Literatura

18, Ene 2014

Muñoz Molina escribe sobre Montaigne

En El país de hoy:

El primer autor europeo que basa explícitamente su escritura en la captación inmediata de los procesos mentales según van sucediendo es Montaigne. Seguir una frase suya es percibir su pensamiento tan en presente como se sigue una frase musical; es notar no solo el movimiento de las ideas, sino el de la mano que escribe, o el de la voz que dicta. La diferencia es que la música que se escucha habitualmente es la interpretación de algo compuesto mucho antes, y en el caso de Montaigne, que no usaba borradores y se preciaba de no atenerse a ninguna disciplina, la música de la escritura está siendo compuesta en el momento en que se escucha, como en una improvisación de jazz. “Yo no pinto el ser, pinto el tránsito”, dice Montaigne en un momento prodigioso. “Y no el tránsito de una edad a otra, o como dice el pueblo, de siete en siete años: sino de día a día, de minuto a minuto”.

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17, Dic 2013

Vila-Matas y las entrevistas

Enrique Vila-Matas la pasa bien en las entrevistas pero recuerda que Barthes la veía como artículo de saldo:  “¿No tiene tiempo para redactarnos un texto que le pagaríamos? Pues concédanos entonces una entrevista, que nos saldrá gratis”.

Por supuesto, soy un entusiasta de algunas de las entrevistas de The Paris Review (¡ah, la de Faulkner!). Pero la que más alta memoria me ha dejado no está en esa revista, sino en un libro de 1970, Infame turba,donde Federico Campbell entrevista a un Gabriel Ferrater inspiradísimo que, hablando de realismo y de la literatura de compromiso (la de los reflejadores), dice que un narrador tiene un compromiso con la gente que le rodea y el país donde vive, pero la creación de su obra es otra cosa, porque el escritor intenta traducir su experiencia, y esta puede ser diferente para cada persona. De esa entrevista recuerdo también el momento en que Ferrater comenta que el comunista Louis Aragon escribió siempre una poesía muy mediocre, salvo cuando Hitler invadió Francia, lo que le llevó a escribir de forma elevada.

—Pero es muy mal negocio que los alemanes tengan que invadir Francia para que Louis Aragon escriba buenos poemas, concluía Ferrater.

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13, Dic 2013

Los libros del año para The New Republic


Aquí puede verse la lista completa.

 

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10, Dic 2013

Los libros del 2013 para los colaboradores del Newyorker

(Los leídos o releídos en 2013, no necesariamente los publicados en 2013.) La primera parte…


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10, Dic 2013

La FIL como síndrome

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Fernando Escalante, hoy:

(La Feria Internacional del Libro): es una exhibición inmejorable del estado actual de la cultura del libro —mejor dicho: de lo que queda de la cultura del libro, como apéndice de la industria del espectáculo. Y para ese aparato es indispensable el exhibicionismo santurrón de los estremecidos lectores, que ratifica el valor social de los libros como criterio de distinción. Supongo que se entiende, no se trata de leer, sino de hablar sobre la lectura, los libros, los autores, conversar con alguno o tener su firma, una foto, y si uno es verdaderamente culto, referirse a ellos por su nombre de pila. La hipocresía es transparente, y da igual. Es claro que la lectura no tiene ninguna importancia para todos los que declaran ante los reflectores su amor por la lectura. Eso forma parte de otro mecanismo: publicidad, fama, elegancia, dinero, amistades.

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10, Dic 2013

Maravillosas nadas

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Se publica un libro con los poemas, anotaciones, palabras, frases entrecortadas, líneas que Emily Dickinson escribió en sobres y hojas sueltas. De uno de ellos viene el título: Nadas maravillosas. Donde había papel, la poeta colocaba el lápiz. Dickinson compiló su poesía en 40 volúmenes escritos y cosidos a mano. El nuevo libro permite acercarnos a otra desembocadura de su misteriosa caligrafía. Escritura veloz, automática, fluida. En el trozo de sobre que aparece arriba puede leerse:

En esta corta vida
que sólo (meramente)
dura una hora
¿Qué tanto,
qué tan poco está
a nuestro alcance?

