Fotografía

24, abr 2016

Metinides: coleccionista de horrores

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Le decían el Niño porque empezó a trabajar cuando cursaba todavía la primaria. Su padre, un comerciante de origen griego, le había regalado una cámara alemana. No la estrenó retratando a su mascota o fijando la imagen de su familia o de sus juguetes. Lo que atrapó el ojo de Enrique Metinides desde el primer momento fueron las tragedias de la ciudad. Choques automovilísticos, incendios, crímenes. Sus fotos eran el remedo de las películas de gángsters que veía en el cine. No le atraían los superhéroes ni los vaqueros sino los ladrones, los mafiosos, los heridos, los policías. Iba a la escuela en el turno de la tarde y podía dedicar la mañana a buscar la desgracia de la noche anterior. Cuando un periodista gráfico lo vio tomando fotos de un coche destrozado, le ofreció trabajo. Publicaron su primera fotografía cuando tenía doce años. Era un decapitado. Durante medio siglo fue el amo de la nota roja. Por décadas, portada y contraportada de La Prensa fueron, cotidianamente, suyas.

Imposible cerrar los ojos ante lo siniestro. Decía William Hazlitt en su famoso ensayo sobre los placeres del odio que las desgracias públicas eran bienes públicos. Notaba desde entonces que no había sección más jugosa en un periódico que la de los crímenes y accidentes. Todo el pueblo corre para ver un incendio. Y no es que huya para salvarse, sino que se apresura para admirar la furia de las llamas. Cuando el fuego se extingue, no es fácil que la gente oculte la frustración que siente por el fin del espectáculo. Lo único intolerable, decía, es el tedio. La intensidad de la tragedia nos enciende.

 

El artículo completo puede leerse aquí…

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07, jul 2015

Akademgorodok, de Pablo Ortiz Monasterio

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En 1957 la ciencia soviética colocaba en órbita el primer Sputnik. Unos meses después, el proyecto Vanguard de los Estados Unidos, que tenía el mismo propósito de colocar en órbita una luna mecánica, fracasaba estrepitosamente. El proyectil que habría de despegar de Cabo Cañaveral no se elevó ni un centímetro. Unos segundos después de la ignición, se desplomó para desintegrarse entre las llamas. El contraste entre los lanzamientos marcaría la historia y, sobre todo, la mitología de la Guerra Fría. La Unión Soviética se adelantaba en la carrera hacia el futuro. El planeta parecía estrecho para la patria del proletariado, dispuesta ya a conquistar el espacio. Un par de años después del lanzamiento del satélite, Nikita Jruschov le advertía al vicepresidente Nixon que pronto el comunismo triunfaría en todos los ámbitos de la vida: desde los viajes espaciales hasta los refrigeradores. Es interesante ver el famoso debate entre el premier soviético y el político californiano conocido precisamente como el “debate de la cocina”: Jruschov llevaba a la polémica el programa espacial; Nixon presumía la televisión a color que estaba registrando la discusión. La ingeniería era el verdadero coliseo de la competencia histórica: la confianza de cada régimen no se expresaba como seguridad en su filosofía o en sus valores; no era una apuesta por el vigor de su economía, era confianza en su ciencia, en su técnica. Fe en los ingenieros.

De esa afirmación proviene el empeño de levantar, en el corazón de Siberia, un monasterio de técnicos, una ciudad para la ciencia: Akademgorodok. En el proyecto de su creador, el matemático Mikhail Lavrentiev, puede percibirse un eco medieval, universitario: apartar la inteligencia de la presión de lo cotidiano, amurallar la investigación para que florezca sin obstrucciones. Para habitar Utopía habría que levantar, primero, este paraíso de los científicos. Lejos de Moscú y de Leningrado, el frío siberiano cobijaría las mentes más brillantes del imperio soviético, permitiéndoles una entrega a la ciencia sin preocupaciones materiales y (por lo menos en principio) sin presiones políticas. “En breve –se decía en la fundación del campus– Siberia será la capital mundial del conocimiento científico.” Decenas de institutos, cerca de 30,000 científicos girando alrededor de laboratorios, pizarrones y bibliotecas. La ciudad universitaria no padeció las estrecheces del entorno. La chequera de Jruschov no tenía límites cuando se trataba de pulir su joya. Diseñado para mostrar el poder del experimento soviético, terminó descubriendo su fragilidad. La ciudad, efectivamente, le abrió espacios a la discusión, a la crítica, a la libertad. Ahí trabajó Andréi Sájarov, investigando desde los átomos hasta los quarks. Su trayecto científico es emblema de una evolución intelectual que es, en realidad, una transformación moral: de las bombas al pacifismo. Ahí abogó, ante Brézhnev, por los disidentes y sufrió las consecuencias del atrevimiento. Ahí escribió su ensayo “Progreso, coexistencia pacífica y libertad intelectual”, donde pide la salvación del socialismo poniendo fin a la dictadura de partido. La libertad para obtener y compartir información, la libertad para debatir sin miedo, la libertad frente al prejuicio y los dictados del poder eran vitales para la sobrevivencia de la humanidad. En su centro de economía, disciplina que algunos creen científica, los profesores Aganbegián y Zaslávskaya advirtieron que la comprensión de la realidad económica de la urss exigía apartarse de la ortodoxia marxista. Sus tesis tendrían un efecto definitivo en la perestroika. Gorbachov traería de Siberia a sus principales asesores económicos.

