Literatura

29, Sep 2009

De la conversación de los escritores

Edgar Allan Poe decía que sólo pensaba al sentarse a escribir. William Hazlitt creía que el deber de un escritor era escribir bien, no platicar. La expectativa de que un escritor fuera un buen conversador era semejante a la confianza de que fuera un gran esgrimista. De la torpeza verbal de algunos escritores habla Arthur Krystal al ver este video de Nabokov:  

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17, Jun 2009

Sobre Rossi

Rossi - Mordinsky

En su moleskine, Yvan Thays recoge esta preciosa fotografía que Daniel Mordzinski tomó de Rossi y su esposa a principios del año. Cuenta el fotógrafo: "El gran Alejandro Rossi retratado junto a su mujer en enero de este año, durante el viaje que hice para terminar el libro que publicó Gallimard con los maravillosos textos de Gastón García. A pesar de su avanzada enfermedad, le dije con pudor que quería visitarlo y, mientras me tomaba una Coca Light, miraba su sonrisa y comprendí que él quería que hiciera esas fotos de despedida. Lo percibí como un homenaje y un regalo."

En el blog de letraslibres se recogen varias piezas de y sobre Rossi. De ahí, varios retratos: de Juan Villoro, de Eugenio Montejo, de Enrique Krauze y de Jorge Herralde. También entrevistas. Una de Ricardo Cayuela y Álvaro Enrigue y otra de Álvaro Matus. Por acantilado puede llegarse a otras piezas interesantes, como esta entrevista con Enzia Verduchi que concluye con este intercambio:

-Para terminar, ¿qué piensa del whisky?
¡Caramba, al fin me hace usted una pregunta que me puedo responder inequívocamente! El whisky, señora, es la mejor bebida del mundo. Es una medicina disfrazada de bebida alcohólica. Posee maravillosas virtudes terapéuticas. Pregúntele usted a cualquier médico. Baja la presión, es vasodilatador y mil cosas más. Eso desde una visión mezquinamente fisiológica. Desde una más espiritual le hablaría en particular de los primeros dos whiskys, cuando se produce esa leve distancia con la realidad. Estamos en perfecto control, pero los objetos se han alejado unos metros y los contemplamos con nítidez de dibujante. Ya no exigen decisiones, respuestas, actitudes, sino que, repito, los contemplamos. Un momento maravilloso. ¿Sabe usted a qué se parece? A quitarse una camisa sucia y lavarse las manos. Lamentablemente somos víctimas de nuestra biología, de nuestra resistencia, de nuestro hígado y, en mi caso —me ampara una larga experiencia para afirmarlo—, advierto que el tercer whisky empieza a modificar la situación y da paso a un tono polémico y guerrero. Hasta el segundo soy una persona que puede pasar por serena y hasta agradable. Me encanta tomarlo solo y alcanzar esos instantes de paz y de objetividad. Sí, quitarse la camisa sucia de las horas torcidas y mojarse las manos con unas gotas de agua de colonia 4711, la auténtica, por supuesto. Ahí me introduzco en los terrenos de la felicidad. Mi consejo es comenzar a beber en México, a partir de las ocho de la noche. Mi abuelo materno, gran aficionado al whisky, notable especialista, solía aconsejarme: “Nunca bebas whisky antes de las siete de la noche”.

La oración fúnebre pronunciada por Adolfo Castañón en Bellas Artes puede leerse aquí. Enrique Krauze evoca al universitario, Bruno H. Piché recuerda la entrevista que le hizo junto con Ángel Jaramillo; Christopher Domínguez habla de los encantos de su conversación y  Federico Reyes Heroles de sus dudas. En la página de El Colegio Nacional hay distintos documentos, empezando por "Cartas credenciales."

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23, Mar 2009

Woody Allen y Madoff

Woody Allen publica en el New Yorker un cuento sobre Bernard Madoff y dos langostas justicieras.

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03, Feb 2009

Los libros más influyentes después de la guerra

Rebelion primera El Times Literary Supplement ha publicado una lista interesante con los libros que, a su entender, han sido los más influyentes desde la Segunda Guerra. El suplemento revisa una lista similar publicada hace varios años. Advirtiendo que no repara en el mérito sino en el impacto de los libros, ofrece un buen panorama del debate intelectual de las últimas décadas.

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12, Jul 2008

Vicent sobre Pla

Manuel Vicent publica hoy en Babelia un retrato de Josep Pla.

