Literatura

09, Dic 2011

Slate elige los libros del 2011


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20, Oct 2011

Tom Waits lee Bukowski

no puedes vencer a la muerte pero
podrás vencer a la muerte en vida.

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10, Oct 2011

El absurdo Premio Nobel

Medalla nobel Tim Parks celebra en el New York Review of Books que el Premio Nobel de Literatura se lo hayan dado este año a un sueco. Será de los pocos premios en los que saben realmente qué homenajean con la medalla. Todos los miembros de la Academia son profesores suecos condenados a fungir de por vida en el tribunal de las letras. ¿Cómo podrían saber de la literatura de todo el planeta? Contratando expertos y tomando atajos. El premio es absurdo y nosotros unos tontos por tomárnoslo tan en serio. 

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23, Sep 2011

Influencias literarias

The Guardian publica hoy un cuadro interactivo en el que enlista las personas que más influyen en el mundo del libro en Inglaterra. Llama la atención, aunque no sorprende mucho, que el hombre más influyente sea Jeff Bezos, un vendedor de libros–no un autor, ni un crítico. 

Guardian 100 libros

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09, Sep 2011

Juan Villoro sobre las islas de Bruno Piché

Después de divagar sobre los realityshows, Juan Villoro escribe hoy sobre la colección de islas de Bruno H. Piché. Robinson ante el abismo es, como se anuncia desde la portada, un recuento de islas, una colección de esa enorme metáfora. El compendio de Piché es un rico ensayo escrito con voces ajenas. Dice Villoro:

Bruno Piché IslasDe los viajes de Gulliver, en los que Swift imaginó una nación de seres diminutos, a la Isla de Zezu, donde Lichtenberg concibió una sociedad de pedantes en merecido exilio, la literatura ha codiciado lo que sólo puede ocurrir en un sitio radicalmente alterno. El reality-show aprovecha esa remota curiosidad y de paso tranquiliza a sus espectadores: la isla es horrorosa. La máxima satisfacción de quien contempla ese espectáculo consiste en no estar ahí. El reality aniquila cualquier fantasía de alteridad (si fueras esa top-model estarías enjugando tu llanto en una sábana; quédate en casa y disfruta los desfiguros de la pobre aspirante). La misión de las islas literarias es la opuesta: el encierro como liberación mental. Sólo ahí puede ocurrir La invención de Morel, espejismo amoroso activado por las mareas. 

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10, Ago 2011

La razón de la pasión

Eliseo Alberto - Informe

Vuelvo a leer el primer párrafo del primer capítulo del Informe contra mí mismo. Quisiera copiarlo entero porque no le sobra nada y porque sintetiza un proyecto, más que literario, vital. Me callo para dejar que Eliseo Alberto hable:

La historia es una gata que siempre cae de pie. Amigos y enemigos de la Revolución cubana, compañeros y gusanos, escorias y camaradas, compatriotas de la isla y del exilio han reflexionado sobre estos años agotadores desde las torres de la razón o los barandales del corazón, en medio de una batalla de ideas donde el culto a la personalidad de los patriarcas de izquierda y de derecha, la intransigencia de los dogmáticos y las simulaciones de ditirámbicos tributarios vinieron a ensordecer el diálogo, en las dos orillas del conflicto. La soberbia suele ser mala consejera. La humildad también. A medio camino entre la inteligencia y la vehemencia, regia y afable, está o puede estar la emoción, ese sentimiento de ánimos turbados que sorprene al hombre cada vez que se sabe participando en las venturas, aventuras y desventuras de la historia, bien por mandato de la conciencia, bien por decreto de una bayoneta apuntalada en los omóplatos. Una crónica de las emociones en la espiral de las últimas cinco décadas del siglo XX cubano, podría ayudar a entender no sólo el nacimiento, auge y crisis de una gesta que sedujo a unos y maldijo a otros sino, además, explicarnos a muchos cuánto, cómo y por qué fuimos perdiendo la razón y la pasión. La razón dicta, la pasión, sólo la emoción conmueve, porque la emoción es, a fin de cuentas, la única razón de la pasión.

