Literatura

03, jun 2016

El ensayista como cartero

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George Steiner presenta su nuevo libro como una serie de fragmentos “un poco carbonizados.” Líneas rescatadas de un viejo incendio, cuyo sentido pretende descifrar. Un breve cuento aparece como epígrafe. Habla el crítico de una vieja biblioteca privada que fue desenterrada hace poco en una villa italiana. Poco queda legible de ese archivo en ruinas. Apenas unos trozos de pergamino que adquieren, gracias al tiempo y al fuego, gravedad de aforismo. “La evidencia lingüística y su tenor de discusión indican que proviene del siglo II D.C. Algunos académicos sugieren que el autor es Epicarno de Agra. Sin embargo, casi nada sabemos de este moralista y elocuente orador (si es que eso fue). Por otro lado, la condición del papiro y su tono de disertación hacen que, en varias partes, la tarea de descifrarlo se apoye en conjeturas.”

El lector que, ante todo, es Steiner, se siente llamado a inventar escombros de bibliotecas y a leer libros que no existen para ponerse a pensar. El crítico fantasea con las ruinas de un pensamiento primigenio para darse a la tarea de encontrarles sentido. Dos palabras de un personaje imaginario pueden ser suficientes para desenrollar la inteligencia: “Amiga Muerte”. ¿A dónde apunta, de dónde viene esta inscripción? ¿Cuál es la exigencia de este misterio? A partir de esa decena de letras, el erudito reflexiona sobre la vejez y la última libertad, la que supone decidir el fin. El imperio de nuestros científicos ha sido capaz de prolongar la vida pero apenas ha conseguido simular las “repugnantes” miserias de la vejez. “La vista y el oído se debilitan. La orina chorrea. Las extremidades se vuelven rígidas y duelen. Las dentaduras se tambalean en bocas malolientes y salivantes. Incluso con la lamentable seguridad de un bastón o de un andador, las escaleras se convierten en el enemigo. Las noches se vuelven huecas por la incontinencia y por las vejigas estériles. Pero las debilidades del cuerpo no son nada comparadas con la devastación de la mente.” ¿Cómo puede pensarse que ante este cuadro la muerte sea amenaza? Entregarse a ella parece la única esperanza sensata. ¿Qué le sugiere aquella pareja de palabras sobre la amistosa muerte? Que en la elección de la muerta se juega más que nuestra dignidad. Ser persona es ser libre de vivir y de morir. Amiga muerte: aquel par de palabras es el manantial del pensamiento.

El artículo completo puede leerse aquí…

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12, ene 2016

Svetlana Alexiévich: Un fragmento de sus Voces de Chernóbil

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02, feb 2015

Ballena blanca


Visto en nowness.

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29, ene 2015

Cartas de Fuentes a Paz

Confabulario de El universal publica un manojo de cartas de Carlos Fuentes a Octavio Paz. En un mensaje del 29 de mayo de 1969 le escribe sobre la ciudad de México:

Hay que salir inmediatamente de la ciudad de México, cada día más fea, estrangulada en su propio gigantismo mussoliniano; una ciudad en la que un ser normal no puede vivir: mármol o polvo; los ricos ya no ven la ciudad: un tubo aséptico los comunica entre sí: residencias, oficinas, restaurantes vía Periférico; los demás viven con los perros, el sudor y las llagas. El claustro o la intemperie: signos de la ciudad de México. Pero ya lugares como Coatzacoalcos o Minatitlán han sido anexados al mundo del consumo: neón, refaccionarias, vidrio, televisión, supermercados, desodorantes instantáneos, frente a tacos, cerdos, moscas, niños desnudos y exvotos. Maravilla permanente de la tierra: Tabasco y Campeche, de Coatzacoalcos a Ciudad del Carmen, pasando por Villahermosa, Espino, Frontera, Río San Pedro, hasta la laguna: bosques de cocoteros, cebús, laureles, llanos inmensos, tabachines en flor: una tierra sin fisuras, plenitud tropical y frontera del espíritu. Tierras verdes billar y tierras rojas como una cancha de tenis. Son las tierras de la creación. Y los ríos son la naturaleza naturante. Cruzo el Usumacinta sobre una panga y entre los jacintos flotantes que corren hacia Guatemala. Frontera: las barberías vetustas, de sillones rojos desfondados; la partida del ejército ocupando un extraño palacio rococó tropical, con la planta alta arruinada, incendiadas, faulkneriana; el mercado a la Soutine: largos cadáveres de reses sangrientas colgando de los garfios; plátano macho y plátano dominico; machetes. La panga triturada por cables del río San Pedro: a la izquierda, el mar se quiebra; a la derecha, el bosque simétrico, macizo, que parece fundirse e impedir el paso en el recodo del río. La Luz del atardecer contiene todas las luces posibles del día y de la noche: la luz tropical es como la blancura de la ballena de Melville, capaz de contener todos los colores. Los muros de Campeche: rosa, verde, amarillo, azul, mano sobre mano de pintura: un palimpsesto; y el color negro liquen, trabajo del aire y del mar que trata de abrirse paso. Muros como pieles. La costa de Campeche: de un lado el mar color limón, cargado de algas, contenido por empalizadas; del otro los cementerios rojos de las palmeras moribundas. Mar del pargo, la corvina, el camarón diminuto, el sápido esmedregal.

