Literatura

05, Dic 2012

Krugman: Asimov y la economía

Paul Krugman repite la broma sobre los libros que se leen en la adolescencia que pueden marcar una vida. Hay dos libros que se leen muy temprano y que le pueden cambiar la vida a uno: La rebelión de Atlas, de Ayn Rand y El señor de los anillos, de Tolkien. Uno describe la fantasía de un mundo irreal, el otro habla de hobbits y elfos. A Krugman no lo definió ninguno de ellos, sino la Trilogía de la fundación de Asimov. Las novelas de Asimov no son propiamente ciencia ficción, dice. Estarán situadas en el futuro pero hablan de la sociedad más que de aparatos y armas. En ellas se esconde la posibilidad de una ciencia social matemáticamente rigurosa para moldear a una sociedad. La psicohistoria de Asimov integra la economía a la ciencia política y a la sociología– disciplinas mucho más complejas que la economía, dice Krugman. «La economía trata, después de todo, básicamente de la avaricia, mientras las otras ciencias sociales tienen que lidiar con emociones más complejas.»

Krugman escribe el prólogo a una nueva edición de las novelas de Asimov.

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01, Nov 2012

Poesía, mito y revolución

En  issuu.com/hernandezcortez

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24, Sep 2012

Nabokov sobre Kafka

De la serie de televisión de Peter Medak, basada en la conferencia de Nabokov sobre La Metamorfosis.

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18, Sep 2012

Simon Schama: Por qué escribo

Simon Schama escribe sobre el arte del ensayo en el Financial Times. En el género debe haber "involucramiento con uno mismo sin narcisismo literario; una iluminación moral nacida de la experiencia física." El ensayo captura un pedazo de la experiencia de vivir o, en el caso de lo último que escribió Hitchens, la experiencia de morir en piel humana. "Escribir o leer ensayo es nuestra resistencia a la pigmificación del lenguaje; el encogimiento a la marca, el sound bite, la banalidad mercantil, el tuit solipsístico. El ensayo es la última defensa de la seriedad de la prosa entretenida; nuestra mayor esperanza de liberar el texto del texting."

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13, Sep 2012

Paul Auster lee su Diario de invierno

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21, Ago 2012

Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros

“Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hagan felices podríamos escribirlos nosotros mismos, si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo”.

Franz Kafka, carta a Oskar Pollak, 1907

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12, Jul 2012

Zakaria recomienda seis libros para el verano


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21, May 2012

Fuentes: escritor y personaje

Carlos Fuentes

En 1962, hace medio siglo, Carlos Fuentes publicó La muerte de Artemio Cruz y Aura. En un año, nacían dos libros esenciales de la literatura mexicana del siglo XX escritos por el mismo autor que cuatro años antes había publicado La región más transparente. Tres libros clásicos que dieron nacimiento al inmenso personaje que fue su autor. Pocos escritores mexicanos tuvieron la ambición literaria, la ambición intelectual, la ambición política de Carlos Fuentes. Nadie juntó como él la inteligencia con la elegancia, la curiosidad con la elocuencia, la pasión por el lenguaje con el compromiso político, el temple aristocrático con los ideales socialdemócratas. Audacia de una escritura impetuosa, instintiva que muchos han descrito como una erupción volcánica. Desde muy joven, Fuentes adquirió la dimensión de clásico, la maldición del clásico. El escritor que rompía con el canon de la revolución y que imponía modernidad a nuestra literatura con un arrojo descomunal.

Muralista que captó los lenguajes de la ciudad de México, sus calles, sus noches, sus fantasmas, su opulencia, su miseria en La región mas transparente. Moralista que retrató la tragedia del siglo XX mexicano como la traición a sus esperanzas. Historiador de la imaginación que entierra el principio de legitimidad de un régimen. Mientras se preguntaba sobre la muerte de la Revolución Mexicana, el novelista respondía narrando las últimas horas de Artemio Cruz. Y como contrapunto a los frescos monumentales, una novela brevísima donde se recargan los misterios de la vida y el amor. Un fresco, un obituario y un sueño inventaron el personaje que fue Carlos Fuentes, personaje magnético que secuestró al escritor Carlos Fuentes.