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09, Dic 2013

New Statesman: sus libros del año.

Colaboradores de The New Statesman seleccionan sus libros de 2013.

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04, Dic 2013

NYT: los 10 mejores libros del 2013


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04, Dic 2013

Toronto defiende sus bibliotecas públicas

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02, Dic 2013

La edición sin editores

la edición sin editores

En un artículo de 1972, Umberto Eco parodiaba la severidad de los editores imaginando su respuesta a algunos manuscritos famosos. Ante la recepción de un grueso manuscrito que no revela la identidad del autor y que se titula La biblia, el editor imaginario de Eco razona los motivos por los que la obra no debe ser publicada íntegramente. Las primeras páginas son estupendas. Tienen todo lo que un lector moderno quiere en un buena historia: mucho sexo (incluyendo adulterio, sodomía, incesto) y una buena cantidad de asesinatos, guerras y masacres. Pero los capítulos finales son lentos, cuando no francamente aburridos. Habría que publicar solamente los primeros cinco episodios del libro y sugerir un nuevo título: ¿qué tal Los fugitivos del Mar Rojo? El proceso de Kafka es un buen librito, con aires a Hitchcock, dictamina el lector. Pero hay que trabajarlo un poco más. Hay muchas cosas que no son claras: ¿en dónde se desarrolla la acción?, ¿por qué han procesado al protagonista? Hay que aclarar estas cosas, suplica el editor al remitente del manuscrito. Necesitamos hechos, datos, información clara para que el lector siga con interés el thriller. En busca del tiempo perdido, podría publicarse solamente si el autor permite una severa reparación: acortar las frases interminables, ventilar la lectura con la apertura de párrafos y corregir la puntuación. Solamente si el autor acepta estos remiendos, el manuscrito sería publicable. Si no los acepta, que se olvide de su libro.

La parodia de Eco captura la miopía de quien convierte convertir en libro un paquete de hojas mecanografiadas. La leyenda del editor se columpia entre esta imagen del ciego que no logra apreciar los tesoros que toca y la del creador que, como ha dicho Gabriel Zaid, logra la hazaña de colocar un libro en medio de una conversación. No un reproductor de letras, sino un partero que contribuye a dar luz a las ideas que avivan a una civilización. El  libro de André Schiffrin, La edición sin editor (publicada aquí por Editorial Era), es un retrato de esos dos personajes: el artesano que lucha por sobrevivir los zarpazos de una industria inclemente y el mercader que edita libros como quien multiplica tornillos.

De sangre le viene a Schiffrin la pasión editorial. Su padre fue en Francia el fundador de La Pléiade, la legendaria casa que publicó a los grandes de la literatura universal. Huyendo del fascismo, la familia llegó a Nueva York para seguir su trabajo editorial. André se acercó muy joven a Pantheon Books, una pequeña editora que logró publicar autores desconocidos, sobre todo autores negados por el macartismo: Hobsbawm, Sartre, Foucault, Duras. El catálogo de Pantheon fue convirtiéndose en uno de los más ricos acervos de la cultura norteamericana, particularmente en su ribera liberal. Se entendía que los libros no reportarían una ganancia de inmediato. Si esos hubieran sido los criterios, ninguno de los libros que editaba Pantheon habría sido editado. Mis criterios para publicar un libro eran sencillos, escribe Schiffrin: textos que oxigenaran la vida intelectual de los Estados Unidos, voces que expresaran las opiniones reprimidas durante un tiempo de intolerancia.