Josep Pla ha conseguido esa clase de inmortalidad reservada a los escritores privilegiados: la de convertirse sin ser leído en una fuente inagotable de anécdotas. Tenía un diseño propio. La boina, la colilla en los labios, la ceniza en la solapa de la chaqueta oscura de payés endomingado, una risa sardónica que le dejaba los ojos convertidos en dos rayas luminosas sobre los anchos pómulos de mongol, la gabardina doblada en el antebrazo y un número indefinido de chascarrillos. A esta silueta hay que agregar su leyenda de espía franquista un poco zarrapastroso, ciertas veleidades de contrabandista, los amores secretos y su fama de buen cliente prostibulario, aparte del lío mental que se armó en política debido al miedo irracional de pequeño propietario. Josep Pla temía que los desheredados entraran un día blandiendo la hoz en sus tierras de Llofriu, en el término de Palafrugell y se las expropiaran en nombre de la justicia universal. Tenía un concepto ruinoso de la existencia humana y de la historia, no muy diferente de la opinión que le merece a un agricultor el granizo o la sequía. Este desastre moral sólo podía salvarse si ese año había una gran cosecha, ya fuera de legumbres o de cereal o en su defecto con sucesivas descargas de un humor sarcástico. Así se limitó a describir la vida que vio pasar ante sus ojos de forma ondulante.

La entrevista de la que habla Vicent al final de su texto se puede ver, completa, aquí:

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06, Jul 2008

Cuartos de escritura

Instrumentos de escritura; basureros y tijeras; fotografías y ventanas. The Guardian publica una carpeta de los cuartos de grandes escritores ingleses. Aquí el lugar donde George Bernard Shaw se escondía de la gente para poder fastidiarla.

Shaw_cuarto

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13, Jun 2008

Juan Villoro sobre Eugenio Montejo

MontejoJuan Villoro recuerda al poeta venezolano:

Como los panaderos, Montejo horneaba con calma sus poemas para que despertaran a la luz del día. Sus versos están construidos con la sencillez de quien dispone de una materia elemental que se puede amasar de modo infinito. Una voz directa habla de las cosas del mundo:

Cruzo la calle Marx, la calle Freud;
ando por la orilla de este siglo,
despacio, insomne, caviloso.

En su recorrido, encuentra una mujer dormida, un burro que soporta el castigo de su amo y no se queja, un jardín intacto, un niño que abre los ojos en el pabellón de prematuros, las variadas sombras que arrojó Pessoa y un gallo loco -siempre un gallo- que, al modo del poeta, canta a deshoras.

"La poesía de Eugenio está hecha de elementos simples", me dijo un día Álvaro Mutis, "lo interesante es cómo los desordena". Montejo no describe: inventa. Cuando habla de una mesa revela el dolor de la madera, lo que siente en clave secreta mientras el vino se derrama y los demás conversan o mientras aguarda, largamente, su oportunidad de intervenir, de volver a ser el sostén de la comida

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09, Jun 2008

Eugenio Montejo

Murió el poeta venezolano Eugenio Montejo.

En su libro Terredad se incluye su "Provisorio epitafio":

No me despido en una piedra
ilegible a las sombra del musgo,
–voy a nacer en otra parte.

Es provisorio mi epitafio,
quedan líneas en blanco
que alguien podrá llenar más tarde;
son cifras de otra vida, no de muerte,
son una partida futura
de nacimiento

Ignoro adónde voy,
de qué planeta seré huésped,
a partir de cuál forma de materia
–carbón, sílex, titanio–
me explciaré después por aerolitos,
hablaré desde el agua.

No digo adiós en una piedra,
provisoriamente la dejo desnuda.
Lo que nadie imagina es lo más práctico

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04, Jun 2008

La sabiduría de la cocina

EspeciesEn uno de sus apuntes de cocina, Alfonso Reyes vinculaba el arte mexicano de cocinar con nuestro lenguaje: cocinar es columpiarse entre diminutivos y aumentativos. Picar almendras o triturar elotes es semejante a la costumbre tan nuestra de miniaturizar las palabras: la salsita, la sopita, la carnita. También es lo contrario: ensanchar sabores como si fueran globos. Ese platillo de “audacia ciclópea” que es el mole de guajolote tiene abultado hasta el nombre, decía Reyes. En la cocina se aprende el sentido de las proporciones. Pero tanto como la suficiencia de los ingredientes, la cocina exige tiempo, reposo, paciencia.