Pero México es una Gorgona con dos cabezas: la maravilla y el asco paralizan por igual.

 

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01, dic 2014

Los libros del 2014 (Financial Times)

Colaboradores del Financial Times escogen sus libros del año.

 

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01, dic 2014

El conversador y el polemista

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La palabra no es solamente la voz que entretiene y comunica, el vocablo que transmite información, deseo, recuerdos, órdenes. La palabra es nuestra casa. El lenguaje es una habitación que nos esculpe. Residencia, la palabra moldea, en su voz, nuestra experiencia. Es el puño de una jaula o el aire de un plaza. La filosofía política ha trazado a lo largo de los siglos arquitecturas penitenciarias de la palabra. Ahí está la República de Platón —sin poetas, el Leviatán de Hobbes— sin comediantes, la democracia de Rousseau, sin actores. No hay tiranía que no reconozca el inmenso poder de nombrar y que no trate, en consecuencia, de imponer un lenguaje. Todo despotismo aspira a ser un regimiento de palabras. Fuera el poeta que reinventa el lenguaje; fuera la metáfora que subvierte los significados; fuera los discutidores que riñen; los conversadores que opinan, los comediantes que provocan risa, los dibujantes que ridiculizan. El súbdito demuestra su rendición repitiendo las palabras muertas del poder.

Dos escritores mexicanos han levantado, con palabras, otra arquitectura común. Vivificando nuestro lenguaje nos ofrecen otra república. No me refiero a la república de las letras, a la sociedad de los escritores, a la mafia de los intelectuales, al universo de la letra impresa. Creo que en las páginas, en los poemas, en las notas, en los ensayos de Alfonso Reyes y de Octavio Paz hay un modelo de convivencia, una estancia para el encuentro y la divergencia, una casa del entendimiento y un lugar para la controversia. Algo nos dicen hoy esas construcciones cuando vivimos en casa rota.

El artículo completo puede leerse en Nexos de este mes.

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01, sep 2014

Orwell: una mediocridad literaria

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El ensayista inglés describe a George Orwell como la “suprema mediocridad” literaria en una colaboración para la BBC.

El genio particular de Orwell es esa prosa que puede decir un número reducido de cosas con dolorosa claridad. Más aún, es un estilo que, al lado de sus virtudes evidentes, tiene un tono oculto, casi hipnótico. Leyendo al Orwell más lúcido uno tiene la sensación de que está diciendo estas cosas, precisamente de esta manera, porque sabe que uno–y solamente uno–es el tipo de persona que es lo suficientemente inteligente para entender la esencia de lo que está tratando de comunicar.

Todos, talentos mediocres, dice Self. Se puede escuchar al criítico leyendo su texto aquí. El el Guardian, empieza la reacción

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30, ago 2014

La pasión del editor

1409309046_534646_1409309387_noticia_grande (1) Babelia publica hoy una conferencia que Jaume Vallcorba, fundador de Acantilado, pronunció apenas el 1 de julio. De ahí lo que sigue:

Editar (y empecé muy joven, en el colegio, con una revista en ciclostil, y años después continué en una colección con vagos tintes de vanguardia que organicé a los veinte años y de la que es mejor no acordarse), ha sido para mí, desde el principio, proponer a unos amigos que no conocía una lectura que pensaba que les podía gustar, estimular y enriquecer. 