Dejar un testimonio fue para Eliseo Alberto un deber filial. “No es por azar que nacemos en un sitio y no en otro sino para dar testimonio” había escrito su padre, el poeta Eliseo Diego, en una dedicatoria a sus hijos. Dar testimonio. La crónica de su medio siglo no es una reconstrucción de hechos, no es un alegato frente al tribunal de la historia (que también es una gata que se defiende bocarriba), no es autorretrato con el pintor en primer plano. Es el albergue de sus amistades, de sus fantasías, de sus miedos, de sus muertos, de sus desilusiones, de su culpa. “De tanto callar, tanto silencio casi nos deja mudos. Que levante la mano el que no bajó la cabeza ante aquellos argumentos, que tire la primera piedra quien no se puso el tapabocas en las cuerdas vocales, al menos quinientas veces en su vida.”

La crónica de las emociones se levanta de ese modo como una casa. Una casa con ventanas y con fantasmas. La historia de su memoria, la historia de los suyos no es suya en exclusiva. Es de los cubanos de la isla y de los de fuera. Es el gozo de la música y el miedo al caudillo; es la imagen sublime de sus poetas y la hastiante consigna, es el humor y la tragedia. Somos dueños y esclavos de la memoria, dice él. Tal vez, somos sus residentes y esculpimos con letras sus paredes. El testimonio de la emoción es la casa que derrota al olvido. “Sólo mis olvidos se irán conmigo un día de éstos, como una pila de huesos más—que ya no serán míos ni de nadie.” Su memoria seguirá siendo suya y nuestra.

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04, Ago 2011

La honestidad emocional de Eliseo Alberto

Rafael Rojas escribe una dolida nota tras la muerte de Eliseo Alberto. 

Lichy recortadaLo que admiré en Lichi fue la honestidad emocional, esa voluntad de ser leal a sus emociones, de darles salida con tanto humor y bondad, con tanta inteligencia y ternura. Sólo alguien leal a sus emociones puede escribir libros como las memorias Informe contra mí mismo o las crónicas de Dos cubalibres y La vida alcanza o las novelas La eternidad por fin comienza un lunesCaracol Beach, La fábula de JoséEsther en alguna parte o El retablo del Conde Eros. En la memoria, en la crónica o en la ficción, había un trasfondo espiritual que tomaba forma en la escritura por medio de la fidelidad a las pasiones. Una lealtad, con frecuencia agónica, que lograba hacerse visible luego de un forcejeo con demonios y fantasmas.

Es esa honestidad sentimental la que hizo del hijo de Eliseo Diego uno de los escritores más representativos de la nueva diáspora cubana. Lichi fue, junto con Jesús Díaz y Raúl Rivero, una de las voces más reconocibles de un tipo de crítica al sistema político de la isla, escrita desde la ausencia de rencor y revanchismo. Una crítica en la que la condición del exilio no se erigía en lugar de superioridad ideológica o pureza moral, sino en espacio de respetuosa discordancia.

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31, Jul 2011

La vida alcanza

Eliseo Alberto
En el blog de Rafael Rojas puede leerse el estupendo prólogo que Rubén Cortés escribió para La vida alcanza la recopilación de los textos que Eliseo Alberto fue publicando en Milenio. De ahí, esta anécdota que bien lo retrata: 

En una ocasión, Lichi había llegado al aeropuerto de la Ciudad de México para tomar un avión a Italia. Pero la empleada del mostrador de la aerolínea le informó que no podía volar porque el boleto estaba a nombre de Eliseo Alberto y el que aparecía en el pasaporte que él le acababa de entregar era Eliseo Alberto de Diego García-Marruz.

—Muy bien. Muchas gracias —respondió Lichi y se dispuso a marcharse.

—Oiga, pero ¿se va así nomás? ¡Así nomás! —exclamó la mujer, sorprendida ante la única persona del mundo que no insistía en subir a un avión.