La prisa es la peor enemiga del cocinero. Pero no solamente del cocinero sino de sus convidados. Si la prisa del horno del microondas amenaza la cocina, nos ataca a todos. El hombre es un animal que come pan, dicen que dijo Hesiodo. No se forma plenamente hasta que transforma lo que pesca, lo que caza o lo que le arrebata al árbol en platillo. El hombre no se nace trabajando sino cocinando. El primate que se alimenta sólo de lo que encuentra no es plenamente humano. Por ello Faustino Cordón, un biólogo español, dijo con exactitud que la cocina hizo al hombre. Igualmente puede decirse que en la cocina se hornean también las culturas. Octavio Paz lo vio con gran claridad al describir los ritos gastronómicos de los indios y los mexicanos. La excursión de Anthony Bourdain por los continentes es la más rica antropología planetaria que conozco. El chef neoyorquino brincó por el mundo durante tres años. No buscaba museos ni plazas. No coleccionaba souvenirs ni le era fiel a ninguna guía de viajero. Tampoco pretendía fotografíar y redimir salvajes. Su aventura se concentraba en el paladar, aunque la precedían la vista, el olfato, la conversación y los afectos. Para una cadena de televisión viajó por Shangai, París, Hong Kong, Osaka, Kuala Lumpur, Beirut, Lima, Nueva York, Hanoi y Tijuana y registró sus peripecias. Su interés no era comer en los lugares más afamados, sino conocer los sitios más emblemáticos, disfrutar los caldos más extraños y arriesgarse con los ingredientes más sospechosos. El fascinante viaje de Bourdain—que puede seguirse en dvd y en libro—registra sabores y ritos que no han sido estampados por el embalaje de la mundialización, conformando un suculento retrato de la condición humana.

La mundialización pone kiwis en los supermercados mexicanos y nos permite comer salmón barato pero también está transformando lo que queremos comer, lo que comemos y la forma en que lo comemos. En Roma se reúnen ahora los gobernantes del mundo y las cabezas de los organismos internacionales para hablar de comida. Todos coinciden en la gravedad de la crisis de alimentos en el mundo. Han ubicado bien las causas del problema: los que antes no comían, ahora comen; el clima ha perjudicado a los productores; la gente como más y peor. Pero más allá de los factores climáticos, demográficos y económicos, hay otro elemento que merecería ser considerado: se ha transformado la forma en que comemos. Hace unas semanas el New Yorker publicaba un buen artículo de Bee Wilson sobre la crisis alimentaria. Recordaba los anticipos catastróficos de Malthus y lo corregía en un punto: las barrigas humanas son mucho más elásticas de lo que podría pensar el economista inglés. En el 2006 había ochocientos millones de personas en el planeta que vivían con hambre; pero había mil millones de personas que vivían con sobrepeso.

Mientras unos no tienen qué comer, otros olvidan cómo se come. Si en la cocina se guisa lo humano, la desaparición de su sabiduría es una de las peores amenazas que enfrentamos.

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08, May 2008

Tomás Segovia sobre El arco y la lira

Revista_mexicana"Entre la gratiudad y el compromiso", la lectura que Tomás Segovia hizo de El arco y la lira, publicada en la Revista mexicana de literatura en su edición de noviembre – diciembre de 1956, puede leerse aquí. "La poesía en la que yo creo … (nos gusta) como nos gustan las personas. No es como una piedra (aunque fuese diamante), sino como una mirada."

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31, Ene 2008

Más del diccionario

La controversia sobre el diccionario de Christopher Domínguez engorda. La estupenda página de prensa del Fondo sirve bien para rastrear ataques y réplicas. Se sugiere, por ejemplo, convocar de inmediato a la redacción de un diccionario antichristopher en el que aparezcan todos los enemigos del crítico en perfecto orden alfabético. Eve Gil rompe su norma de no reseñar libros que no le gustan para hablar del diccionario. El antologador se defiende: al crítico lo persiguen sus remordimientos; no es un árbitro de futbol; su libro no quiere ser el vademécuum de la literatura: nomás fragmentos de la autobiografía de un lector.

Sigo sin entender la indignación. Que los perfiles de este libro estén ordenados alfabéticamente no supone la mirada de un supremo que todo lo ve y todo lo aquilata con perfecta ecuanimidad. El diccionario filosófico de Voltaire no tiene

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