Entiendo la edición como un oficio en el que confluyen el trabajo intelectual y artesanal, en la fabricación del libro, así como un cierto tino empresarial en su publicitación, distribución y venta. Los dos aspectos, lo he dicho ya muchas veces, me parecen sustantivos e igual de importantes en este oficio. Un libro sin ningún atractivo, aún con muchas ventas, se verá fuera del ámbito personal de interés y actuación de un editor tal como yo lo concibo, y lo mismo le sucederá a un libro sustantivo sin visibilidad, puesto que sin visibilidad no hay existencia. Calidad y visibilidad son fundamentales en la edición.

Dar marco, dar forma, es relacionar y propiciar el diálogo. La forma externa del libro es ciertamente muy importante: desde ella nos reconoceremos a primer golpe de vista. Hablaremos también de ella un poco más adelante. Pero imagino que, en su base, lo más importante será el grado de sintonía, la amistad que pueden establecer los libros entre ellos, fruto de esa simpatía espiritual que habrá sabido poner de relieve su editor. Y todo ello es importantísimo para el libro. Que me sea permitido poner un ejemplo elemental: Georges Simenon fue para muchos despistados un autor de quiosco y de best seller, hasta que Gallimard lo incluyó en La Pléiade. Con ello, lo ponía a la altura de Proust, Racine y Chrétien de Troyes. Me aceptarán que, como lectores, todos nosotros adoptamos una actitud vital distinta según nos dispongamos a leer un libro de entretenimiento o un clásico. Y es así como, desde La Pléiade (como hoy desde la Penguin Classics o la New York Review of Classics), Simenon ha ido adquiriendo la calidad de enorme escritor que ya casi todo el mundo no indocumentado le reconoce. Empecé a publicar aStefan Zweig en una aventura editorial que duró relativamente poco, Sirmio se llamaba. Pero Zweig no tomó el vuelo que hoy tiene hasta que no se percibió el testimonio fundamental del siglo XX que nos ofrece en El Mundo de Ayer. Sin embargo, para este fin, el lector tenía que encontrarlo en una compañía que lo hiciera evidente. Al lado de la ficción de quiosco, Balzac puede ser leído como un tebeo. Con los libros pasa como con las personas. Y no es lo mismo encontrar a Zweig por la calle en compañía de cualquiera que en la deJoseph Roth, que fue un amigo cercano en vida, o en la de Chateaubriand, con quien dialoga desde la distancia en el mundo del espíritu. Porque, no lo duden, Joseph Roth charla a menudo con Zweig, y también con Chateaubriand y con Aleksander Wat. Y Leopardi lo hace con Lucrecio, que a su vez lo hace con Montaigne. Y lo hacen porque son amigos. No se trata únicamente de que sean clásicos, sino que pertenecen a aquel grupo humano que ha recibido distintos nombres, el más claro de los cuales quizás sea el de la República de las Letras. Ser un “clásico” no basta. 

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26, ago 2014

Entrevista a Julio Cortázar

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11, jul 2014

Salvador Elizondo entrevista a Gorostiza

Paulina Lavista relata en una nota publicada hoy en El universal la entrevista que Salvador Elizondo le hizo a José Gorostiza y muestra la fotografía que le tomó que después Elizondo pegaría a uno de sus cuadernos.

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15, abr 2014

Javier Marías sobre Shakespeare

Frecuento a Shakespeare porque para mí es una fuente de fertilidad, un autor estimulante. Lejos de desanimarme, su grandeza y su misterio me invitan a escribir, me espolean, incluso me dan ideas: las que él sólo esbozó y dejó de lado, las que se limitó a sugerir o a enunciar de pasada y decidió no desarrollar ni adentrarse en ellas. Las que no están expresas y uno debe “adivinar”. Por eso he hablado de misterio: Shakespeare, entre tantísimas otras, posee una característica extraña; al leérselo o escuchárselo, se lo comprende sin demasiadas dificultades, o el encantamiento en que nos envuelve nos obliga a seguir adelante. Pero si uno se detiene a mirar mejor, o a analizar frases que ha comprendido en primera instancia, se percata a menudo de que no siempre las entiende, de que resultan enigmáticas, de que contienen más de lo que dicen, o de que, además de decir lo que dicen, dejan flotando en el aire una niebla de sentidos y posibilidades, de resonancias y ecos, de ambigüedades y contradicciones; de que no se agotan ni se acaban en su propia formulación, ni por lo tanto en lo escrito.