El mundo editorial de los sesentas fue extinguiéndose poco a poco. La edición sin editores es la memoria de esta catástrofe. Las editoras independientes fueron engullidas poco a poco por inmensos consorcios de comunicación. El caso que Schiffrin relata desde dentro de Pantheon es emblemático. Pantheon es adquirida por Random House, luego RCA, la cadena de discos, radio y televisión compra Random. Más tarde, el grupo Newhouse adquiere RCA y finalmente, el gigante alemán Bertelsman se apropia de un inmenso archipiélago de editoriales, estaciones de radio, revistas y disqueras. El arte de quien es capaz de pescar la voz necesaria en el concierto de la cultura, el oficio de quien sabe reconocer la semilla del genio, la labor de quien ayuda a parir un libro resulta triturado por las urgencias del emporio.

El lamento de Schiffrin es más que una queja al desalmado reino del mercado. Es una advertencia sobre los peligros de una lógica de retribución inmediata. Cada libro ha de reportar velozmente una ganancia a la editorial; los hombres famosos han de convertirse en autores; los figurones de la política y del espectáculo deben recibir adelantos millonarios para asegurar su contratación; los títulos publicados deben promover los intereses económicos de los editores. Ese es el nuevo código imperante. Schiffrin relata, por ejemplo, los encuentros con Alberto Vitale, el banquero que llegó a dirigir Random House. El hombre no tenía la menor idea de quiénes eran nuestros más preciados autores y dirigía de inmediato la vista a la parte derecha de la hoja, ahí donde se insertaba la columna de las cifras. Sólo después de ver cuántos libros había vendido una obra, se le ocurría consultar el título.

En el mundo del libro, advierte, ha empezado a instaurarse una censura del mercado: si un libro no vende un cierto número de ejemplares en un año, no debe ser publicado. “Lo que se busca es el autor conocido, el tema de éxito y los nuevos talentos o los puntos de vista originales difícilmente encuentran lugar en las grandes editoriales.” Schiaffrin recuerda a un editor alemán que muestra la aberración de estos cálculos: “Si los libros de tiradas pequeñas desaparecen queda comprometido el porvenir. El primer libro de Kafka tiró 800 ejemplares, y el de Brecht 600. ¿Qué habría pasado si alguien hubiera decidido que no valía la pena publicarlos?” Nuestra conversación se habría desecado.

(Publicado en Reforma el 10 de septiembre de 2003)

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02, Dic 2013

André Schiffrin

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Murió André Schiffrin, el aristócrata de la edición, como lo llamó Christopher Domínguez:  “La suya es una empresa en defensa de una alta cultura, la editorial, que se convirtió, gracias al mercado y a la democracia, a través del libro de bolsillo, en una de las glorias del siglo XX. Schiffrin ha defendido, el arte de editar, una verdadera e idiosincrática iniciativa privada, contra la banalización de los catálogos y la tendencia a hacer del libro un mero sucedáneo al espectáculo de la comunicación masiva y del periodismo industrial.”

En las páginas finales de La edición sin editores escribió:

Las fuerzas del mercado (…) triunfan hoy más que ninguno de los dos bloques en el pasado, imponen sus miras totalmente más que las antiguas maquinarias de propaganda. Nuestras ciudades están atiborradas de paneles para pegar carteles, la publicidad domina la radio y la televisión, el cine es un modo cada día más eficaz de difusión de la ideología del consumo. La maquinaria internacional de persuasión comercial es más poderosa que todo lo que se hubiera podido imaginar hace unos años.
La batalla también se desarrolla en el terreno del libro, que poco a poco se convierte en un simple apéndice del imperio de los medios, ofreciendo diversión ligera, viejas ideas, y la seguridad de que todo es lo mejor en el mejor de los mundos.  ¿Por qué diablos los que poseen máquinas tan provechosas en el cine y la televisión aceptarían producir, con menos beneficio, libros susceptibles de hacer reflexionar de otra manera, de poner de manifiesto las dificultades? (…) La publicación de un libro no orientado hacia un beneficio inmediato es ya prácticamente imposible en los grandes grupos. El control de la difusión del pensamiento en las sociedades democráticas ha alcanzado un grado que nadie pudo imaginar. El debate público, la discusión abierta, que son parte integrante del ideal democrático, entran en conflicto con la necesidad imperiosa y creciente del beneficio. Lo que se forma en Occidente es el equivalente al samizdat de la era soviética. Por supuesto, hoy los editores independientes no se arriesgan a la prisión ni al exilio. Se les deja el derecho de buscar las fallas que persisten en la armadura del mercado, y persuadir a quienes deseen con sus pequeñas tiradas y su difusión restringida.
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30, Nov 2013