—Usted dice que no puedo viajar. Le agradezco mucho —insistió Lichi con su voz apagada de asmático sin asma. Otro, habría increpado a la empleada, llamado al gerente
de la línea aérea o se habría puesto a reclamar sus derechos. Yo, por ejemplo, podría haberle apretado el cuello. Hombre, ¡Italia! Comerme una verdadera pizza Margarita en la tratoría Al Fontanone, del Trastevere, o extraviarme entre las 8 serpenteantes y oscuras callejuelas de Capri, para hallarme de pronto delante de un patio con emparrados de uvas aterciopeladas y salpicado de tomates rojos, con sábanas blancas tendidas al sol argentado del Mediterráneo. Sin embargo, Lichi dio vuelta y se alejó del mostrador hasta que la mujer, atónita, corrió a buscarlo, vencida ante el sometimiento de aquel hombre extraño. En sus dos décadas de operaria del aeropuerto jamás había conocido a alguien que aceptara con mansedumbre su descarga de rigor burocrático.

—Disculpe mi actitud, señor. Puede usted pasar. Por favor —le rogó. Sólo entonces, el mejor novelista cubano del exilio, Premio Alfaguara de 1998 y autor de Informe contra mí mismo, accedió, muy a su pesar, a avanzar a la sala de espera y disponerse a volar doce horas sobre el Océano Atlántico.

¿Por qué Eliseo Alberto había admitido, sin más, el argumento de la empleada? ¿Por disciplina social? ¿Porque tenía miedo a volar en avión? ¿Porque no quería viajar a Italia? Nada de eso. Sólo era una persona para quien toda la gloria del mundo cabía en un grano de maíz, el legado martiano que había mamado en Villaberta, su casa de profunda raigambre cubana en Arroyo Naranjo, en las afueras de La Habana, la misma donde su tío abuelo Eliseo conversaba con el generalísimo Máximo Gómez, quien llegaba hasta allí, ya muy anciano, atravesando a caballo los potreros, desde su residencia en la Quinta de Los Molinos. Y porque había escogido un mundo propio donde vivir, un entorno alejado de los cabildeos políticos de Cuba y Miami, de las cofradías culturales y de los compadreos literarios… un universo transparente como un vaso de agua fresca y que resultaba el único en el que se sentía feliz. Porque todo lo que deseaba aquella tarde brumosa de la Ciudad de México era regresar a su departamento de la sureña colonia Del Valle, frente al Parque Hundido, para continuar una escena justo donde la había dejado para irse a Europa: Luna, su perrita cocker spaniel, dormida sobre sus costillas y él sesteando en un sofá después de dar cuenta de un tamal en cazuela con manteca de puerco, que había cocinado ese día para el pintor Pedro Luis Rodríguez Peyi, el musicólogo Carlitos Olivares, su hija María José y para mí.

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25, Jun 2011

Javier Cercas y la verdad de la novela

Anatomía de un instanteJavier Cercas escribe un artículo en Babelia sobre la verdad de la novela. Reflexiona sobre el sitio de Anatomía de un instante, un libro raro que fagocita muchos géneros. Cercas sugiere que hay ciertas preguntas–preguntas morales–que sólo pueden ser respondidas novelíticamente. Ayudaría ser un buen cronista, un buen biógrafo, un buen psicólogo, pero para adentrarse en los dilemas más profundos, es necesario hacerse de los instrumentos del novelista. Escribe: 

si es posible definir la novela como un género que persigue proteger las preguntas de las respuestas, esto es, como un género que rehúye las respuestas claras y unívocas y que sólo admite formularse preguntas que no pueden ser contestadas o preguntas que exigen respuestas ambiguas, complejas, plurales y en todo caso esencialmente irónicas, entonces, si es posible definir así la novela, no hay duda de que Anatomía es una novela.

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14, Jun 2011

Entrevista de Soler Serrano a Borges

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08, Mar 2011

La verdad de la ficción

Las novelas mienten para decir la verdad, ha dicho, palabras más o menos, Mario Vargas Llosa. Gideon Rachman cree que la ficción es una mejor ventana a la política contemporánea que el periodismo duro o la ciencia política. Para entender las atrocidades de Gadafi, por ejemplo, resalta el trabajo de Hicham Matar. Su novela En el país de los hombres es una descripción del miedo, las traiciones, la crueldad y el aniquilamiento de las relaciones sociales bajo su tiranía. Para capturar la corrupción del Egipto de Mubarak, Rachman menciona The Yacoubin Building, de Alaa Al Aswany. 