El artículo completo, aquí.

 

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26, mar 2014

Vila-Matas: peligros del primer lector

Vila-Matas, hoy en El país:

Al preguntarle a Philip Larkin si tenía amigos cuyos consejos siguiera al revisar un poema, el poeta contestó:

—¿Para qué? Acuérdese de Tennyson leyéndole un poema inédito a Jowett. Cuando hubo terminado, Jowett le dijo: si yo fuera usted, Tennyson, no publicaría eso. Y Tennyson le respondió: en ese caso, maestro, el jerez que nos sirvió en el almuerzo estaba absolutamente asqueroso.

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13, mar 2014

Elogio a Fidel Castro

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El equilibrista publica Libro de Arenas, una recopilación de textos dispersos del cubano Reinaldo Arenas que incluye un prólogo de Enrico Mario Santí. Ahí puede leerse este elogio a Fidel Castro publicado originalmente en marzo de 1990:

En estos momentos en que casi todos los países comunistas marchan hacia un proceso democrático, Fidel Castro se ha puesto en la picota de la opinión pública por negarse a aceptar ningún tipo de cambio, ni nada que huela a perestroika o a democracia. Yo, tal vez por mi espíritu de contradicción, en vez de criticar al “Máximo Líder”, voy a hacer aquí un breve recuento de sus virtudes.

Político calculador y astuto, cuando tomó el poder en 1959 tenía tres alternativas: 1) la democracia, con la cual hubiese ganado las elecciones en esa fecha, pero hubiese disfrutado de un poder efímero y compartido con la oposición. 2) La tiranía de derecha o convencional, que nunca ofrece una seguridad absoluta ni un poder ilimitado. 3) La tiranía comunista, que en aquel momento, además de cubrirlo de gloria, parecía asegurarle un poder vitalicio. Hábil, Castro optó por esta alternativa.

Profundo filósofo, les ha hecho comprender de una u otra manera a sus súbditos que la vida material es cosa baladí, a tal punto que en Cuba no existen casi cosas materiales y el índice de suicidios, según serios informes de las Naciones Unidas, es el primero en América Latina.

Intelectual lúcido, comprendió que la mayoría de los artistas son víctimas de un ego hipertrofiado. Desde 1959 comenzó a invitar a destacados escritores, atendiéndolos personalmente y mostrándoles lo que él quería que vieran. Castro ha creado premios literarios internacionales y ha promovido a algunos intelectuales fieles hasta las cúspides del Premio Nobel, como es el caso de Gabriel García Márquez.

Economista inteligentísimo, ha implantado desde hace casi treinta años la libreta de racionamiento con la cual evita la inflación económica en su país, ya que el pueblo prácticamente no puede consumir nada. Además, se dedica, a través de sus más distinguidos generales y con la participación de Raúl Castro (como consta en documentos publicados), al tráfico internacional de drogas, lo cual se revierte en una entrada de dinero fuerte que le puede servir para costear su aparato propagandístico en el exterior y estimular la subversión armada en América Latina.

Sexólogo experto, ha preparado unos magníficos ejércitos juveniles que funcionan como guías de turismo y traductores y que complacen gentilmente tanto a las damas como a los caballeros invitados.

Ganadero y agricultor de nota, logró que una vaca (Ubre Blanca) diera todos los días más de cien litros de leche. El pobre animalito reventó y la leche sigue racionada en Cuba; pero el recuerdo de Ubre Blancapermanece en la prensa de la época y Castro mandó modelar numerosas copias de este extraordinario ejemplar vacuno. En 1970, Castro dijo que produciría diez millones de toneladas de azúcar y “ni una libra menos” y se equivocó sólo en dos millones menos de toneladas.