El discurso de Yves Bonnefoy

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Aquí puede leerse el discurso completo de Yves Bonefoy al recibir el Premio FIL, una defensa de la poesía y de la verdad:

¿Por qué es necesario pensar en la poesía? ¿Es quizás porque en ella hay acercamientos a la condición humana más numerosos o más importantes que lo que, por ejemplo, saben reconocer los filósofos de la existencia? ¿O porque serían formulados con más imaginación y elocuencia que en los escritos en prosa? Sí, cierto, es verdad que las grandes obras de la poesía –las cuales no son sólo poemas, y sitúo en primer lugar entres ellas a un Shakespeare o un Cervantes- se arriesgan mucho antes por los laberintos de la conciencia de sí mismos. Es en las dudas angustiadas de Hamlet donde la modernidad del espíritu encontró su suelo más fértil. Y hay en cada uno de nosotros una relación interna con nosotros mismos que no se libera de las muchas ilusiones de la existencia ordinaria que cuando escuchamos un ritmo apropiarse de las sílabas largas y breves de las palabras de nuestra lengua natal.

Y sin embargo, no debemos dejarnos llevar por la embriaguez fácil de la música verbal. El ritmo de las palabras puede ponerse al servicio de la simple elocuencia. La mentira también puede usarlo. Pero no por ello deja de ser un llamado que nos atrapa muy profundamente, seduciendo nuestras emociones, haciendo decaer nuestras convicciones perezosas. Por esa llamarada de la palabra comenzamos a existir de nuevo, por su vía pueden reaparecer, seguramente entre algunos engaños, necesidades e intuiciones que son nuestra verdad más esencial. Porque la existencia, esta vida humana que nace y debe morir, que es finitud, que se topa incesantemente con los imprevistos del azar, es, antes que nada, una relación con el tiempo; ¿y cómo acceder a la comprensión del tiempo sino escuchando los ritmos, esa memoria del tiempo, actuando sobre las palabras fundamentales de la lengua?

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28, Nov 2013

TS Eliot rechaza La rebelión en la granja

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13 de julio de 1944

Estimado Orwell:

Sé que usted quería una decisión rápida sobre Rebelión en la granja, pero el mínimo para un dictamen son dos directores y eso no puede hacerse en menos de una semana. Pero, ante su exigencia de celeridad, debería haberle preguntado al Director para que  le echara un vistazo. Pero él está de acuerdo conmigo en los puntos principales. Coincidimos en que su libro es una pieza literaria notable; que la fábula está manejada con mucha destreza y que la narración mantiene el interés en su propio plano –y eso es algo que han logrado muy pocos escritores desde Gulliver.

Por otra parte, no tenemos la convicción (y estoy seguro que ninguno de los otros editores la tendría) de que éste sea el punto de vista adecuado para criticar la situación política en el  presente. Es sin duda el deber de cualquier editorial animada por motivos que van más allá de la mera prosperidad comercial, el publicar libros que vayan contra la corriente del momento: pero en cada caso esto requiere que al menos uno de los directores tenga la convicción de que es lo que debe decirse en este momento. No encuentro ninguna razón de prudencia o de cautela para que otro editor evite publicar este libro –si cree en lo que defiende.

