Cine

16, Ago 2011

La segunda vida de Brian

Life of Brian La BBC planea un programa que reconstruirá la producción de La vida de Brian y la tormenta que suscitó. La cinta de Monty Python fue prohibida en Irlanda y varias partes de Estados Unidos por ser considerada blasfema. La cinta agitó un debate que anticipaba la polémica de los Versos satánicos. De un lado, quienes consideraban que la religión podría ser tratada con la misma severidad (y humor) que la política. Del otro, quienes pensaban que nadie podía burlarse de la religión porque ofende al Creador o a los creyentes. Aquí pueden verse fragmentos de la película y aquí trozos de un debate televisado. 

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12, Jun 2011

Nueva película de Sacha Baron Cohen

Sacha-Baron-Cohen-the-Dic-001

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18, May 2011

Las citas de Kill Bill

Everything Is A Remix: KILL BILL from robgwilson.com on Vimeo.

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18, May 2011

La cueva del barullo incesante (Corregido)

Werner Herzog

Después de que el propio Werner Herzog actuara su parodia buscando afanosamente a Waldo, es difícil tomárselo muy en serio. La autocaricatura puede verse en youtube. El director recorre los centímetros de esas ilustraciones atiborradas de personajes, en busca del anteojudo de camisa con rayas rojas. El director alemán lo interroga todo: una hoja de papel puede ser el mapa de un tesoro, una toalla o una simple hoja de papel. Todo es símbolo de la condición humana; todo es pista para la divagación perspicaz. El narrador, con un acento alemán casi inverosímil, juega a la conjetura. Todos buscamos a Waldo pero, ¿qué busca Waldo? Tal vez no busca nada y se dedica a huir. ¿De qué huye? ¿De sí mismo? Quizá al buscar a Waldo somos nosotros quienes nos buscamos a nosotros mismos. La trivialidad de un libro destinado a hacernos perder el tiempo convertido en jeroglífico del espíritu moderno. 

 (Gracias a Julio Flomar me entero que se trata de parodia y no autoparodia)

En una parodia del documentalismo de Werner Herzog, Ryan Iverson lo imita como si estuviera descifrando una imagen de los libros de Waldo. En la caricatura que puede verse en youtube, el director alemán lo interroga todo: una hoja de papel puede ser el mapa de un tesoro, una toalla o una simple hoja de papel. Todo es símbolo de la condición humana; todo es pista para la divagación perspicaz. El narrador, con un acento alemán casi inverosímil, juega a la conjetura. Todos buscamos a Waldo pero, ¿qué busca Waldo? Tal vez no busca nada y se dedica a huir. ¿De qué huye? ¿De sí mismo? Quizá al buscar a Waldo somos nosotros quienes nos buscamos a nosotros mismos. La trivialidad de un libro destinado a hacernos perder el tiempo convertido en jeroglífico del espíritu moderno. 

Werner Herzog ha buscado siempre la frontera. En sus documentales se ha paseado en el lindero de lo humano al reconstruir la vida de un hombre tan enamorado de los osos que terminó dentro de uno. Grizzly Man es un relato sobre el encantamiento de la naturaleza y la misantropía suicida. Se ha lanzado también al fin del mundo para registrar la vida en los sitios más improbables. No es, desde luego, un purista del documental. No tiene el menor empacho en pedirle a sus personajes que lean pasajes que él les escribe. La verdad de los hechos, ha dicho, es superficial. De lo contrario, el directorio telefónico sería nuestro Libro de Libros. Lo que busco es una verdad más profunda, una verdad extática, dice. Más que documentales, lo suyo son meditaciones personales con cámara y micrófono. Herzog podrá nadar en las aguas más heladas, caminar entre la exuberancia vegetal o adentrarse en la locura de Gesualdo pero el protagonista es siempre él mismo: su voz. La banda sonora de sus documentales no es una ilustración musical sino las palabras con las que describe las imágenes que se depliegan, el acento de sus cavilaciones y su comedia sutil.

En La cueva de los sueños olvidados, su nuevo documental, el director se adentra en una gruta que durante milenios ha escondido las primeras muestras del arte humano. Después de un tiempo breve en que estuvo abierto al público, la cueva fue clausurada de nuevo para protegerla del polvo y los flashes de los mirones. Herzog fue invitado por el gobierno francés para registrar los trazos que sólo pueden ver un puñado de científicos. Descubiertas hace un poco más de quince años, las cuevas de Chauvet, en el sur de Francia, albergan la galería más antigua del planeta. Hace 32,000 años alguien dibujó en la piedra caballos, leones, rinocerontes, venados, atisbos de una figura femenina. Los murales de la inmensa catedral son un misterio: ¿cuál es el sentido de los trazos? ¿Son decoración o rito? ¿Por qué abundan los animales y se esconde el hombre? Para el director alemán las siluetas de la cueva capturan, ni más ni menos, el origen del alma: los primeros brotes de un ser que escapa a su animalidad y se vuelve hombre al tocar belleza y espiritualidad.