Alumno aplicado y fiel a su maestro, ha seguido con intachable ortodoxia las lecciones de Stalin: por una u otra vía se ha desembarazado de sus contrincantes políticos o de los personajes que podían ensombrecer su gloria, desde Huber Matos hasta Carlos Franqui, desde Camilo Cienfuegos hasta Ernesto Guevara. Creó desde 1961 los campos de confinamiento para disidentes de todo tipo y los oficializó en 1966 bajo el ingenuo título de UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción). Ha trasladado pueblos completos, situados donde había focos de guerrilleros anticastristas, hacia nuevas ciudades perfectamente vigiladas. Como hizo con muchos campesinos que vivían en la provincia de Las Villas, los cuales tuvieron que irse a vivir a una ciudad prefabricada en Pinar del Río, llamada Ciudad Sandino. También desde hace casi treinta años, Castro pone en práctica las purgas políticas y las retractaciones públicas. En esos actos, el acusado, luego de varias semanas o meses en las celdas de la Seguridad del Estado, confiesa haber cometido todo tipo de crimen, ser un miserable y un traidor contrarrevolucionario y, desde luego, un infiel a Castro. Ejemplos: el juicio público de Marcos Rodríguez (fusilado en 1964), el juicio del general Arnaldo Ochoa (fusilado en 1989) o la confesión de Heberto Padilla, donde delataba además a sus amigos más íntimos y a su propia esposa, en 1971. Fiel a su política de “bloque monolítico”, Fidel Castro aprobó públicamente la invasión soviética a Checoslovaquia, la invasión a Afganistán y la masacre del ejército chino a los estudiantes en la plaza de Tiananmen.

Estadista sagaz, Castro sabe perfectamente que un dictador no debe nunca realizar un plebiscito, pues perdería el poder. De ahí sus furias, desde su punto de vista justificadas, contra todos los intelectuales (incluyendo seis premios Nobel) que le han enviado una carta abierta solicitándole civilizadamente que celebre elecciones libres. Castro hábilmente rechazó la consulta popular, que otros dictadores menos taimados, pensando que iban a ganar, celebraron. Véanse las dramáticas derrotas del general Augusto Pinochet y del comandante Daniel Ortega.

Nada nos puede sorprender en la actual actitud de Fidel Castro. A lo largo de más de treinta y un años en el poder absoluto ha sido siempre fiel a sí mismo, gobernando con tan maquiavélica habilidad que hoy por hoy es uno de los únicos herederos de Stalin que se mantiene en el trono.

A los pocos que aún siguen arrobados con la imagen “reivindicadora” y hasta “heroica” del Comandante en Jefe que no se hagan ilusiones. El mismo Castro a través de su ejército ha dicho que “no cederá ni un milímetro en su ideología” y ha declarado que “prefiere que la isla se hunda en el mar antes de renunciar a sus principios políticos”… Claro que le toca al pueblo cubano decidir si quiere esa zambullida apocalíptica o si prefiere vivir en paz y con libertad como afortunadamente lo hace ahora gran parte de la humanidad.

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29, ene 2014

El primer Inventario

Excélsior rescata el primer inventario de José Emilio Pacheco, publicado en su suplemento Diorama, el 5 de agosto de 1973. Aquí lo copio, íntegro:

 

 

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Las mariposas son libros

En pocos días la industria literaria ha sufrido la muerte de Henri Charriere y la autojubilación de Corín Tellado. Creador y creatura se fundieron en Cherriere que hizo al mismo tiempo un lbro: Papillón, su bestseller de 1969, y una figura pública: su propio personaje, el fugitivo diez veces escapado de Cayena y otros infiernos de la Guayana francesa.

En teoría, Papillón realizó el ideal clásico: escribir sólo después de haber vivido, narrar a edad avanzada las peripecias de una existencia fuera de lo común. El antintelectualismo de nuestra época mitificó al hombre que había elegido el frágil apodo de “Mariposa”. Su libro se empleó como medio de producir millones de dólares y como ariete contra la literatura. Pero ningún autor que venda un millón de ejemplares puede salvarse de las demoliciones: Charriere fue desenmascarado; sus impugnadores probaron, al parecer irrebatiblemente, que Papillón era más bien un trabajo de ficción industrial que el relato en vivo y en directo de una experiencia irrepetible; que las dotes narrativas correspondían no tanto al antiguo hampón, presunto delator, indudable forzado en las colonias penitenciarias francesas, dueño de un centro nocturno en Caracas, como a los varios escritores anónimos que, por órdenes de una casa editora con buen ojo mercantil, rehicieron y aderezaron el manuscrito elemental de Charriere.