Creo que mi insatisfacción con este apólogo reside en que su efecto es de simpleme negación. Debería sentir alguna simpatía con lo que el autor pretende;  alguna simpatía con sus objeciones; y su defensa básicamente trotskista, no me resulta  convincente. Creo divide su voto, sin obtener compensación  de ningún lado –es decir, los que critican las tendencias rusas desde el punto de vista de un comunismo más puro, y los que desde un punto de vista muy diferente, están alarmados por el futuro de las pequeñas naciones. Después de todo, sus cerdos son mucho más inteligentes que otros animales, y por tanto, resultan los más aptos para dirigir la granja –de hecho, no podría haber habido una granja que no estuviera dirigida por ellos. Así que todo lo que se necesita (alguien podría argumentar) es tener cerdos más virtuosos–no más comunismo

Lo siento mucho, porque quien publique esto tendrá naturalmente la oportunidad de publicar sus siguientes trabajos;  respeto su obra, está bien escrita y es esencialmente íntegra.

La señorita Sheldon le regresará su manuscrito en un envío posterior.

Sinceramente

T. S. Eliot

La carta original puede leerse aquí

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26, Nov 2013

Algunos escolios de Nicolás Gómez Dávila

GÓMEZ DÁVILA

Hace de cien años nació Nicolás Gómez Dávila, el genial aforista colombiano. De sus Escolios a un texto implícito subrayo estas líneas:

  • Una estupidez no deja de serlo porque haya quien muera por ella.
  • Ni la elocuencia revolucionaria, ni las cartas de amor, pueden leerse por terceros sin hilaridad.
  • Al demócrata no le basta que respetemos lo que quiere hacer con su vida; exige además que respetemos lo que quiere hacer con la nuestra.
  • Un destino burocrático espera a los revolucionarios, como el mar a los ríos.
  • Revolución es el periodo durante el cual se estila llamar “idealistas” los actos que castiga todo código penal.
  • La importancia de un acontecimiento es inversamente proporcional al espacio que le dedican los periódicos.
  • Sus libertadores le han forjado más cadenas a la humanidad que sus verdugos.
  • Lejos de ser todas respetables, casi todas las opiniones merecen ser irrespetadas.
  • En un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora.
  • Los medios actuales de comunicación le permiten al ciudadano moderno enterarse de todo sin entender nada.
  • Los parlamentos democráticos no son recintos donde se discute, sino donde el absolutismo popular registra sus edictos.
  • Más repulsivo que el futuro que los progresistas involutariamente preparan, es el futuro con que sueñan.
  • El alma crece hacia adentro.
  • Demagogia es el vocablo que emplean los demócratas cuando la democracia los asusta.
  • El mal, como los ojos, no se ve a sí mismo. Que tiemble el que se vea inocente.
  • La frase debe tener la dureza de la piedra y el temblor de la rama.
  • El progresismo envejece mal.
  • Hombre culto es aquel para quien nada carece de interés y casi todo de importancia.
  • El amor a la pobreza es cristiano, pero la adulación al pobre es mera técnica de reclutamiento electoral.
  • La estadística es la herramienta del que renuncia a comprender para poder manipular.
  • ¿La tragedia de la izquierda? –Diagnosticar la enfermedad correctamente, pero agravarla con su terapéutica.
  • La vida es taller de jerarquías. Sólo la muerte es demócrata.
  • Cualquiera tiene derecho a ser estúpido, pero no a exigir que veneremos sus estupideces.
  • Quien mira sin admirar ni odiar, no ha visto.
  • Toda recta lleva derecho a un infierno.
  • Periodistas y políticos no saben distinguir entre el desarrollo de una idea y la expansión de una frase.
  • Las ideas que menos influyen en política son las políticas.
  • Comprendo el comunismo que es protesta, pero no el que es esperanza.
  • Los problemas no se resuelven, meramente pasan de moda.
  • Goya es el vidente de los demonios, Picasso el cómplice.
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26, Nov 2013

Nicolás Gómez Dávila lee los nuevos escolios a un texto implícito

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