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09, Dic 2010

Los mejores libros del 2010, según slate


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17, Nov 2010

El libro es cuerpo

Tree of codes

Se nos dice una y otra vez que los días del libro están contados. Que las bibliotecas serán, tarde o temprano, depósitos de cosas inservibles, que sólo leeremos ya en pantallas. Que la letra ya no descansará en papeles sino que brincará en foquitos diminutos para formar letras y palabras. Sólo la nostalgia, nos dicen, explica el apego a la tinta y el papel, el gusto por el movimiento de las hojas y el lomo de los libros. No desconozco las maravillas de los dispositivos electrónicos. Cargar veinte volúmenes en una tablita es fantástico, más aún si la lámina nos sirve también para ver una película o enviar un correo. Pero el libro es cuerpo o no es. El libro no es sólo el depósito de un texto, es un habitante del mundo con personalidad propia. Una nueva edición de un clásico le inyecta otro sentido: la portada, su diseño, el gramaje de las hojas, la composición de las páginas, la tipografía. Todo eso imprime significado al texto. Para el kindle un libro es sólo un arroyo de letras que transcurren. No hay arreglo gráfico, no hay una disposición pensada de grafías y espacios. Mucho se pierde en esa árida neutralidad. La adhesión afectiva, emocional a un libro no es mera cercanía con ese fluir de palabras y signos que dan forma a una idea, sino apego a un objeto que se ve y se carga; que huele y que acumula físicamente emociones. Las marcas del tiempo en su cubierta, el boleto de un concierto atrapado en sus páginas, el café que lo manchó esa tarde, la visible huella de las lecturas en su filo. Pistas de los lectores que hemos sido.

Pienso en esto a partir de la nueva novela de Jonathan Safran Foer. Se trata de un libro escrito a la sombra de otro. El “escritor” encontró su novela dentro de otra. Se armó de un cuchillo y fue cortando palabras, oraciones y párrafos enteros, preservando voces sueltas, frases y algunos signos de puntuación para dar forma a su relato. Así lo publica: como un libro de hojas perforadas. Las páginas contienen unas cuantas palabras circundadas por ventanales de vacío. Detrás de cada boquete se asoman las letras de otra hoja. Jonathan Safran Foer, un novelista de gran éxito a quien conozco más por su vegetarianismo que por su literatura, partió de su novela más querida para dar con su cuento. El libro de origen es La calle de los cocodrilos, del polaco Bruno Schulz. Safran Foer escribió el prólogo a esa novela para Penguin, pero no le bastaba explicarlo, quería hacer algo con esa novela. De ahí nació la idea de formar con las palabras de Shulz (sólo unas cuantas de ellas), una novela nueva, un relato original incubado en aquel cuerpo. Tree of Codes, se titula esta desescritura y es publicada por Visual Editions, una pequeña editorial inglesa. La novela parece, en realidad, un homenaje escultórico a la materialidad del libro. Cada hoja abierta con la precisión de un bisturí afirma la existencia material del libro, la vida física de las hojas.

El lector de un libro no espera pasearse entre hojas perforadas. Pero esas delicadas amputaciones a la novela de Shulz sirven bien para subrayar corporeidad. El libro no es el imparcial continente de un texto: es cosa. Recuerdo con esto a Ulises Carrión y sus reflexiones sobre el libro, la literatura y los signos. Decía el artista veracruzano que un escritor no escribía libros: escribía textos. “Un libro es una secuencia de espacios” “Un libro, insistía, no es una caja de palabras, ni una bolsa de palabras, ni un portador de palabras.” El futuro, sugería Carrión implicaría que el artista, más que escribir textos, compondría libros. El escritor, y ya no solamente el editor, deberían ser conscientes del cuerpo del libro. El autor habrá de responsabilizarse de su libro y no solamente de su texto.

La coexistencia de medios para la difusión y conservación de textos convoca al aprovechamiento de las posibilidades de cada vehículo. La pantalla no matará a la hoja. La tinta en el papel no desmerece frente a las bondades de las pizarras electrónicas. Hay mucho que exprimirle a la gramática de los pixeles pero nadie nos arrancará los deleites de la página impresa.

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14, Sep 2010

Un pequeño cambio de título

Nabokov Likable Rapists

Visto aquí.

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