Boquitas selladas

“El escritor español más leído de todos los tiempos”, doña Corín Tellado, afirmó con castiza brusquedad: “Llevo veinticinco años pariendo una novela cada cuatro días… y he decidido colgar los trastos”. Así pues, no se trataba de un sindicato de escribientes amparados bajo un seudónimo común, un nombre genérico, una manera industrial sino una persona capaz de sobrepasar (en cantidad) la obra de varias generaciones literarias. Como los grandes folletinistas del siglo XIX Corín se queja de explotación por parte de los editores. A ellos corresponde la gran tajada de una obra que en libritos, revistas, fotonovelas inunda hasta hoy todos los confines del mundo hispánico.

Corín Tellado dio a España casi tantas divisas como la Costa Brava o la Semana Santa en Sevilla. Emperatriz de la novela rosa, genial manipuladra de nuestra entrañable cursilería, “pornógrafa inocente”, en mil historias que son la misma historia —de “Ella y su jefe” a “Me casé con él”, desde “Se busca esposa” hasta “Lo encontré así”— Corín Tellado entregó a su público lo que buscaba, lo que se dejaba imponer: evasión, enajenación, entretenimiento, esperanza, conformismo: drogas en letra impresa, pócimas verbales para anestesiar el sentimiento de la injusticia social, la soledad, la decepción, el abandono, el horror cotidiano de nuestras sociedades hechas para aplastar a todas sus mujeres.

Rechacemos su coartada de pleito editorial: sobre la abdicación de Corín Tellado pueden proponerse varias hipótesis, algunos ejercicios de sociología instantánea: a) derrota del sentimentalismo de ultramar a manos de la melcocha autóctona (Yolanda Vargas Dulché, Celia Alcántara); b) triunfo de la televisión infraconsumible sobre un medio que a pesar de todo exige un mínimo esfuerzo intelectual por parte del lector; c) crecimiento de la conciencia en un vasto núcleo femenino que ya se hartó, que ya no se deja engañar con variantes innumerables del cuento de hadas sobre la empleadita / huérfana / campesina a quien el amor convierte en millonaria; del chofer / mandadero / labrador que se casa con la hija del patrón y hereda industrias, flotas mercantes, latifundios. O tal vez (d) la evanescencia de Corín Tellado se debe a que nuestro mundo se ha vuelto tan horrible que ya nadie cree que nada, ni siquiera una novelita del subgénero ínfimo, pueda tener final feliz.

Poesía y verdad

“Uno exige dos cosas de un poema”, escribe W. H. Auden, que sabe bien de lo que habla. “Primera: debe ser un objeto verbal bien hecho que honre el idioma en que está escrito. Segunda: debe decir algo significativo acerca de una realidad común a toso nosotros, pero vista desde una perspectiva única. Lo que dice el poeta nunca antes se dijo, si bien una vez dicho sus lectores reconocerán la validez que tiene para ellos mismos”.

Juego
de cartas

El desarrollo electrónico está a punto de exterminar dos artes, dos formas esenciales de intercambio humano: la conversación y la correspondencia –que es la continuación de la primera por otros medios más afinados, más espontáneos, menos inhibidores de la sinceridad, libres de la urgencia por usar la palabra en el intersticio que conceden las pausas de los otros. De allí el consejo de Stendhal a su interlocutor: “Cuéntamelo como si me estuvieras escribiendo”. Y el de Balzac a los jóvenes aspirantes: “El estilo de un escritor se va haciendo en sus cartas”.

Igualmente ciertas son las admoniciones contrarias: “No hay carta privada”, “No escribas nunca una carta que te abochornaría ver impresa”. Unas y otras verdades se ponen de manifiesto en obras que, ante el ocaso del género epistolar, reviven los tiempos de su esplendor:

El primer tomo de la celebra Correspondance de Gustave Flaubert en la definición definitiva que ha hecho Jean Bruneau para la Bibliothéque de la Pléiade incluye cartas escritas de los nueve a los treinta años de edad (1830-1851): hablan de la familia, la escuela, los amigos, los amores con Louise Colet, la huida a Egipto y al Asia Menor, el comienzo de Madame Bovary. André Fermingier, en Le Nouvel Observateur, considera estas cartas “una obra maestra, el más hermoso relato de viaje que nos dejó el siglo XIX”. Póstumamente, la obra de Flaubert lo defiende de Sartre, quien ha dedicado sus esfuerzos finales de escritor, su sabiduría, su poderosa inteligencia, a intentar demolerlo en ilegibros de abrumadora densidad.