En la escritura no solamente buscó su identidad sino la de un país, la de un idioma. Su relación con el lenguaje fue tan física como intelectual. En su literatura hay un intento constante por avivar las palabras. No se dedicó a cuidar el español como si fuera una pieza delicada de museo; lo espoleaba con la esperanza de que el caballo dormido se desbocara. Alguna vez se describió como un boxeador del lenguaje. No quiero darle la mano a la palabra, le decía a Emmanuel Carballo; recibirla cortésmente, pedirle que tome asiento y conversar amablemente con ella. “Es necesario agarrarse a bofetadas con las palabras, destriparlas, sacarles el jugo, transformarlas continuamente para encontrar la expresión justa de la realidad. El idioma es incapaz, pasivamente aceptado, de otorgarla por sí mismo.”

Pero el frenético boxeador de la máquina de escribir se transformó en diplomático de las letras. Un embajador que representaba a México en el mundo; un embajador que representaba al mundo en México. Fuentes siguió puntualmente la divisa de su maestro Alfonso Reyes: para ser provechosamente mexicanos es debido ser generosamente universales. Pero su misión diplomática era, efectivamente, de doble vía: nunca se cansó de decirle a los otros que ignorarnos era también empobrecerse.

Muchos estudiosos de la literatura de Fuentes coinciden en advertir el debilitamiento de su magia a lo largo de los años. El deslumbramiento que produjeron sus novelas de juventud es sólo comparable al silencio o la frialdad con el que se leyeron sus novelas y ensayos de madurez. Mi incomodidad, sin embargo, no proviene solamente del agotamiento del genio literario sino en la naturaleza de su presencia pública: el personaje que somete al creador. La fama que doblega a la escritura. A Fuentes, el intelectual, no podía leérsele como el ensayista de la cordialidad que fue Reyes. El lugar que la política ocupaba en su vida no le permitía ese tono amigable y doméstico. Dejó de ser el ensayista beligerante y polémico que un día fue en libros como Tiempo mexicano. Perdió el filo crítico, la contundencia del golpe, la emoción del debate pero tal vez perdió algo más importante: cosas qué decir. Lanzaba con frecuencia invectivas a sus enemigos políticos pero eran dardos inofensivos a blancos fáciles: la estupidez de Bush y la incultura de Peña Nieto. Siempre escribió con elocuencia, con gracia, inteligentemente; hilando lecturas, experiencias, datos. Estaba al tanto de todo y conocía a todo mundo. Pero sus ensayos, sus artículos periodísticos, sus conferencias transigían frecuentemente con el lugar común. La corrección política encontró en él a un aliado prestigioso: toda su autoridad literaria, al servicio de lo irrebatible. En algún momento, Fuentes dijo que Terra nostra era un libro que no buscaba lectores. “Cuando la escribí estaba absolutamente seguro de que nadie la iba a leer e incluso la hice con ese propósito.” Escribir para no ser leído. El intelectual tampoco buscaba lectores: buscaba aplausos.

El escritor, sin embargo, se vengará muy pronto del personaje. Se olvidarán sus ofrendas al lugar común y brillarán sus novelas extraordinarias. En muerte, el escritor ganará la batalla.

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11, May 2012

Julián Meza

Solo a los turistas detestaba Julián Meza tanto como a los economistas. Tal vez eran dos especies del mismo bicho. Unos se perdían de las maravillas del viaje por traer el ojo tapado por una cámara de fotos y seguir con prisa puntual las estaciones de una rutina. Los otros creían que la única ventana al mundo era su pizarrón. En la economía veía una prepotencia incuantificable, una ignorancia infinita. Los economistas eran predicadores de un sermón sospechoso: “Si la existencia del planeta dependiera exclusivamente de la economía hace unos diez mil años que habría sido clausurado, puesto en venta y comprado por un venusino privatizador.” Su invectiva encontró blanco en los economistas de los que se burló a placer en diccionarios, ensayos, crónicas y otras diatribas. No lo hizo desde lo lejos, sino en su convento que construyeron en el sur de la ciudad de México, el ITAM, monasterio entregado al cultivo de eso que llamaba neoteología. Lo hizo ahí remarcando su vocación de marginal.