La exploración arqueológica de Herzog no es un programa del Discovery Channel. Puede verse en tercera dimensión pero no tiene nada que ver con James Cameron. La aventura de contemplar esos testimonios primigenios de la humanidad, conducen a Herzog al misticismo. Esos artistas son nuestros hermanos más antiguos. En una escena pide silencio a sus acompañantes: quiere dejar testimonio del silencio profundo de la caverna. El latido del corazón se vuelve perceptible—o por lo menos eso nos dice el narrador. El gesto subraya el barullo que acompaña toda la cinta y que distrae al espectador de sus propias preguntas.

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04, May 2011

La cueva de los sueños

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19, Mar 2011

El arte del título

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09, Feb 2011

Mi problema con Natalie Portman

Natalie Portman

Sí: tengo un problema con Natalie Portman. Cada vez que la veo en una película tengo que correr a ponerme un suéter. Por supuesto: reconozco que es preciosa, que es la elegancia, que tiene una piel esplendorosa. No puedo negar su precisión actoral, el esmero con el que representa a una reina, a una nudista, a la compañera de un matón. Pero nada me dice, muy poco me comunica. Me parece tan atractiva como una perfecta escultura de hielo.

Una pieza sin defecto. En Closer, esa potentísima película de Mike Nichols sobre los demonios de la intimidad, Natalie Portman sostiene, sin duda, la tensión de su personaje. Alice, la nudista atrapada en una red de emociones, es representada correctamente. El problema es que no alcanza a despojarse en ningún momento de su ángel y sumergirse en bestia como lo hace el resto de los personajes a golpe de traiciones y verdades. Cuando el desamor llega, no la opaca. El resentimiento sale de sus palabras pero no surge de su intestino. La actriz grita pero no ruge; golpea pero no araña, llora sin desmoronarse. Natalie Portman siempre flota, intocada por la tierra, las sábanas, los cuerpos. Un colibrí. En los personajes que ha representado, ha cambiado mil veces de peinado pero apenas ha transformado la naturaleza de su personaje único: una belleza adolescente, vulnerable y frágil. Calva en Vendetta, pelirroja o con peluca rosada en Closer o con el chongo de la princesa Amidala, es siempre hermosísima y siempre helada. Eras perfecta, le dice Dan (Jude Law) en una de las últimas escenas de Llevados por el deseo. Lo sigo siendo, le responde Alice. Y en efecto, sigue siendo perfecta: herméticamente impecable.

El Cisne Negro, la película que le dará todos los honores de la actuación, parece una película sobre ella: una cinta sobre la frustrante perfección. La perfección como conquista muda e inexpresiva, como una tortura que busca una recompensa imposible. Una bailarina adicta a la exactitud es acosada por alucinaciones, autoflagelación, acosos y delirios. Una historia de horror que se pasea por las fronteras de lo chusco: la madre es una bruja, la comida es veneno, el cuerpo es poseído por alguna maldición, la noche es una pesadilla. Este trabajo de Aronofsky parece una continuación de Réquiem por un sueño, pero ahora se muestra que la obsesión, mucho antes que la cocaína, es el peor de los narcóticos. Ninguna dependencia tan monstruosa como la propia ambición. Nada tan destructivo como nuestra intolerancia al error propio. Nadie discutirá los méritos de Natalie Portman, cuando en el ritual conocido, dé las gracias a la Academia por su Óscar como la mejor actriz del año. Modificó su cuerpo para darle vida a una bailarina, su rostro aparece en primer plano durante toda la película; ella se desdobla en personajes torturados y le da vida a una guapa que sufre mucho.

“Solamente quiero ser perfecta,” dice Nina, la bailarina de la cinta. En El cisne negro, Natalie Portman vuelve a ser perfecta: Yo sigo con mi problema: la perfección me da frío.

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26, Ene 2011

Francesca Woodman

Woodman A

Hace treinta años Francesca Woodman se arrojó de un edificio en Nueva York para perder la vida. Entonces muy pocos sabían quién era. La policía no la reconoció porque no cargaba ninguna credencial y su rostro había quedado desfigurado. Pasaron días hasta que sus padres dieron con su cuerpo. Gracias a la ropa supieron que era su hija. Tenía 22 años y estudiaba fotografía. Apenas llegó a exponer en alguna galería universitaria y publicar un libro de escasa circulación. Hoy su trabajo es reconocido mundialmente. Varias galerías inglesas muestran sus fotos, mientras el Museo de Arte Moderno de San Francisco prepara una gran retrospectiva de su breve carrera. En Nueva York se estrenó hace poco un documental sobre la artista y su familia.