-Dos selecciones norteamericanas de The Letters of Anton Chekhov: 500 traducidas por Avraham Yarmolinski y 185 que seleccionó Simon Karlinsky entre las 4, 200 de la edición oficial soviética (1948-1954). Las cartas de Chejov constituyen una incomparable aunque fragmentaria autobiografía, un testimonio sagaz acerca de la Rusia en que ya se levantaba el viento de la revolución, un marco para entender mejor las ideas, sensaciones, anhelos que subyacen en sus cuentos y obras teatrales. Sobre el “affaire Dreyfus” escribe Chejov:

“Zolá tiene razón, porque la tarea del escritor no es acusar ni perseguir, sino defender, incluso a los culpables, cuando ya han sido condenados y sufren el castigo…”.

Años antes, en 1886, propone seis reglas para el arte de contar un cuento:

1) Ausencia de verborrea
política-social-económica.

2) Total objetividad.

3) Descripciones veraces de personas y objetos.

4) Brevedad externa.

5) Audacia y originalidad: evitar los estereotipos.

6) Compasión.

La maledicencia, consuelo momentáneo de nuestras imperfecciones y fracasos, es una de las ruedas que mueven la vida cotidiana en los pueblos hispánicos. Compensatoriamente, su historiografía literaria era pudibunda, raras veces sacaba a la luz los papeles privados de un escritor. La revolución sexual ha llegado a las biografías: en “Vida y obra” de Emilia Pardo Bazán, que publica en Madrid Carmen Bravo Villasante, se transcribe la correspondencia erótica que la gran precursora de las liberacionistas e introductora del naturalismo en nuestro idioma sostuvo con su amado Benito Pérez Galdós. La documentación se da como “rigurosamente inédita hasta hoy”. Lo cierto es que algunas de estas cartas se dieron a conocer hace dos años en Excélsior.

El libro de Carmen Bravo en torno de la admirable condesa Pardo Bazán (1851-1921) tiene muchos datos nunca antes revelados. Por ejemplo, nos informa que un muchacho lleno de talento y voluntad impugnadora entró en el gran mundo de las letras, pasando por la alcoba de doña Emilia. El joven era oriundo de Valencia. Se llamaba Vicente Blanco Ibáñez.

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A 11 años de su muerte, se diría imposible escribir algo nuevo sobre Marylin Monroe. Norman Mailer lo ha logrado en un volumen que contiene espléndidas fotos y lleva por título el sólo nombre de “Marylin”. Cuesta 20 dólares, pesa lo que aquellos tomos que se regalan para ser exhibidos, no leídos. Contra lo que nuestro malinchismo supondría, su texto no es mejor que los célebres de Cardenal (en verso), y Monsiváis (en prosa), pero Mailer consuma de algún modo sus nupcias de ultratumba con quien es acaso la única superestrella que ha producido Norteamérica. En una temporada que dominan las obras en torno de Watergate y la ITT, su delirante ensayo es una inmersión sadomasoquista en la nostalgia por los Estados Unidos de un ayer inmediato que ya parece remotísimo, un homenaje aberrante, un abusivo desagravio, una recordación apocalíptica de que al morir Marylin se llevó consigo el esplendor de Hollywood e inicio el fin del sueño norteamericano.

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23, ene 2014

Entrevista con Roberto Calasso

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Paris Review publica una entrevista con Roberto Calasso.

Más allá de El loco impuro, sus libros no son novelas, ¿o sí?, le pregunta Lila Azam Zanganeh:

No, nunca usaría la palabra novela, excepto por El loco impuro, pero uso narrativa. Son narraciones. Lo determinante es el ritmo de un libro, il passo, y el hecho de que lo que domina es la historia, no la teoría sobre la historia. La historia es el elemento más importante e implica toda la teoría.

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