Fue ahí, en este templo de la técnica, donde insistió en reivindicar los poderes de la literatura. Se burlaba de esa escolástica con numeritos pero también de quienes creen que la política puede estudiarse científicamente. En el primer número de la revista Estudios, que dirigió durante muchos años, reivindicó la penetración de la imaginación literaria; la ventaja de la metáfora sobre la fórmula. La literatura ve lo que la ciencia ignora: observa la sociedad con mayor detenimiento que la sociología, entiende los límites del pensamiento mejor de lo que lo puede hacer la filosofía, descifra mejor el misterio de los sueños que el psicoanálisis. El amor a la literatura correspondía a su odio por el fanatismo y la tontería. Hablando de Macbeth, el ensayista ubicaba la voluntad de poder en la cazuela de las brujas, ahí donde se junta lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo. La explicación que aporta la imaginación literaria resulta, a fin de cuentas, la “ausencia de explicación”.

El artículo completo acá…

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02, May 2012

Christopher Walken lee ‘El cuervo’, de Poe

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22, Mar 2012

Material de lectura

Jorge F. Hernández acaba de ser publicado en la colección de Material de lectura que desde hace treinta años edita la UNAM. En Milenio celebra la serie de más de 350 títulos:

A lo largo y ancho —más bien largo— de más de 350 títulos publicados también a lo largo de tres décadas, Material de lectura se convirtió al instante de aparecer hace treinta años en un pasaporte multicolor, salvoconducto policromado, billete de cambio universal, boleto de viaje: libros que no exceden las sesenta páginas para fincar un antojo por la poesía o narrativa de una distinguida pléyade de poetas y cuentistas que suscitan por el lado la justificación y alargamiento de cualquier sobremesa y, por el otro, el inevitable antojo de ir a buscar mas y más libros de ésos autores que ya quedaron imantados al antojo de nuestra inquieta sed de lecturas.

Aquí, como muestra, la compacta antología de poesía polaca contemporánea que pertenece a esa extraordinaria colección: 

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19, Mar 2012

Precuelas literarias

Precuelas literarias

Cartón de Liniers, visto en el Moleskine literario

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19, Mar 2012

Inédito de Camus

Camus lee el periódico, 1953En noviembre de 39, Albert Camus escribió un artículo para publicarse en Le Soir républicaine que nunca llegó a ver la luz (como se dice). “Es difícil evocar hoy la libertad de prensa sin ser tachado de extravagancia, acusado de ser Mata-Hari o siendo convencido de que eres sobrino de Stalin”, dice en las primeras líneas. En el texto propone cuatro medios para conservar la libertad del periodista: lucidez, rechazo, ironía y obstinación. Lucidez para resistir a los resortes del odio y el culto a la fatalidad. Desobediencia para oponerse a la marea de estupidez. La ironía porque es la mejor arma contra los demasiado poderosos. Y obstinación para superar el desánimo que provocan la tontería, la abulia organizada, la estupidez agresiva.

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10, Ene 2012

Los mejores libros del 2011 para Foreign Affairs


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20, Dic 2011

Manguel sobre Rabelais

Alberto Manguel celebra la nueva traducción de Gargantúa y Pantagruel que ha puesto en circulación Acantilado, en versión de Gabriel Hormaechea. Rabelais es para Manguel "uno de los espíritus más sagaces, más cómicos y más avanzados de todos los tiempos, y uno de los más grandes artesanos de lengua francesa." 

Leyendo a Rabelais hoy, gracias a Hormaechea, en su calidad de contemporáneo, me pregunto qué escribiría Rabelais sobre la condición de su pobre patria en estos días. La educación humanista que defendía contra "los asnos de la Sorbona" se está convirtiendo, bajo el gobierno de Nicolas Sarkozy y sus acólitos, en simple adiestramiento para siervos destinados a industriales y banqueros; la medicina higiénica que preconizaba contra los ineficaces e insalubres métodos de su época apenas resiste hoy los cortes financieros y las privatizaciones; sobre todo, la alegre inteligencia con la que batallaba contra la necedad y el obscurantismo es hoy menospreciada como improductiva. "¡Pensad menos, trabajad más!" fue hace dos años la recomendación de la entonces ministra sarkoziana Christine Lagarde. Contra tales abominaciones, ¿qué hubiese podido hacer el autor de Gargantúa?

Gustave_Dore - Pantagruel

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