La cinta, dirigida por C. Scott Willis se equivoca, a mi juicio, al fijar la atención en el entorno familiar de Francesca y titularse The Woodmans. El documental se esfuerza por subrayar el mérito artístico de sus padres y de su hermano y de sugerir una afectuosa rivalidad entre ellos que termina con la perturbadora absorción que el padre hace del genio de su hija. Falla también porque coloca el suicidio en el centro de una obra extraordinaria, sin ofrecer, naturalmente, una clave que explique el salto al vacío. Me perdonarán los miembros de la familia y el director, pero en esta cinta se observa que el artista es uno solo. Y es enorme. Por eso la verdadera fuerza de la cinta no se encuentra en la narración del director, ni en los recuerdos de los parientes, ni siquiera en las palabras de la fotógrafa, sino en sus fotografías. Y tampoco está en la tragedia de su muerte el valor de su imaginación visual.

Podría pensarse que todas sus fotografías son autorretratos. No aparece en todas pero es la figura central de cada una de ellas. Las modelos que retrató, cuerpos, y pechos sin rostro, podrían ser ella misma. Durante ocho años Francesca Woodman fotografió cientos de autorretratos sin rostro: imágenes de sí misma como cuerpo inaprensible. Su cabeza es el lugar donde nace el pelo, no el nacimiento de una mirada. Una vida marcada por la soledad y el frío. Piernas y telas en cuartos vacíos; pieles y tapices que se desprenden, víboras ante el lienzo de una espalda, el movimiento que es materia transformada en aire. El blanco y negro que emplea en casi todas sus fotos da a cada imagen un aire decimonónico, victoriano. Resulta difícil dejar de ver las imágenes de Francesca Woodman como anticipos de su final. En todas parece que la vida se escurre, que las fronteras entre lo vivo y lo inerte se disipan, que la carne vuela y se vuelve aire. Un cuerpo elusivo. Un cuerpo que se finge sábana, que se adhiere al yeso, que burla al espejo y rompe la caja.

Cuadros como puentes a otro territorio: espejos traspasados, paredes y pieles que se descarapelan, cuerpos que se filtran entre los muros. Nada encuentra foco. En una fotografía, la ve uno contemplando su propia ausencia. La huella de su cuerpo marca un suelo de talco. Sus piernas son los únicos testigos de lo que ella fue. En otra, el cuerpo se anuda con las raíces de un árbol, a la orilla de un río. Su pelo fluye, transformado en agua. Sólo el ojo atento descubre que, tras el tronco grueso y viejo, sobre el pasto bien podado que lo rodea, se levantan discretamente unas lápidas. Ser río y raíz en cementerio.

Woodman B

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25, Ene 2011

Las películas de los Coen (en un cartel)

Coenfographic

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22, Ene 2011

The Woodmans

Aquí (y aquí) pueden verse fotografías de Francesca Woodman, la protagonista de este documental perturbador. Y éste es el libro de su trabajo publicado por Phaidon.

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19, Dic 2010

Instrucciones para ganar un Óscar

Instrucciones Oscar
El manual, aquí

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15, Dic 2010

El 2010 en pantalla

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18, Oct 2010

Las playas de Agnes

Gracias a la recomendación de Ernesto Diezmartínez, acabo de ver el maravilloso ¿documental? Las playas de Agnes, poético autorretrato de la cineasta belga Agnes Varda. Aquí los primero minutos: arena, mar, espejos y recuerdos: 

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30, Sep 2010

El tercero y el séptimo (arte)

The Third & The Seventh de Alex Roman.

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30, Sep 2010

Esperando a Supermán

Se ha estrenado en Estados Unidos el documental Esperando a Supermán, de Davis Guggenheim, director del documental de Al Gore sobre el calentamiento global. La película retrata la crisis educativa de los Estados Unidos, las escuelas que producen fracaso y los obstáculos al cambio. El centro del documental son los maestros. Un buen maestro puede remontar las condiciones más adversas; malos maestros pueden arruinar cualquier escuela. El sindicato, también en Estados Unidos, aparece como el gran obstáculo del cambio. Hace falta un documental mexicano como éste que muestre nuestra catástrofe educativa.

El documental ha recibido también críticas. Gracias a Roberto Hernández–que mucho sabe de documentales (ya viene su extraordinario documental Presunto Culpable)– veo esta crítica del Washington Post en donde se enlistan los errores en los que incurre la cinta. Es interesante la cercanía de esta discusiónc on la mexicana. En The root hay otra crítica interesante escrita por R. L'Heureux Lewis.

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