El artículo completo puede leerse aquí.

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23, mar 2015

La sal de la Tierra. Un documental sobre Salgado

El New York Times publicó este fin de semana un reportaje sobre el documental de Wim Wenders sobre el fotógrafo Sebastião Salgado en el que colabora su hijo Juliano. Aquí puede verse una entrevista con los directores y aquí, un adelanto:

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02, mar 2015

Celebración de Lubezki

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27, ene 2015

Burbujas congeladas

La fotógrafa Angela Kelly ha fotografiado burbujas que se congelan. Aquí pueden verse sus imágenes.

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10, dic 2014

La fotografía no es arte

72bfd4c6-4b19-4039-932d-fa65df58d8f5-620x372 “La fotografía no es arte. Es tecnología.” Eso dice Jonathan Jones, el crítico de arte del Guardian tras conocer que se pagaron más de 6 millones de dólares por una fotografía de Peter Lik que aparece en esta nota. No podemos ignorar ese hecho en este tiempo de dispositivos móviles. Si mi teléfono puede tomar imágenes maravillosas, ¿soy artista? No, responde, simplemente soy dueño de un artefacto prodigioso. Quien pagó esa fortuna por la imagen hizo un pésimo uso de su dinero, dice Jones. Un lugar común, no una obra de arte.

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05, ago 2014

Unamuno leyendo

Cándido ANSEDE. Miguel de Unamuno leyendo en su casa de la call

De la exposición “El rostro de las letras.”

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31, jul 2014

Proyecto familia

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Matías Costa, fotógrafo argentino ha rastreado los orígenes de su familia: personas, sitios, objetos, olvidos. A lo largo de los años ha recuperado archiuvos familiares y ha recorrido el peregrinar de sus antecesores. La foto de arriba la tomó en el parque de Buenos Aires donde jugaba de niño. “Son las copas de los árboles del parque, que trazan caminos y rutas que empiezan pero uno no sabe dónde acaban. Para las fotografías que realizo trato de buscar aquellos lugares que tengan una atmósfera de desarraigo y melancolía”. Aquí se puede ver el libro que los contiene sus hallazgos:

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22, jul 2014

Chillida retratado por Alberto Schommer

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Otras imágenes del fotógrafo, aquí.

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21, jul 2014

Koudelka: La dudosa nacionalidad

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16, may 2014

Belleza de la herramienta común

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Foto de Walker Evans para Fortune en 1955, vista aquí.

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27, abr 2014

Revelando Sebastião Salgado

Aquí las otros fragmentos del documental: 2, 3, 4.

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03, mar 2014

La flor del fuego

Fabian Oefner ha fotografiado explosiones diminutas. Después de poner unas gotas de alcohol en vaso largo, prende la chispa. Éstas son las imágenes y el video de la pequeña bomba:

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03, mar 2014

Los primeros migrantes de Sebastião Salgado

El blog de fotografía del New York Times rescata uno de los primeros trabajos de Sebastião Salgado. Se trata de un estudio que hizo a fines de los 60 sobre La Courneuve, un condominio en los suburbios de París, donde el Partido Comunista tenía muchos simpatizantes. Ahí no solamente retrató obreros franceses sino, sobre todo, migrantes. Ahí empezó todo, dice Salgado. Retratando aquel el conjunto habitacional comenzó mi vida como fotógrafo.

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10, feb 2014

Álvarez Bravo en Nueva York

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