sobre Hannah Arendt, Mark Lilla comenta el nuevo documental de Claude Lanzmann: «El último de los injustos.» La cinta se concentra en la vida del rabino Benjamin Murmelstein y su relación con los nazis. Gershom Scholem le escribió a Hannah Arendt que Murmelstein debía ser colgado por los judíos. Lanzmann, director de Shoah dijo de él, tras una semana de entrevistas: «aprendí a quererlo. El hombre no miente.» Aquí puede verse el adelanto:

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19, Nov 2013

Historia de los fractales


Un corto de Errol Morris visto en Openculture.

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12, Nov 2013

Mark Lilla sobre la película de Hannah Arendt

Mark Lilla comenta en el New York Review of Books la película de Margaret von Trotta sobre Hannah Arendt. El gran problema de la película, dice Lilla, es la verdad. No la dificultad para comunicar la gestación del pensamiento sino la verdad, la palabra que se repite una y otra vez en la cinta. En realidad, la película, más que abordar la verdad, trata la sinceridad, la autenticidad de Arendt, su valor para defender sus convicciones en una atmósfera hostil y resistir la presión de todos, incluyendo a sus amigos más cercanos. Pero el argumento de Arendt en sus reportajes es ya insostenible de acuerdo a la información que ha aparecido en los -útlimos años. Lilla, autor de The Reckless Mind, una brillante crítica a la relación de los intelectuales del siglo XX con la tiranía, se aleja así de la película y se concentra en el pensamiento de  Arendt. En el fondo, Arendt juzgó a Eichmann a partir de sus propias preocupaciones intelectuales. De Heidegger heredó la preocupación por la autenticidad humana y la sociedad mecánica. Por ello vio en Eichmann al burócrata banal. Más cercano a la verdad estaba Artur Stammler, personaje de una novela de Saul Bellow al decir lo siguiente:

Política, psicológicamente los alemanes tenían una idea del genio. La banalidad era sólo camuflaje. ¿Qué mejor manera de quitarle maldición al asesinato que hacerlo ver como algo ordinario, aburrido, trivial?… Había una conspiración contra la sacralidad de la vida. La banalidad fue la coartada de un muy poderoso deseo de abolir la conciencia. ¿Se puede decir que ese proyecto es banal?

 

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